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Full text of "Los ofidios venenosos del Cauca. Métodos empíricos y racionales empleados contra los accidentes producidos por la mordedura de esos reptiles"

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HERPETOLOGY 


HARVARD    UNIVERSITY 


LIBRARV 

fiF    THE 

MUSEÜM  OF  COMPARATIVE  ZOOLOGY 


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FROM   THK 

LOUlS   CABOT    FUND 

(CI.ASS   OF    J^$8) 


t.J^^UJ.CÜ\^     i",  I '=¡'31. 


FEB5    1931 


LOS 


OFIDIOS  VENENOSOS 


DEL    CAUCA 


Pauís.  (librería  ó  linjirciiU  de   la  V''»  de   Cu.  Bouhet. 


LOS 


OFIDIOS  VENENOSOS 


DEL    CAUCA 


MÉTODOS     empíricos    Y     RACIONALES 

EMPLEADOS     CONTRA     LOS     ACCIDENTES     PRODUCIDOS 

POR     LA     MORDEDURA     DE     ESOS     REPTILES 


POR 


El    doctor   Evaristo    GARCÍA 

MKDICO    DE    I, A    UXIVEÍISIDAD     DE    COLOMBIA 

MIE.MBUO    HU-NÜHAIIJO    DE     LA     ACADEMIA    UE    MEDICINA   DF.   BOGOTÁ 

M  I  E  M  D  II  O     I  U  S  D  A  D  O  It     DE     LA    SOCIEDAD      DE      MEDICINA     DEL     CAUCA 

MIEMBHU    HO.NORAniO    DE    LA    ACADEMIA    DE    MEDICINA    DE   MEDHLI.IN 

Y   DE   LA    SOCIEDAD   DE   MEDICINA    Y  CIENCIAS  NATüfiALES  DE  CARTAGENA 


CALI 

1896    5 


í*ror>iedad  del  autor. 


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INFORME 

SOBRE  EL   TRABAJO 

DEL  DOCTOR  EVARISTO    GARCÍA 

«  LOS   OFIDIOS    VENENOSOS  DEL  CAUCA  » 

Presenlado  á  la  Sociedad  de  Medicina  en  su  sesión  del  20  de  Julio  de  1892 
POR   LOS  DOCTORES   LUIS  J.    URICOECHEA   Y   N.   N.   SCARPETTA 


Sres.  Miembros  de  la  Sociedad  de  Medicina  del  Cauca, 

El  Sr.  Presidente  nos  hizo  el  honor  de  repartirnos  en  comi- 
sión para  su  estudio  el  extenso  trabajo  sobre  los  O/idios  veneno- 
sos del  Cauca  que  el  D""  Evaristo  García  presentó  á  esta  Sociedad 
en  la  sesión  del  20  de  Julio  del  presente  año,  y  os  presentamos 
hoy  el  informe  reglamentario. 

En  este  importantísimo  trabajo,  está  dedicado  el  primer  capí- 
tulo al  estudio  de  los  caracteres  anatómicos  y  fisiológicos  de  los 
ofidios,  y  hace  el  autor  razonadas  y  justas  apreciaciones  sobre  la 
facilidad  que  tienen  estos  animales  para  efectuar  los  más  capri- 
chosos movimientos,  basado  en  la  conformación  anatómica  de 
sus  escamas,  de  sus  vértebras  y  en  su  modo  de  articulación;  des- 
cribe la  conformación  de  las  mandíbulas,  su  funcionamiento  y 
da  explicación  clara  y  científica  del  fenómeno  que  llama  la  aten- 
ción de  todo  observador  ignorante  de  la  facilidad  que  tienen 
estos  reptiles  para  devorar  presas  enormes,  así  como  destruye 
de  una  manera  incontrovertible  las  creencias  arraigadas  en  el 
vulgo  de  historias  fantásticas  de  serpientes  que  maman  á  la  mu- 
jer en  la  época  de  lactación  sin  hacerle  daño  y  que  extraen  la 
leche  por  succión  del  pezón  de  las  vacas. 

Después  de  una  científica  clasificación  de  los  ofidios  en  gene- 
ral, ordena  y  describe  en  particular  los  venenosos  del  Cauca 
incluyendo  en  ellos  especies  nuevas  descritas  y  clasificadas  por 
profesores  nacionales,  y  con  los  cuales  se  enriquece  el  estudio 


VI  INFORME. 

de  nuestra  fauna  colombiana,  estas  son  :  La  veinticuatro  del 
Cauca  (creemos  que  así  se  llama  también  en  los  otros  Departa- 
mentos, sobre  todo  en  Cundinamarca),  llamada  por  el  Profesor 
Posada  Arango  Tlianatophis  patoquilla^  y  el  TlianatopJtis  sutus 
del  mismo  Profesor,  conocida  entre  nosotros  con  el  nombre  de 
Hilván  probablemente  por  la  línea  saliente  y  blanca  que  presenta 
á  lo  largo  del  dorso  que  parece  una  sutura.  La  Colgadora^  otro 
Thanatophis  bien  descrito  por  el  Sr.  Evaristo  García  y  clasifi- 
cado como  tal,  especie  quizás  única  y  caracterizada  por  una 
especial  disposición  de  la  cola  que  le  permite  colgarse  de  las 
ramas  como  los  monos.  Parece  un  órgano  de  prehensión. 

La  descripción  de  estas  especies  nuevas  le  dan  mayor  impor- 
tancia á  un  trabajo  que  tiene,  como  el  del  Dr.  García,  un  carác- 
ter puramente  nacional  y  el  cual  lleva  con  paciente  observación 
y  tino  científico,  los  conocimientos  é  historias  transmitidos  por 
tradición  vulgar  al  terreno  de  los  hechos  observados  y  al  campo  de 
la  ciencia. 

Ameniza  su  trabajo  el  autor  con  la  relación  de  fenómenos 
extraordinarios  ejecutados  por  las  serpientes  á  los  que  despoja 
él  con  la  clara  luz  de  sus  conocimientos,  del  misterio  en  que 
están  envueltos  y  que  tanto  llaman  y  han  llamado  la  atención  del 
hombreen  todo  tiempo;  da  explicación  correcta  de  los  hechos 
y  les  quita  las  vestiduras  del  charlatanismo. 

Al  describir  cada  especie,  habla  de  sus  hábitos  y  da  sabios 
consejos  á  los  campesinos  para  precaverse  de  sus  ataques,  ha- 
ciéndoles saber  sus  horas  de  caza  y  los  lugares  que  gustan  fre- 
cuentar. 

No  podemos  pasar  adelante  sin  hacer  algunas  refiexiones 
sobre  los  medios  que  pone  en  acción  el  ofidio  para  coger  su  presa 
que  escoge  generalmente  entre  animales  mejor  dotados  que 
ellos  para  la  locomoción,  etc.  Es  de  admirar,  ci'mio  un  animal 
rastrero  pueda  alimentarse  de  otros  dotados  de  alas  y  de  facili- 
dades de  locomoción,  mil  veces  superiores.  El  autor  nos  habla  de 
la  fascinación  y  atribuye  el  fenómeno  á  la  paralización  de  las 
fuerzas  físicas  por  el  terror. 

En  el  fenómeno  del  hipnotismo  en  general,  se  presentan 
estados  mixtos  que  no  pueden  considerarse  sino  como  grados 
entre  los  tres  estados  fundamentales  descritos  por  Charcot. 

Entre  esos  estados  podemos  contar  el  que  se  llama  de  fasci- 
nación ó  de  encanto,  en  el  cual  hay  conservación  del  movimiento 
y  pérdida  de   la  voluntad.  Se   obtiene  por  lo  que  se   llama  la 


INFORME.  ^ 

toma  de  la  mirada,  es  decir,  bajo  la  influencia  de  una  mirada  pe- 
netrante y  viva  en  la  cual  se  lija  con  atención  el  fascinado.  No 
vemos  porque  no  pueda  una  serpiente  producir,  por  medio  de  sus 
ojos  vivos  é  inmóviles  generalmente  inyectados  y  brillantes,  un 
principio  de  hipnotización  que  llegue  hasta  el  grado  de  fascina- 
ción sobre  su  víctima,  cuando  sabemos  que  las  aves  son  sucepti- 
bles  de  adquirir  este  estado  en  ciertas  condiciones.  El  autor  nos 
cita  la  experiencia  del  pajarito  colocado  delante  de  una  pizarra 
á  la  que  se  ha  trazado  una  línea  blanca  vertical,  que  es  idéntica 
á  la  experiencia  practicada  frecuentemente  en  las  ferias  del 
mediodía  de  Francia,  que  consiste  en  colocar  un  gallo  con  la 
cabeza  fija  sobre  un  tablero  negro  sobre  el  cual  se  ha  trazado  una 
raya  por  delante  del  animal  que  queda  inmóvil  en  verdadera 
catalepsia.  ÍSo  podemos  pensar  que  en  el  tablero  haya  la  menor 
intención  de  hipnotizar  al  gallo  y  sin  embargo  el  fenómeno  se 
efectúa. 

En  la  fascinación  hay  imposibilidad  de  separar  la  mirada  del 
fascinador  y  tendencia  á  seguirlo  porque  el  movimiento  no  se 
pierde;  así  acaso  podríamos  explicar  la  creencia  vulgar  de  que 
las  aves  pequeñas  se  dirigen  á  la  boca  de  la  serpiente. 

El  terror  puede  entrar  en  gran  parte  en  el  desarrollo  del 
fenómeno,  ó  puede  producirse  sin  él,  lo  que  se  llama  la  le- 
targía lúcida,  estado  en  el  cual,  la  voluntad  pierde  su  acción 
sobre  los  músculos  y  la  conciencia  se  conserva;  estado  bien 
descrito  por  Livingstone  cuando  refiere  lo  que  le  aconteció  con 
un  león  á  que  acababa  de  herir  y  que  sin  darle  tiempo  á  prepa- 
rar de  nuevo  su  arma,  hizo  presa  sobre  él.  «  Rugiendo  á  mi  oído 
de  una  manera  horrible,  dice  el  célebre  explorador,  me  sacu- 
dió vivamente  como  un  perro  á  una  rata,  sirviéndome  esa  sacu- 
dida en  el  estupor  que  parece  sentir  un  gato,  especie  de  ador- 
mecimiento en  que  no  se  experimenta  ni  el  sentimiento  de 
pavor  ni  el  del  dolor  aun  cuando  se  tenga  perfectamente  con- 
ciencia de  todo  lo  que  pasa,  un  estado  análogo  al  de  los  pacientes 
que,  bajo  la  influencia  del  cloroformo,  ven  todos  los  detalles  de 
la  operación,  pero  sin  sentir  el  instrumento  del  cirujano,  lo 
cual  no  es  el  resultado  de  ningún  efecto  moral,  porque  se  quita 
el  temor  y  se  paraliza  todo  sentimiento  de  horror,  en  tanto  que 
se  mire  al  animal  de  frente.  Esta  condición  particular  se  produce 
sin  duda  en  todos  los  animales  que  sirven  de  presa  á  los  carní- 
voros. ■>■> 

Hay   más ;  un  ruido,   un  movimiento,  un  soplo,   bastan  para 


Víll  INFORME. 

dar  fin  á  este  estado  y  de  ello  nos  da  una  patente  muestra  el 
Dr.  García  al  relatar  la  historia  del  pajarito  libertado  por  la 
aproximación  de  un  viajero;  al  simple  ruido  el  animal  dejó 
su  quietud,  revoloteó  y  huyó,  rompiéndose  así  la  cadena  invisi- 
ble que  unía  al  victimario  con  la  víctima. 

En  capítulo  separado  trata  magistralmente  de  la  conforma- 
ción anatómica  de  la  glándula  del  veneno  y  describe  el  admi- 
rable instrumento  inyector  de  éste  por  medio  de  colmillos  dis- 
puestos á  la  manera  de  nuestras  agujas  para  inyecciones  hipo- 
dérmicas  con  la  jeringa  de  Pravaz.  Estudia  la  acción  del  veneno 
en  el  organismo  y  distingue  con  razonamiento  enteramente  cien- 
tilico,  el  modo  de  obrar  de  éste,  el  de  los  alcaloides  vegetales  y 
los  virus  contagiosos.  Según  su  teoría  se  explica  perfectamente 
la  razón  de  las  hemorragias  profusas,  por  la  acción  del  veneno 
sobre  la  masa  de  la  sangre,  á  la  que  fluidifica  y  descompone. 

Llama  la  atención  el  Dr.  García  sobre  la  necesidad  de  prestar 
atención  al  empirismo  y  de  observar  con  espíritu  recto  y  justi- 
ciero los  resultados  obtenidos  por  él,  hijos,  sin  duda,  de  una 
experiencia  tradicional,  casi  siempre  confirmada  por  el  éxito. 
Nos  da  un  ejemplo  en  los  procedimientos  usados  por  los  curan- 
deros ignorantes  para  salvar  á  los  mordidos  de  serpientes,  que 
casi  siempre  obtienen  mejores  resultados  que  los  profesores  en  la 
ciencia.  Con  paciente  y  bien  dirigido  trabajo  ha  logrado  hacerse 
á  los  métodos  empíricos  para  la  curación  de  las  mordeduras 
de  víbora,  rodeados  en  todo  tiempo  del  misterio  y  convertidos 
en  secretos  y  patrimonios  de  familia  que  nunca  han  podido 
descubrirse.  Se  sorprende,  con  muchísima  razón  al  descubrir- 
los, de  la  rara  coincidencia  que  existe  entre  la  manera  de  obrar 
y  la  familia  de  plantas  elegida  con  este  objeto  por  pueblos  sepa- 
rados por  inmensas  distancias,  por  diversidad  de  costumbres  y 
de  idiomas  y  entre  los  cuales  no  ha  podido  haber  comunica- 
ción por  la  naturaleza  de  los  obstáculos  que  los  separan.  En 
efecto,  en  África,  en  América  y  en  Asia  se  han  usado  siempre 
como  curas,  plantas  escogidas  entre  la  familia  de  las  Aristolo- 
quias  y  de  las  Piperáceas.  En  casi  todos  los  pueblos  la  prepara- 
ción y  la  aplicación  de  las  curas  está  rodeada  del  mismo  am- 
biente secreto  y  misterioso  como  si  hubiera  convenida  unidad 
en  todos  ellos.  En  cuanto  á  las  plantas  sabemos  que  su  uso  viene 
por  tradición  desde  los  aborígenes  de  América,  incomunicados 
perfectamente  con  el  resto  del  mundo. 


INFORME.  IX 

Los  conocimientos  vulgares  los  lleva  el  Dr.  García  al  terreno 
científico  clasificando  y  ordenando  las  plantas  usadas  en  esta 
terapéutica,  interpretando  sobre  bases  científicas  la  acción 
fisiológica  de  cada  una  de  ellas  y  dando  razón  de  su  modo  de 
obrar  en  los    envenenamientos   ofidianos. 

Al  tratar  de  cada  una  de  las  plantas  y  de  la  preparación  de 
las  curas,  inserta  en  su  obra  un  gran  número  de  observaciones 
relatadas  por  personas  de  entero  crédito  colocadas  en  orden  clí- 
nico y  de  las  cuales  nadie  puede  dudar.  Entre  las  observaciones 
hay  algunas  de  curaciones  efectuadas  con  hiél  de  víbora  sobre  la 
cual  podían  recogerse  mayor  número  en  toda  la  República,  y 
recordamos  que  el  eminente  profesor  M.  Plata  Azuero  hablaba 
de  sus  benéficos  efectos  á  sus  discípulos  de  Terapéutica  en  la 
Universidad  Nacional. 

Entre  las  plantas  clasificadas  y  estudiadas  por  el  Dr.  García, 
encontramos  el  Canelón  del  Telembi.  El  Cuartillito  y  el  Amor 
seco  del  valle,  que  por  sus  propiedades  estimulantes  enérgicas 
podrían  tener  un  mayor  número  de  aplicaciones  en  la  terapéutica 
general,  y  aumentar  así  la  riqueza  de  plantas  útiles  á  la  medi- 
cina que  tenemos  ya. 

Concluye  la  obra  con  el  estudio  de  los  procedimientos  científi- 
cos, usados  contra  la  mordedura  de  las  víboras,  y  da  sabios  con- 
sejos y  útiles  instrucciones  á  los  que  por  sus  ocupaciones  y 
sus  negocios  están  más  expuestos  á  la  mordedura  de  las  ser- 
pientes. 

Por  tanto  vuestra  comisión  cree  que  la  obra  del  Dr.  García  es 
de  suma  utilidad,  que  tiene  el  mérito  de  la  originalidad  y  de 
haber  vencido  todas  las  inmensas  dificultades  con  que  tropiezan 
en  vuestra  patria  los  hombres  que  se  dedican  á  las  ciencias, 
con  paciencia,  tino  científico,  carácter  observador  é  inteligencia, 
y  os  propone  respetuosamente  : 

1°  Dar  un  voto  de  aplauso  al  Dr.  Evaristo  García  por  su  labo- 
riosidad y  su  consagración  al  estudio  de  tan  importante  materia ;  y 

2"  Dedicar  un  número  del  Boletín  de  Medicina  del  Cauca  para 
publicar  íntegro  su  trabajo  de  acuerdo  con  su  autor. 

Luis  C.  Uricoechea.  —  P.  P.  Scarpetta. 
Cali,  8  de  Noviembre  de  1892. 


INFORME 

DE   LA   COMISIÓN  QUE   ESTUDIÓ  EL   TRADAJO   SOBRE 

LOS    OFIDIOS    VENENOSOS    DEL    CAUCA 


Bogotá,  Marzo  de  1893. 

Señor  Presidente  de  la  Academl\  Nacional  de  Medicina. 

Por  vuestro  honorable  conducto  presentamos  á  la  Academia 
el  siguiente  informe  sobre  el  trabajo  del  Señor  Dr,  Evaristo 
García,  cuyo  título  es  los  Ofidios  venenosos  del  Cauca^  que  tuvis- 
teis á  bien  pasarnos  en  comisión. 

Trata  el  autor,  en  los  dos  primeros  capítulos  de  su  obra,  de 
los  caracteres  anatómicos  y  fisiológicos  de  las  serpientes,  los 
describe  con  propiedad  y  erudición  y  hace  notar  ciertas  disposi- 
ciones anatómicas  características  que  sirven  para  explicar  varios 
hechos  que  siempre  han  llamado  la  atención  por  la  manera 
especial  de  ejercerse  algunas  de  las  funciones  de  la  vida  vege- 
tativa y  de  relación  en  esta  clase  de  reptiles.  Fundándose  en  los 
trabajos  de  los  naturalistas  extranjeros,  en  los  del  Colombiano 
doctor  Posada  Arango,  y  en  sus  propias  observaciones  y  estudios, 
establece  la  calificación  de  los  ofidios  en  general,  y  en  particu- 
lar la  de  los  venenosos  que  habitan  en  el  Departamento  del 
Cauca,  objeto  principal  de  sus  estudios.  No  se  le  ocultaron  —  y 
así  lo  manifiesta  —  las  grandes  dificultades  que  se  ofrecen  para 
hacer  una  clasificación  exacta  y  completa  de  esta  clase  de  verte- 
brados, tanto  por  la  diversidad  de  nombres  vulgares  con  que 
se  designa  muchas  veces  una  misma  especie  en  distintas  locali- 
dades, como  por  la  confusión  que  reina,  aún  entre  los  natura- 
listas, á  este  respecto,  así  como  por  la  falta  de  obras  especiales 
y  de  museos  de  historia  natural.  Estas  dificultades,  de  todos  bien 
conocidas,  lejos  de  minorar  el  mérito  de  la  obra  del  Dr.  García, 
lo  enaltecen,  aun  cuando  de  ellas  proviniera  alguna  imperfec- 
ción que,  dadas  las  condiciones  actuales  de  nuestra  situación, 
no  hubiera  sido  posible  evitar;  siempre  quedará  como  una  am- 


plia  y  sólida  base  para  levantar  el  edificio  de  la  hisloria  nalural 
de  nuestro  vasto  y  rico  territorio. 

Guiándose  por  su  atenta  y  escrupulosa  observación,  ayudada 
á  las  veces  de  los  testimonios  de  los  naturales  ó  habitantes  de 
cada  localidad,  describe  el  género  de  vida  de  las  serpientes  vene- 
nosas del  Cauca,  con  indicación  de  los  sitios  que  suelen  habi- 
tar, ora  en  la  espesura  de  los  bosques,  ora  en  las  orillas  panta- 
nosas de  los  ríos,  ó  en  las  lomas  áridas  ;  da  á  conocer  la  clase  de 
alimentación  que  prefieren,  la  hora  en  que  se  dan  á  la  caza  de  su 
presa  y  los  medios  de  atraparla;  y  de  todos  eslos  datos  deduce 
útilísimas  indicaciones  para  precaver  al  hombre  del  peligro  de 
sus  mordeduras,  á  menudo  ocasionadas  á  la  muerte  y  siempre 
á  graves  padecimientos  que  debilitan  y  enervan  hasta  las  más 
vigorosas  organizaciones.  Con  la  prudente  reserva  de  un  sabio, 
trata  déla  fascinación  que  las  serpientes  ejercen  sobre  los  demás 
animales,  y  la  atribuye  á  un  fenómeno  de  inhibición,  á  la  para- 
lización de  las  fuerzas  físicas  causada  por  el  terror,  más  bien  que 
á  la  intención  de  hipnotizar  á  sus  víctimas,  al  efecto  de  la 
hipnotización,  fenómeno  acerca  del  cual  el  estado  actual  de  los 
conocimientos  cientííicos  no  permite  hacer  ninguna  aseveración 
definitiva. 

En  el  capítulo  3°,  estudia  el  Dr.  García  las  propiedades  del 
veneno  de  los  ofidios,  describe  cuidadosamente  la  disposición 
anatómica  de  todo  el  aparato,  muy  perfecto,  destinado  á  la 
elaboración  de  la  sustancia  tóxica  y  á  los  medios  de  inocularla, 
examina  las  variaciones  que  ofrecen  en  las  diferentes  especies 
la  forma,  la  longitud,  el  grosor  y  el  lugar  de  implantación  en  el 
maxilar  de  los  colmillos,  que  son  los  órganos  destinados  á  ino- 
cular el  veneno  ;  hace  ver  que  la  acción  de  éste,  varía  en  la  edad, 
la  talla  y  el  estado  relativo  del  reptil,  con  el  clima,  la  estación 
del  año  y  otras  condiciones  de  medio. 

Traza  circunstanciadamente  el  cuadro  sintomático  que  revela 
la  acción  del  veneno  sobre  la  economía,  describe  los  desórdenes, 
tanto  generales  como  locales,  que  ocasiona,  y  las  lesiones  ana- 
tomo-patológicas  halladas  en  la  autopsia  de  los  animales  que 
han  sucumbido  por  intoxicación  del  veneno  de  los  ofidios,  apli- 
cado experimentalmente.  Hace  un  paralelo  entre  la  acción  de 
este  veneno  y  la  de  los  alcaloides  vegetales  tóxicos  y  los  virus 
de  las  enfermedades  infecciosas,  del  cual  deduce  con  mucho 
juicio  y  profundo  conocimiento  de  la  acción  de  todas  estas  sus- 
tancias,   que  hay  grandes  diferencias  entre  su  acción  y  la  del 


XII  INFORME. 

veneno  de  las  serpientes;  en  tanto  que  halla,  por  la  observación 
clínica,  mucha  similitud  entre  los  síntomas  de  éste  y  los  de  la 
fiebre  amarilla. 

Trata  en  los  últimos  capítulos  (del  4°  al  8°)  de  los  métodos 
empleados  en  el  tratamiento  de  la  mordedura  de  los  ofidios  pon- 
zoñosos; enumera  en  primer  lugar  los  procederes  empíricos 
seguidos  por  los  curanderos;  describe  las  plantas  usadas  por 
ellos  como  contras  ó  contravenenos,  y  la  manera  de  prepararlas 
y  administrarlas,  al  mismo  tiempo  que  presenta  diversas  obser- 
vaciones de  curaciones  obtenidas  por  estos  medios;  recorre 
luego  los  procederes  racionales  de  que  se  sirve  la  medicina; 
establece  el  valor  relativo  de  cada  uno  y  la  manera  de  aplicar- 
los. Llama  la  atención  hacia  la  circunstancia,  muy  digna  de 
notarse,  de  haberse  usado  por  pueblos  muy  distintos  y  lejanos 
entre  sí  las  plantas  de  unas  mismas  familias,  en  particular  las 
Piperáceas  y  las  Aristoloquias,  en  el  tratamiento  de  este  acci- 
dente, lo  que   comprueba  con  observaciones  y  citas  adecuadas. 

Por  esta  ligera  reseña  que  os  acabamos  de  hacer  —  que  por  la 
naturaleza  del  informe  nos  hemos  visto  obligados  á  reducir 
mucho  —  comprenderéis  que  la  obra  del  Dr.  García,  cuyo  examen 
nos  habéis  encargado  hacer,  es  de  suma  importancia  por  todos 
conceptos  ;  es  una  monografía  completa,  metódica,  ordenada. 
Si  á  esto  agregáis  el  estar  escrita  en  lenguaje  claro  y  conciso,  con 
voces  precisas  que  revelan  un  conocimiento  perfecto  de  las 
ciencias  naturales  y  médicas  sobre  las  cuales  versa  toda  la  obra, 
á  la  vez  que  una  gran  facilidad  de  expresar  los  pensamientos  y 
hacer  comprender  las  ideas,  os  persuadiréis  de  su  importancia. 
También  debemos  hacer  notar  la  poderosa  energía  que  se  nece- 
sita en  nuestro  país  para  llevar  á  cabo  una  obra  de  la  naturaleza 
de  ésta,  que  requiere  constancia,  consagración,  gastos  conside- 
rables de  tiempo  y  de  dinero,  instrucción  nada  común,  y  sobre 
todo,  patriótica  abnegación. 

En  conclusión,  vuestra  comisión  os  propone  lo  siguiente  : 

<i  La  Academia  Nacional  de  Medicina,  considerando  muy  im- 
portante la  obra  del  Dr.  Evaristo  García  sobre  los  Ofidios  venenosos 
delCauca^  tanto  en  el  concepto  científico  como  en  el  de  utilidad 
nacional,  cree  que  debe  ser  presentada  al  Congreso  Médico 
Nacional.  » 

Señor  Presidente, 

Juan  de  Dios  Carrasquilla. 
Heliodoro    Ospina. 


índice 


capítulo  i. 

F'áginas 

Caracteres  anatómicos  y  fisiológicos  de  los  ofidios I 

CAPÍTULO  II. 

Clasificación  de  los  ofidios.  —  Dificultades  para  su  estudio  en  nuestro 
país.  —  Nuevo  género  propuesto  por  el  Profesor  Andrés  Posada 
Arango.  —  Ofidios  venenosos  más  comunes  en  el  Cauca.  —  La  Pelo 
de  gato.  —  Sus  hábitos  y  costumbres.  —  Fascinación  de  los  pajari- 
tos. —  Fecundidad  de  los  ofidios.  —  Equis  del  Cauca.  —  La  Taya 
del  Cauca.  —  La  Verrugosa  del  Chocó.  —  Leyendas  referentes  á  este 
ofidio.  —  La  Veinticuatro.  —  La  Hilván.  —  La  Colgadora.  —  La  Cas- 
cabel. —  Efectos  de  la  música  sobre  los  ofidios  —  Lo.  Rabo  de  Chucha 
del  Cauca.  —  Lachesis  punctatus.  —  Las  Corales.  —  Variedades  en  el 
Cauca.  —  La  Coral  del  Valle  (Elaps  corallinus).  —  Cabeza  de  chocho 
(Coluber  formosus).  —  Coral  de  la  montaña  (Coluber  venustissimus). 
—  Coral  de  Mocoa.  —  Animales  que  persiguen  á  las  culebras.  — 
Creencias  populares  acerca  de  las  serpientes,  de  los  curanderos  y  de 
los  encantadores  de  culebras 7 

CAPÍTULO  III. 

Definición  del  veneno  de  las  serpientes.  — Descripción  del  aparato  vene- 
noso. —  Síntomas  producidos  por  la  mordedura  de  los  ofidios.  —  Do- 
lencias consecutivas  en  las  personasque  resisten  los  accidentes  de  las 
mordeduras.  —  Efectos  variables  del  veneno  en  circunstancias  espe- 
ciales. —  Efectos  en  los  animales.  —  Lesiones  macroscópicas  de  los 
órganos.  —  Efectos  sobre  la  masa  sanguínea.  —  Diferencia  en  el 
modo  de  obrar  entre  los  alcaloides  vegetales,  los  virus  y  el  veneno  de 
los  ofidios.  —  Semejanza  entre  los  síntomas  de  la  fiebre  amarilla  y 
ios  accidentes  producidos  por  el  veneno  de  los  ofidios.  —  Diagnós- 
tico de  la  picadura  de  un  ofidio  y  de  otros  animales  ponzoñosos. . ...       39 

CAPÍTULO  IV. 

Necesidad  de  que  la  medicina  preste  atención  á  los  métodos  empíricos 
preconizados  por  los  curanderos 54 


XIV  ÍNDICE. 

CAPÍTULO   \. 

Páginas. 

Métodos  empíricos  empleados  en  el  Cauca  contra  los  accidentes  produ- 
cidos por  la  mordedura  de  los  ofidios  venenosos.  —  Diversas  clases 
(le  curanderos.  —  La  Capitana  y  el  Cuaiiilíito  del  Sr.  Francisco  Fer- 
nández. —  Observaciones  sobre  su  empleo  en  la  hidrofobia.  — 
Observaciones  en  la  mordedura  de  víboras.  —  Clasificación  botánica 
de  las  plantas.  —  La  Capitana  (Leguminosa  papilonácea).  —  El 
Cuartillilo  (Piperácea).  —  El  polypodium  vulgare.  —  El  almizclillo  ó 
ambariUa  (Hibiscus  abelmoschus).  —  Modo  de  emplearlas.  —  El  Cane- 
lón del  Telembi.  —  Observaciones  clínicas  sobre  el  empleo  de  esta 
planta  en  las  mordeduras  de  víboras  en  el  hombre  y  en  los  animales. 

—  El  ají  y  el  a/lpiqíie.  —  Su  empleo  popular  en  el  Ecuador  contra  las 
mordeduras  de  los  ofidios  venenosos.  —  Las  Aristoloquias  y  el  Guaco. 

—  La  Zaragoza  niniche. —  Usos  iocráticos  de  estas  plantas.  —  La  hiél 
de  víbora.  —  Observaciones  clínicas  sobre  el  uso  de  esta  sustancia.  — 
Modo  de  prepararla.  —  El  aguardiente  y  el  amoníaco.  —  Observacio- 
nes relativas  al  empleo  de  estas  sustancias  en  los  accidentes  produ- 
cidos por  la  inoculación  del  veneno  de  los  ofidios.  —  La  Curarina 
de  D.  Juan  Salas  Nieto.  —  Experiencias  con  este  medicamento  en 
Caracas.  —  Algunas  observaciones  más  de  su  empleo  en  el  trata- 
miento de  las  mordeduras  de  ofidios  venenosos.  —  Aplicaciones  lo- 
cales. —  La  piedra  de  la  serpiente.  —  El  Pambao-Balvo.  —  El  haba  del 
caballero.  —  El  tallo  de  la  caña  de  azúcar.  —  El  zaino  del  limón 58 

CAPITULO  VI. 

Hellexiones  acerca  de  los  métodos  empíricos  contra  las  mordeduras  de 
las  serpientes.  —  Empleo  de  las  mismas  sustancias  en  diferentes 
regiones  del  globo  terrestre.  —  Los  métodos  vulgares  no  son  medios 
infalibles  para  la  curación  de  los  mordidos  de  serpientes.  —  Antí- 
dotos químicos  y  antídotos  fisiológicos.  —  Importancia  de  las  sus- 
tancias estimulantes  como  remedios  iocráticos 87 

CAPÍTULO  Vil. 

Métodos  racionales  para  neutralizar  el  veneno  de  las  serpientes.  —  El 
permanganato  de  potasa.  —  El  ácido  crómico.  ■ —  El  clurtiro  de  oro. 

—  El  nitrato  de  estricnina 92 

CAPÍTULO  MIL 

Tratamiento  de  los  accidentes  producidos  por  mordedura  de  los  ofidios 
venenosos.  —  Medios  locales.  —  La  ligadura.  —  La  succión.  —  Las 
ventosas.  —  Las  incisiones  y  la  cauterización.  —  Medios  generales. 

—  Las  inyecciohes  hipodérmicas  y  las  pociones  estimulantes 98 


ÍNDICE  DE  LOS  GRABADOS 


Páginas. 

Grabado  1°.  —  «  Pelo  de  galo  »  del  Cauca  {Botrops  alrox) Iri 

—  2°.  —  «  Equis  del  Cauca  »  {Botrops  rhomboaliis) 20 

—  3°.  —  «  Taya  del  Cauca  »  [Bolrops  lanceolatus) 22 

—  4°.  —  (<  Cabeza  de  verrugosa  del  Chocó  »  {Botrops  acrochordus) .  23 

—  5".  —  "  La  Hilván  »  {Thanatophis  sutus) 26 

—  6°.  —  «  La  Colgadora  »  {Thanatophis  colgadora) 27 

—  1°.  —  «La  Rabo  de  chucha  del  Cauca  »  [Lachesis  mutus) 30 

—  8°.  —  «  Rabo  de  chucha  del  Chocó  »  {Lachesis  punctatus) 31 

—  9°.  —  «  Coral  cabeza  de  chocho  »  (Co/iífter/'ormosMs)  (Variedad).  32 

—  10°.  —  ■<  Coral  del  Cauca  »  {Coluber  venustissimus) 33 

—  11°.  —  «  Coral  de  ponzoña  de  Mocoa  »  {Elaps  marcgravii) 34- 

—  12°.  —  Capitana,  amor  seco  del  valle  (Desmodium  mauritani) . . .  64 

—  13°.  —  Cuartillitos  [Piperomia  nummulari) Q^ 

—  14°.  —  Canelón  del  Telembí  {Piper  Telembi) 67 

—  lü°.  —  Zaragoza  niniche  [Aristolochia  pilosa) 76 


LOS 


OFIDIOS    VENENOSOS 


DEL    CAUCA 


CAPÍTl  LO    PIUMEHO 
Caracteres  anatómicos  y  fisiológicos  de  los  ofidios. 

La  denominación  de  ofidios  corresponde  en  el  lenguaje 
zoológico  á  los  nombres  vulgares  de  culebras  ó  serpientes. 
Son  animales  vertebrados,  que  pertenecen  al  orden  de  los 
reptiles,  que  respiran  por  medio  de  pulmones  y  que  tienen 
la  sangre  fría.  Su  cuerpo,  cilindrico  y  alargado,  está  despro- 
visto de  miembros.  Avanzan  ó  retroceden  arrastrándose.  La 
piel  está  cubierta  por  epidermis  escamosa.  Los  ojos,  dotados 
de  cierta  fijeza  aterradora  en  la  mirada,  no  tienen  párpados, 
y  la  boca,  armada  de  dientes,  es  muy  ancha  y  dilatable. 

El  conocimiento  detallado  de  los  principales  órganos  de 
estos  reptiles,  nos  permitirá  apreciar  mejor  sus  funciones 
más  notables. 

El  cuerpo  de  los  ofidios  es  en  lo  general  cilindrico ;  y  no 
tiene  verdadero  cuello  que  separe  la  cabeza  del  tronco,  sino 
una  depresión  que  continúa  con  dicho  cuerpo,  para  terminar 


2  LOS  OFIDIOS  VENENOSOS 

en  cola  más  ó  meno?  aoiida.  En  el  mavor  número  de  las 
culebras  no  existe  vestigio  alguno  de  miembros:  pero  en 
una  ó  dos  especies  el  par  de  remos  posteriores  está  repre- 
sentado por  dos  espolones  córneos,  situados  en  la  base  de 
la  cola  y  sostenidos  por  pequeños  liuesos,  que  pudieran 
considerarse  como  miembros  posteriores  incipientes  [doas  y 
pitones) . 

Los  olklios  ejecutan  los  movimientos,  por  consiguiente, 
arrastrándose  con  inflexiones  por  medio  de  las  costillas  y  de 
las  escamas  transversales  colocadas  en  la  parte  inferior  del 
cuerpo.  Estas  escamas,  más  anclias  allí  que  en  las  otras 
partes,  forman  una  serie  de  placas  imbricadas  unas  en  otros, 
con  un  borde  córneo  libre,  que  se  endereza  por  acción  de 
los  músculos,  para  tomar  apoyo  en  las  asperezas  del  terreno 
y  empujar  el  cuerpo  liacia  adelante.  Además,  las  vértebras 
forman  entre  sí  una  larga  columna  con  múltiples  articula- 
ciones, que  explican  los  fáciles  movimientos  y  los  diferentes 
modos  de  progresión  en  las  culebras.  Cuando  se  tira  de  la 
cola  una  culebra  que  se  ba  metido  en  algún  agujero,  se 
experimenta  la  resistencia  que  oponen  las  escamas.  En  la 
cabeza,  las  escamas,  más  grandes  que  en  el  dorso  del  cuerpo, 
toman  la  forma  de  placas  ó  escudos,  cuyo  número  y  dispo- 
sición sirven  para  clasificar  á  estos  reptiles. 

La  epidermis  de  los  olldios  se  muda  frecuentemente  en 
una  sola  pieza,  desde  la  cabeza  basta  la  cola,  sin  desgarrar 
ninguna  escama;  de  tal  manera  que  una  vaina  epidérmica 
de  culebra  encontrada  en  el  campo,  puede  servir  para  desig- 
nar la  especie  de  donde  proviene.  No  sabemos  cómo  bace 
la  culebra  para  despojarse  de  la  epidermis;  pero  algunos 
campesinos  aseguran  que  se  coloca  entre  bendiduras  del 
terreno,  que  comprimen  el  cuerpo  y  le  permiten  deslizarse 
dejando  la  cubierta. 

La  columna  vertebral  de  las  serpientes  está  admirable- 


DEL  CAUCA.  3 

mente  dispuesta  para  facilitai'  sus  movimientos  peculiares. 
Las  vértebras  tienen  en  la  parte  anterior  dol  cuerpo  una 
cavidad  en  donde  se  aloja  cierta  eminencia  hemisférica  co- 
rrespondiente á  la  parte  posterior  del  cuerpo  de  la  vértebra 
que  la  precede.  Mediante  este  sistema  de  articulación,  seme- 
jante al  que  une  las  costillas  lateralmente  con  el  cuerpo  de 
las  vértebras,  el  ofidio  puede  enroscarse,  torcerse  ó  ejecutar 
con  la  fuerza  muscular  movimientos  ondulatorios  ya  en 
sentido  vertical,  como  para  treparse  á  los  árboles,  ya  en 
sentido  horizontal,  como  los  que  le  facilitan  el  avance  ó  la 
natación.  El  número  de  las  vértebras  es  variable  con  las 
especies;  pero  se  han  contado  hasta  422  en  las  mayores 
serpientes.  Estos  reptiles  carecen  de  esternón.  Por  eso  las 
costillas  quedan  libres  en  su  extremidad  inferior,  de  modo 
que  permiten  ampliamente  el  ensanchamiento  del  tubo  intes- 
tinal, para  dar  paso  á  presas,  en  ocasiones  muy  volumi- 
nosas. 

Los  huesos  que  componen  la  cabeza,  en  número  de  veinti- 
ocho, están  separados  unos  de  otros.  Las  dos  ramas  de  los 
maxilares  superior  é  inferior,  que  forman  el  esqueleto  de  la 
cavidad  bucal,  carecen  de  sínfisis;  esto  es,  no  se  unen  entre 
sí,  como  sucede  en  los  otros  animales.  Llamamos  la  atención 
hacia  esta  peculiaridad  característica  de  los  ofidios  ;  porque 
ella  explica  cómo  pueden  tragar  animales  enteros,  tan  volu- 
minosos que  á  primera  vista  parecería  imposible  pudieran 
pasar  por  la  garganta.  La  cabeza  se  articula  con  la  columna 
vertebral  por  medio  de  un  solo  cóndilo . 

La  boca  está  armada  de  dientes  agudos  y  numerosos,  que 
se  articulan  en  el  borde  de  los  huesos  maxilares,  sin  j)enetrar 
en  ellos  :  de  modo  que  no  tienen  raíces,  ni  alvéolos  en  los 
huesos  correspondientes.  En  el  grupo  de  las  culebras  no 
venenosas,  los  dientes  son  llenos,  agudos  é  inclinados  hacia 
atrás,  á  manera  de  sierra,  y  forman  cuatro  hileras  longitu- 


4  LOS  OFIDIOS  A  ENENOSOS 

tunales  en  cada  uno  de  los  maxilares;  mientras  que  en  los 
ofidios  venenosos  aparecen  colmillos  largos  y  finos  como 
aguja,  provistos  de  un  conducto  por  el  cual  Huye  el  líquido 
venenoso. 

La  lengua  en  los  ofidios  está  sostenida  en  la  base  por  una 
masa  carnuda;  es  larga,  libre  en  el  resto  de  su  extensión, 
bifurcada  en  la  punta  y  muy  movible.  Les  sirve,  como 
órgano  de  tacto,  para  palpar  los  objetos  y  para  beber. 

Basta  el  somero  conocimiento  del  aparato  bucal  en  los 
ofidios,  para  no  admitir  las  liistorias  populares  de  serpientes 
que  maman  la  teta  de  las  vacas,  porque  la  disposición  de  la 
dentadura  y  la  forma  de  la  lengua  no  permiten  tomar  suave- 
mente el  pezón  ni  ejercer  movimientos  apropiados  para 
extraer  la  lecbe  de  las  mamas. 

El  canal  intestinal  es  corto  :  después  del  estómago,  poco 
dilatado,  sigue  el  intestino  que  recibe  la  bilis  del  bígado,  y 
termina  hacia  la  base  de  la  cola  en  un  orificio  cubierto  por 
una  de  las  escamas  inferiores. 

La  reproducción  ocurre  por  medio  de  órganos  genitales 
completos,  situados  en  la  cavidad  abdominal.  En  el  macho 
los  canales  deferentes  terminan  en  un  pene  doble  cubierto 
de  asperezas  en  la  superficie.  En  la  hembra  existe  una  cloaca 
al  final  del  intestino,  en  la  cual  recibe  los  oviductos.  Hay 
unión  sexual  para  fecundar  los  óvulos  en  el  interior  del 
cuerpo. 

Las  culebras  ponen  los  huevos  en  sitios  húmedos,  donde 
el  calor  del  sol  los  incube  ;  sin  embargo,  algunas  se  enroscan 
y  forman  nido  alrededor  de  los  huevos  :  la  generaci(ui  es 
entonces  ov'qtara. 

En  las  serpientes  venenosas  la  incubación  se  verifica  en 
los  oviductos,  donde  se  rompe  la  membrana  que  contiene 
los  viboreznos,  los  cuales  nacen  ya  formados  :  la  generación 
es  entonces  v'tv'qjara. 


OKÍ.  CAUCA.  íi 

liemos  dicho  que  los  olidios  tienen  la  sangre  IVía.  Eslo 
resulta  de  que  el  corazcui  está  formado  de  dos  aurículas  y  de 
un  solo  ventrículo,  en  donde  se  mezcla  la  san¿;re  que  ha  sido 
vivificada  en  los  pulmones  ó  sangre  arterial,  con  la  vowsa 
que  viene  de  las  otras  partes  del  cuerpo;  circunstancia  que 
disminuye  el  calor  animal.  La  frialdad  que  sentimos  al  tocar 
estos  animales,  nos  produce  una  sensación  horrible  que  in- 
voluntariamente repelemos. 

La  respiración  de  los  ofidios  es  pulmonar  :  uno  de  los 
pulmones  es  rudimental,  mientras  que  el  otro  forma  un  gran 
•saco  que  desciende  hasta  el  abdomen,  recorrido  en  la  super- 
ficie por  los  bronquios  y  por  los  vasos  sanguíneos.  El  aire 
penetra  como  á  un  depósito,  por  medio  de  inspiraciones 
lentas  y  de  movimientos  expansivos  de  las  costillas  y  del 
abdomen. 

Pueden  los  ofidios  permanecer  mucho  tiempo  debajo  del 
agua;  pero  siempre  tienen  necesidad  de  volver  á  la  superficie 
para  tomar  el  aire  atmosférico. 

Como  á  todos  los  animales,  los  órganos  de  los  sentidos  los 
ponen  en  relación  con  el  mundo  exterior.  Cubiertos  con  una 
piel  escamosa,  tienen  el  sentido  del  tacto  muy  obtuso.  La 
lengua  les  sirve,  como  se  dijo,  para  palpar  los  objetos,  y  está 
dotada  para  ello  de  movimientos  rápidos  y  fáciles.  Los  ojos 
no  tienen  párpados  :  cúbrelos  una  película  transparente  de 
la  epidermis  que  cae  con  ella  en  ciertas  épocas  del  año. 
Carecen  de  oreja  y  de  tímpano  :  solamente  oyen  por  medio 
del  oído  interno.  Se  asegura  que  rara  vez  se  pierde  un  tiro 
cuando  se  dispara  con  un  arma  de  fuego  sobre  las  víboras. 
Pudiera  suceder,  si  tal  cosa  fuese  verdad,  que  la  detonación 
del  arma  de  fuego  rompiera,  por  fuerte  conmoción,  el  oído, 
tan  poco  protegido  de  los  ofidios. 

El  órgano  del  olfato  parece  bien  desarrollado  en  estos 
reptiles,    á  juzgar  por  la    velocidad  con    que  siguen  á    los 


6  LOS  OFIDIOS  VENENOSOS  DEL  CAUCA. 

animales  que  les  sirven  de  alimento.  Un  conejo  asustado 
atraviesa  el  campo  á  todo  escape,  y  detrás,  á  carrera  abierta, 
se  precipita  una  culebra  en  su  persecución.  La  rana  huye  de 
de  rama  en  rama,  sobre  los  árboles,  y  la  culebra  la  persigue 
con  tenacidad,  sin  perder  la  pista  entre  el  follaje. 

INo  es  frecuente  escuchar  la  voz  de  los  ofidios.  Cuando 
están  poseídos  de  algún  deseo  ó  de  terror,  hacen  inspiraciones 
ó  expelen  con  fuerza  el  aire  pulmonar,  para  producir  un 
soplo  más  ó  menos  agudo,  hasta  llegar  al  silbido,  único 
medio  de  fonación  con  que  expresan  sus  pasiones. 


CAPITULO  11, 


Cilasiíicaciún  de  los  ofidios.  —  Dificultades  para  su  estudio  en  nuestro  país. 

—  Nuevo  género  propuesto  por  el  Profesor  xVndrés  Posada  Arango.  — 
Ofidios  venenosos  más  comunes  en  el  Cauca.  —  La  Pelo  de  [¡ato  :  Sus 
hábitos  y  costumbres  :  fascinación  de  los  pajaritos  :  fecundidad  de  los 
Qjijio^.  _  Equis,  del  Cauca.  —  La  Taya  del  Cauca.  —  La  Veiruf/osa  del 
Chocó  :  leyendas  referentes  á  este  ofidio.  —  La  Veinticuatro.  —  La  Hilván. 

Lrt  Coleadora.  —  La  Cascabel :  efectos  de  la  música  sobre  los  ofidios.  — 

La  Rabo  de  chucha  del  Cauca  (Lachesis  punctatus).  —  Las  Corales  :  variedades 
en  el  Cauca.  —  La  Coral  del  Valle  (Elaps  corallinus).  —  La  Cabeza  de 
chocho  (Coluber  formosus). —  Coral  de  la  »iüu¿rt?7a  (Colubervenuslissimus). 

—  Coral  de  Mocoa  .-Animales  que  persiguen  á  las  culebras  :  creencia  popu- 
lar acerca  de  las  serpientes,  de  los  curanderos  y  de  los  encantadores  de 
serpientes. 


Los  ofidios  se  dividen  en  dos  grupos. 

Los  del  primero  están  provistos  de  glándulas  á  los  lados  de 
la  cabeza,  las  cuales  secretan  veneno  para  inocularlo  en  la 
sangre  de  los  animales,  por  medio  de  dos  colmillos  acanala- 
dos, convenientemente  dispuestos,  como  arma  ofensiva  y 
defensiva,  en  el  maxilar  superior.  Se  les  designa  vulgar- 
mente con  el  nombre  genérico  de  víboras,  y  en  el  lenguaje 
científico  con  el  de  i/ianaío/ídios,  de  la  voz  griega  thanatos- 
que  significa  muerte. 

Los  del  otro  grupo  no  poseen  ningún  aparato  venenoso  ni 
tienen  colmillos  acanalados,  y  los  dientes,  finos  y  en  forma 
de  sierra,  se  implantan  en  ambos  maxilares.  Existen  en  este 
grupo  las  más  grandes  serpientes  :  las  boas,  temibles  por 
su  fuerza  de  constricción;  pero  la  mayor  parte  de  las  especies 
que  lo   forman  son   inofensivas,   y  algunas,  capaces  de  ser 


S  LOS  OFIDIOS  VENENOSOS 

domesticadas.  El  vidgc  las  reconoce  con  el  nombre  de 
culebras^  y  en  el  lenguaje  científico  se  designan  con  la 
palabra  azemio/id'ws,  de  la  voz  griega  azenüos  que  significa 
inocente. 

La  clasificación  de  los  ofidios  está  basada  principalmente 
en  la  conformación  de  los  dientes,  según  sean  ó  no  veneno- 
sos, según  se  presenten  en  un  solo  maxilar  ó  en  ambos  y 
se2,ún  la  situación  de  los  colmillos  hacia  atrás  ó  hacia  ade- 
lante  de  la  boca.  Se  agregan  á  estos  caracteres,  para  formar 
familias,  géneros,  especies  y  variedades,  la  disposición  de 
los  escudos  ó  de  las  placas  en  la  cabeza,  la  presencia  de 
fóselas  laterales  en  el  hocico,  la  forma  de  las  escamas  en  el 
dorso,  la  manera  como  se  presentan  debajo  de  la  cola,  los 
dibujos  coloreados  que  adornan  la  piel,  y  aún  los  usos  y 
costumbres  de  las  serpientes. 

Opoterodoistes.  —  Ofidios  con  dientes  en  un  solo  maxilar, 
desprovistos  de  cola  y  muy  pequeños.  Ejemplo  :  los  tyitJdops 
ó  lombrices  ciegas,  el  stenostoma  (boca  pequeña),  gondotü  de 
Colombia. 

CoLUBRiFORMES.  —  Ofidios  que  tienen  ordinariamente  las 
placaíi  ó  escudos  de  la  cabeza  más  grandes  que  las  escamas 
del  cuerpo,  unidas  entre  sí,  sin  sobreponerse;  dientes  en 
ambos  maxilares;  la  cabeza  larga  seguida  por  el  cuerpo,  sin 
depresión  notable;  la  cola  muy  extensa  y  fina.  Algunos  de 
estos  reptiles  son  muy  corpulentos.  Ejemplo  :  Las  culebras^ 
lo'<  ptjtoncs,  las  boas. 

Opisthoglyphos.  —  Culebras  con  dientes  venenosos  situa- 
dos en  la  parte  posterior  de  la  boca.  La  robra-ri/jo  (Coluber 
bicarniatusj,  la  liinpa-mato  (^Coluber  cenchria)  del  Brasil.  La 
culebra  en  medias  de  Montpellier  (Colopcltis  insignitus.) 

Proteroglyphos.  —  Ofidios  con  los  colmillos  venenosos 
provistos  de  una  canal  abierta,  é  implantados  hacia  ade- 
lante del  maxilar  superior,  con  dientes  en  ambos  maxilares 


DKL  CAICA  9 

y  aliíunas  placas  en  la  cabeza.  Habitan  las  regiones  calientes 
•del  globo.  —  Áspid  <»  serpiente  de  Cleopatra^  la  Cobra  di 
■catielio^  la  Elaps   (\  coral. 

SoLExoGHLYPHOs.  —  Son  kis  serplcnles  más  temibles  de 
todas,  porque  los  colmillos  venenosos,  implantados  en  la 
región  anterior  del  maxilar,  están  recorridos  por  un  verda- 
dera conducto,  que  comunica  con  la  glándula  del  veneno; 
de  modo  que  cuando  muerden,  depositan  todo  el  veneno 
•dentro  de  los  tejidos.  Corresponden  á  esta  clase  las  víboras^ 
las  cascabeles^  los  bolrops^  etc. 

El  cuadro  siguiente  resume  los  caracteres  de  las  clases  y 
■de  los  géneros  en  los  ofidios  venenosos. 


10  LOS  OFIDIOS  VENENOSOS 


CLASIFICACIÓN   DE   LOS   OFIDIOS 

(DlMKKIL     y     ClBUON). 


^  ,    ,  ,M    ■         1  .  \  Scotccophijdtoíi  o  yevmúor- 

Ln  una  de  las  mandíbulas  solamente i  ■        .       ,     , 

(     mes  u  opolerodonLes. 

„    ,      ,  ,,  \  A zemiophii dios  ó  cicnrifov- 

'     Llenos-  Redondos  y  llenos.  -      i     i    j     . 

i^iciius,     1  j  ^      jj^gg  ^j  aglyphodontes. 

"   I         ^'^^         ';  Huecos  con  \Afobcropfiydios  ó  fidenli- 

^  ,  ])osteriores  |   ^^^^  gotera  hacia  adelante.   (     formes  ü  opisglyphos. 

Si       T^     ,       ,  ,  T^  .,       /Formando  ade-L4ui.sío/)/)  i/(/tos  ó  íallaiiíor- 

o  /      En  las  dos      /  Recorridos     ,     ^  i  ■         l        i     i 

f  ,.,    ,  V  \  lante un  surco.        mes  o  proteroglypnos. 

I     mandíbulas;     )      por  un      I     o-  ,•   • 

'     oin  vesti""io    / 
lossubmaxilares  Jlargo    canal  i       1^.1°        \  Thanatophy dios  ó  ííiWaci- 

anteriores.      (.  venenífero.  [ ,      .       ,  ,     ,     )     formes  ó  solenoglyphos. 

\  hacia  adelante.  I  "^ ' 


SOLENOGLYPHOS  y  PROTEROGLYPHOS. 

í  Vi}]CrÍ7lOS SOLE.NOGLYPIIOS. 

,,  ,  ,  .,        '  Naiirus : 

\  iPKRiDios  :  4  tribus.  , ,,,     ,  r> 

ihlaphiim I'roteuoglyphos. 

\  Hydrijplniíf; ) 


VIPERINOS  SOLENOGLYPHOS. 

Se  determinan  por  la  presencia  ó  ausencia  de  las  fosetas  lacrimales  ó  de 
falsas  narices  colocadas  hacia  adelante  ó  debajo  de  los  ojos,  asi  como  por  la 
disposición  de  sus  escamas  y  de  su  cola,  esté  ó  no  provista  de  aparato  sonoro. 

,'  DURISSUS. 

Fosetas  lacrimales.  —  Crótalo'^  :  6  especies.  •  I1oiirido.s. 

V  Mu.iAiiiis,  etc. 


Ijachesis. 

[Cvolaluíi  mutiis.) 


Desprovistos  de  campanilla  caudal.  Cola  puntiaguda,  las  10  ó  12  escamas 
que  preceden  á  la  punta,  son  espinosas. 

Trigonocephalus. 

No  tienen  cascabeles,  ni  su  cola  es  espinosa.  Su  vértice  tiene  un  escudete 
impar. 


DEL  CAUCA  H 

Botrops. 

[Hierro  de  lanza.) 

Tienen  las  escamas  carenadas,  no  lionen  fírandes  placas  supracefálicas; 
las  tienen  solamente  encima  de  los  ojos  y  sobie  la  carena  que  va  de  las  cejas 
á  las  narices. 

8  especies  :  Botrops  lanceolatus  6  víbora  amarilla  de  la  Martinica. 

Átropos. 

No  tienen  las  placas  superficiales  de  los  bothrops.  —  4  especies. 

Tropidolcemus. 

Las  escamas  de  su  vértex  son  imbricadas  y  estrechas  y  también  las  de  la 
garganta. 

Echidna. 

[Sin  fósela   lacrimal.) 

No  tiene  ni  placas  ni  escudete  sobre  la  cabeza;  sus  narices  son  cóncavas 
y  situadas,  por  decirlo  asi,  entre  los  ojos  en  vez  de  ser  laterales. 
Varias  especies  africanas  y  de  la  India. 

Echis. 

Las  placas  subcaudales  en  una  sola  fila  en  vez  de  dos. 

,.  .1  Carinata. 

Dos  especies.  <  „ 

(     1  RAEN ATA. 

Cerastes. 

Víboras  de  placas  superciliares  que  se  levantan  en  punta  y  simulan  cuer- 
necitos. 

Acanthophis. 

Cabezas  cubiertas  de  grandes  placas  en  su  mitad  anterior;  las  escamas 
subcaudales  espinosas  y  la  cola  terminada  por  un  aguijón  encorvado. 

Pelias. 
Tres  grandes  placas  cefálicas  colocadas  entre  las  escamas  superciliares. 

Víboras. 

Entre  las  víboras  que  tienen  la  cabeza  cubierta  de  escamitas,  sin  placas  y 

sin  fóselas,  se  reconocen  : 

,'   Víbora  de  seis  remos,  seis  prolongamientos  escamosos  y 

\      como  acanalados  de  la  región  superciliar. 

„  .        I  Víbora  ammodvta.  Hocico  prolongado. 

Tres  especies.  {  ,...  ■    \,     ■      ,  ■,     n  ^  ^  ■  , 

i  Víbora  común.  Hocico  truncado.  Cabeza  plana,  guarnecida 

I      arriba  por  una  escama  fuerte  superciliar ;  pero  sin  placas 

\       más  grandes  en  el  medio. 


42  LOS  OFIDIOS  VEiNENOSOS 

No  obstante  la  clasificación  anterior,  es  sobremanera 
difícil,  para  quien  no  haya  hecho  estudios  especiales  de 
-ofiología,  determinar  las  diversas  serpientes  que  se  encuen- 
tran en  Colombia,  y  asignarles  los  nombres  científicos  co- 
rrespondientes. 

Hay  confusión  en  las  designaciones  científicas  :  las  especies 
no  están  bien  distinguidas,  ni  las  variedades  separadas  entre 
sí.  Algunas  no  están  descritas,  ni  siquiera  bien  conocidas. 

Si  acaso  se  consiguen  algunas  obras  de  viajeros  natura- 
listas en  los  países  intertropicales,  sucede  que  al  consultarlas 
se  confunde  la  inteligencia,  porque  designan  un  mismo 
género  con  muchos  nombres,  según  el  parecer  de  cada  uno. 

«  El  género  Lachesh  de  Daudín  está  en  la  obra  de  Spix, 
incluso  en  el  género  Botrops.  El  príncipe  Max  de  Newied  ha 
conservado  el  género  Lacliesis^  pero  ha  reemplazado  el 
género  Botrops  de  Wagler  por  el  género  Copinas  de  Merren.  » 
[F.  B.  de  Larerdn.) 

Á  la  divergencia  de  los  autores  en  las  designaciones  de 
los  géneros  y  de  las  especies,  se  añade  la  falta  de  uniformi- 
dad de  una  á  otra  provincia  para  las  denominaciones  vul- 
gares. En  el  Cauca,  Departamento  de  Colombia,  donde  hemos 
reunido  los  materiales  para  este  trabajo,  se  da  el  nombre 
de  equis  á  varias  especies  de  serpientes  que  muestran  en  el 
dorso  líneas  amarillas  ó  blancas  en  forma  de  letra  X  ó  del 
signo  X .  Pero  no  siempre  corresponde  la  idea  que  despierta 
la  palabra  equis  á  la  realidad  de  los  dibujos  en  el  objeto 
natural.  Lo  que  se  observa  con  frecuencia  en  el  dorso  de 
estas  serpientes  son  los  rombos  m;ís  ó  menos  regulares, 
separados  unos  de  otros.  Por  otra  parte,  mucho  menos  co- 
rresponden las  especies  que  se  designan  con  el  nombre  de 
■equis^  al  género  enunciado  en  el  cuadro  de  clasificación  de 
Jos  S.S.  Dumeril  y  Bibrón  con  la  palabra  erhis,  género  que 
hasta  hoy  no  hemos  podido  encontrar  en  el  Cauca.  En  este 


DKL  CAUCA.  ja 

hepartameiüo  se  (les¡i;na  con  el  noml)re  de  veintinidlro  á 
una  serpiente  pequeña,  que  en  Antioquia  se  llama  paloquilla. 
La  pelo  (le  gato  del  Valle,  es  la  mapann  de  la  costa. 

En  Colombia  se  ha  escrito  muy  poco  sobre  nuestra  fauna, 
y  casi  nada  sobre  las  serpientes.  Solamente  hemos  podido 
consultar  con  provecho  los  Apuíilamíentos  para  la  ofiolo- 
gia  colombiana  del  l>r.  Andrés  Posada  Arango,  única 
publicación  científica  sobre  serpientes  del  país,  que  se  ha 
sacado  á  luz,  después  de  ochenta  años  que  han  trascurrido 
desde  que  el  ilustre  Lozano  publicó  en  el  Semanario  de 
Caldas  su  importante  memoria  y  plan  de  estudios  sobre  esos 
reptiles. 

No  debe  extrañarse,  pues,  que  nuestro  estudio  sobre  los 
ofidios  venenosos  del  Cauca,  adolezca  de  defectos,  relativa- 
mente á  la  clasificación  de  las  especies.  Nuestras  observa- 
ciones se  refieren  más  a  la  parte  médica  que  á  las  ciencias 
naturales. 

Faltan  en  los  centros  de  poblaciíui  de  la  República,  biblio- 
tecas en  donde  puedan  consultarse  obras  costosas,  que  no 
están  al  alcance  de  los  aficionados  ;  faltan  museos  nacionales 
en  donde  estudiar  los  objetos  de  historia  natural,  y  fallan, 
en  fin,  obras  científicas  de  Profesores  nacionales,  de  grande 
importancia  y  de  utilidad  para  el  país,  como  debe  de  ser  la 
obra  inédita  del  l)r.  Posada  Arango  titulada  Colombia  con- 
siderada físicamente  //  en  sus  producciones. 

Después  de  investigaciones  pacientes  acerca  de  los  ofidios 
del  Cauca,  hemos  confirmado  la  opinión  expresada  de  una 
manera  más  general  para  Colombia  por  el  Profesor  Posada 
Arango,  á  saber  : 

1°.  Que  el  género  víbora  no  existe  en  el  Cauca. 

En  efecto,  no  hemos  encontrado  una  sola  serpiente  sole- 
noglifa  con  ausencia  de  fosetas  laterales  entre  los  ojos  y 
las   narices,   v   con   la  cabeza  cubierta   de  escamitas  finas. 


14  LOS  OFIDIOS  VENENOSOS 

2°.  Todas  nuestras  serpientes  venenosas  pertenecen  en  lo 
general  ú  la  familia  de  los  holrófidos:^  llamados  también 
crótalos  por  Dumeril  y  otros  autores,  aunque  con  impropie- 
dad, puesto  que  el  aparato  sonoro  de  donde  se  deriva  el 
nombre  o'otalus  ó  cascabel ^  no  les  es  común. 

Todas  las  serpientes  solenoglifas  del  Cauca  están  caracte- 
rizadas por  la  presencia  de  fóselas  laterales  en  el  hocico  y  de 
escudos  ovales  supra-oculares, 

«  El  más  frecuente  por  acá  de  los  géneros  de  esta  familia, 
es  el  botrops  (foseta) ,  dice  el  Profesor  Posada  Arango ;  pero 
éste,  tal  como  lo  consideran  hoy  los  ofiólogos,  está  mal 
constituido,  es  una  agrupación  heterogénea  en  la  que  se 
comprenden  bajo  la  misma  denominación  serpientes  de 
urostegos  uni  y  biseriados.  Mas  la  fijeza  é  importancia  del 
carácter  que  suministra  la  disposición  de  los  escudos  sub- 
caudales  en  todos  los  demás  géneros  de  ofidios,  autoriza 
plenamente  á  mi  entender,  para  separar  aquí  unas  ser- 
pientes de  otras,  para  subdividir  el  antiguo  género  en  dos.  » 

El  Profesor  Posada  Arango  considera  únicamente  como 
botrops  las  especies  que  llevan  los  urostegos  (escamas  debajo 
de  la  cola)  dobles  ó  en  dos  series  :  botrops  /anceo/atus,  bi/i- 
neatus^  atrox^  etc.;  y  ha  creado  un  género  nuevo  con  el 
nombre  de  thanafophis  (1),  voz  griega  compuesta  de  t//anatO'<, 
que  significa  muerte,  y  de  op/us  que  significa  serpiente,  para 
los  de  urostegos  sencillos. 

«  El  género  thanatophis  está  caracterizado  así  :  botrófidos 
mudos  (ó  sin  aparato  sonoro),  con  la  cima  de  la  cabeza 
cubierta  de  escamas;  con  escudos  supra-oculares,  placas 
guturales  lisas  y  urostegos  en  una  sola  serie  :  La  falta  de 


(1)  Thanatos  es  la  jialabra  que  señala  el  autor  en  los  «  Anales  de  la 
Academia  de  Medicina  de  Medellín  »,  para  designar  el  nuevo  género.  Poste- 
riormente hemos  sabido  que  el  mismo  autor  la  ha  cambiado  por  la  palabra 
thanuíophis,  para  evitar  confusión  con  un  género  de  Arácnidos. 


Pag-,  15 


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/w^,  CW     BOUñ£T,2yñUt  VlSCONrt,    PAR/S. 


DEL  CAUCA.  15 

escamitas  bajo  el  extremo  de  la  cola,  los  distinj^uc  siificien ló- 
mente de  los  lache  sis.  » 

Nos  hemos  detenido  en  el  estudio  de  este  nuevo  i^énero 
para  la  clasificaciíui  de  los  ofidios,  propuesto  por  el  eminente 
naturalista  colombiano,  porque  es  aplicable  á  carias  especies 
de  nuestro  país  desconocidas  aún  de  los  naturalistas  europeos  : 
thanatophis  patoquUla^  tluuiatophls  sidus,  tJianatophis  wonla- 
?ii(s,  tJtanatophis  torvus.  (Véanse  los  Anales  de  la  Academia  de 
MedelUn,  páginas  45  á  49  del  mes  de  marzo  de  1889,  n"  T\. 

Sentados  los  principios  generales  de  la  clasificación  de  los 
ofidios,  trataremos  de  los  más  comunes  en  el  Cauca,  y  estu- 
diaremos  de  paso  sus  instintos  y  costumbres. 

Las  descripciones  que  siguen  son  hechas  sobre  individuos 
coleccionados  por  nosotros,  algunos  vivos  y  la  mayor  parte 
conservados  en  alcohol. 


Pelo  de  gato  del  Cauca. 

{Botn>¡)í<  aírox,  de  Wagler),  bolrops  jaruvitcwiu  del  Brasil  (de  Lacerda.) 

Ocupa  el  primer  lugar  la  serpiente  pelo  de  galo,  llamada 
así  por  los  campesinos  del  Cauca,  á  causa  de  las  pintas 
aterciopeladas  negras,  semejantes  á  las  de  la  piel  de  algunos 
individuos  de  la  raza  felina. 

La  pelo  de  (¡ato  es  una  de  las  más  temibles  entre  las  ser- 
pientes venenosas  del  Cauca.  Mide  longitud  hasta  de  un 
metro  y  cincuenta  centímetros,  por  circunferencia  de  veinte 
centímetros  en  la  parte  más  gruesa  del  cuerpo.  La  cabeza, 
que  es  triangulai",  muy  aguda  en  el  vértice  y  plana  y  depri- 
mida en  la  región  frontal,  mide  siete  centímetros  desde  el 
extremo  anterior  de  la  cara  hasta  el  principio  del  cuello.  El 
hocico  es  truncado  y  tiene  la  placa  facial  casi  en  triángulo  v 
convexa,  más  alta  que  ancha. 


IG  LOS  OFIDIOS  VEiNENOSOS 

No  presenta  en  la  cabeza  más  placas  que  las  siipra-oculares^. 
elípticas  y  lisas,  que  cubren  los  ojos.  Estos  son  salientes,, 
oblongos  y  con  la  pupila  hendida  en  sentido  vertical.  Al 
lado  de  la  placa  facial  están  dos  placas  nasales,  superior  é 
inferior.  Sobre  la  primera  se  abren  las  narices.  Inmediata- 
mente después,  hacia  atrás,  se  encuentran  las  /'osetas^  muy 
abierta^  y  profundas.  La  boca,  partida  en  casi  toda  la  longi- 
tud de  la  cabeza,  está  armada  de  dos  colmillos  acanalados, 
de  dos  centímetros  de  largo,  corvos  y  ocultos  debajo  del 
maxilar  superior.  Las  escamitas  de  la  cabeza  son  negras^ 
aquilladas,  muy  finas  y  superpuestas.  Por  debajo  del  maxi- 
lar inferior,  las  escamas  parecen  más  bien  placas  blancas, 
lisas  V  coriáceas.  La  coloración  es  de  un  fondo  castaño 
oscuro,  con  dos  líneas  amarillas  (color  de  paja)  en  cada  lado 
de  la  cabeza.  Estas  líneas  parten  de  las  placas  supra-orbita- 
rias  y  siguen  oblicuamente  hacia  atrás  y  afuera,  hasta  los 
límites  de  la  región  cervical.  El  dorso,  que  es  moreno,  está 
marcado  con  líneas  oblicuas,  amarillas,  en  forma  de  losanges 
irregulares,  alternando  con  manchas  negras  de  reflejos 
aterciopelados.  La  cola,  corta  con  relación  al  cuerpo,  mide 
doce  centímetros  de  longitud;  es  cónica,  con  urostegos  bise- 
riados  y  termina  en  aguijón  semejante  á  una  punta  de 
alesna.  La  cara  inferior  es  de  color  amarillo  sucio,  y  está 
con  puntos  de  negro  azuloso,  como  el  color  de  la  pizarra. 

Tal  es  el  tipo  de  la  peio  de  gato  del  Cauca.  Existen  varie- 
dades en  el  fondo  de  la  coloración,  ya  negra,  ya  castaña 
oscura,  con  manchas  losángicas  de  color  gris  ó  de  choco- 
late, más  ó  menos  subidas;  pero  todas  tienen  los  caracteres 
que  acabamos  de  señalar. 

Estas  serpientes  abundan  en  los  climas  templados,  de  18  á 
22°  del  termómetro  centígrado,  hasta  una  altura  de  1200  á 
1300  metros  sobre  el  nivel  del  mar,  en  las  montañas  que 
circundan  el  valle.  Habitan  en  las  cañadas,  en  medio  de  los 


DEL  CAUCA.  17 

matorrales,  y  en  las  lomas  enmalezadas  vecinas  á  la  montaña. 
Vov  fortuna,  se  retiran  á  lo  más  espeso  del  bosque  y  duer- 
men mucho  durante  el  día.  En  las  primeras  horas  de  la 
mañana,  sobre  todo  después  de  las  lluvias,  salen  á  calentarse 
en  los  claros  de  la  montaña,  donde  se  las  encuentra  estira- 
das, recibiendo  los  rayos  del  sol ;  en  tanto  que  en  las  prime- 
ras horas  de  la  noche  empiezan  sus  excursiones  de  cacería 
contra  sapos,  ratas,  conejos  y  aves.  Los  dos  extremos  del 
día  (cinco  á  nueve  de  la  mañana  y  cinco  á  nueve  de  la 
noche),  son  pues  las  horas  más  peligrosas  para  andar  en  las 
montañas;  porque  se  tropieza  fácilmente  con  estos  reptiles. 
Es  una  precaución  útil  la  de  cerrar  á  esas  horas  las  puertas 
de  las  habitaciones,  cuando  las  familias  van  á  pasar  los 
ardores  del  verano  en  los  climas  templados  de  la  Cordillera. 

Todos  los  animales  se  aterran  cuando  ven  á  las  serpientes  ; 
el  caballo  bufa  y  se  aparta  temblando  fuera  del  camino; 
la  muía  da  un  resoplido,  retrocede  asustada  y  no  hay  poder 
humano  que  la  obligue  á  pasar  cerca  del  reptil;  las  aves  de 
corral  dan  voces  de  alarma ;  los  venados  y  los  conejos  huyen 
despavoridos. 

Los  pajaritos  chillan  cuando  los  sorprende  la  serpiente 
entre  las  ramas,  y  muchos,  aturdidos  por  el  miedo  y  vícti- 
mas de  un  embarazo,  que  les  impide  volar  lejos,  paran  en  la 
boca  abierta  de  su  enemigo.  Este  fenómeno  se  explica  por- 
que los  pájaros  son  de  naturaleza  muy  impresionable  y  pue- 
den fácilmente  amedrentarse.  Si  á  un  pájaro  se  le  acuesta 
sobre  el  dorso  y  se  amenaza  herirle  los  ojos  con  el  dedo, 
tiembla  de  miedo,  estira  los  miembros  y  permanece  mucho 
rato  en  esa  posición,  á  pesar  de  haber  desaparecido  el  dedo 
que  lo  amenazaba.  Si  se  traza  una  línea  blanca  sobre  el 
fondo  negro  de  una  pizarra,  y  se  pone  sobre  la  línea  el  pico 
de  un  pajarito,  pronto  queda  inmóvil  éste,  en  la  postura 
primitiva  hasta  que  un  ruido  lo  saque  de  esa  letargía.  Nada 


is  LOS  OFIDIOS  VENENY)SOS 

de  extraño  tiene  que  á  un  gorrión,  tan  listo  como  es  para 
volar,  le  suceda,  sobrecogido  de  terror  á  la  vista  repentina 
de  su  terrible  enemigo,  lo  que  á  nosotros  en  los  ensueños, 
cuando  batallamos  por  librarnos  de  un  monstruo  :  que  los 
esfuerzos  sean  impotentes  para  huir.  Si  en  aquel  estado 
se  da  un  grito,  se  rompe  la  cadena  misteriosa  que  une  el 
monstruo  á  la  víctima,  ésta  puede  libertarse.  Un  pajarito  se 
revolcaba  de  una  manera  singular,  sin  poder  levantar  el 
vuelo,  cuando  un  viajero,  al  acercarse,  hizo  huir  á  una  culebra 
que  estaba  en  la  orilla  del  camino.  Entonces  el  pajarito  voló 
francamente.  Quiso  Dumeril  demostrar  el  efecto  rápido  del 
veneno  de  las  víboras  en  las  aves,  se  acercó  á  una  serpiente 
con  un  pajarito  en  la  mano,  el  cual  murió  de  miedo,  sola- 
mente á  la  vista  del  reptil,  antes  de  que  la  experiencia  se 
liubiese  verificado.  El  fenómeno,  inexplicable  á  primera 
vista,  depende  en  nuestro  concepto  de  la  paralización  de  las 
fuerzas  físicas,  á  causa  de  un  gran  terror,  más  bien  que  de 
la  acción  en  la  serpiente,  para  hipnotizar  al  pajarito  y  redu- 
cirlo á  obediencia  forzada.  No  todos  los  pájaros  están  sujetos 
á  esta  influencia  del  terror.  Muchos  se  escapan  del  peligro, 
burlan  la  astucia  de  la  víbora  y  aún  la  persiguen  con  encar- 
nizamiento. 

Las  serpientes,  en  lo  general,  andan  apareadas,  como  las 
aves ;  y  como  en  éstas,  los  colores  superficiales  brillan  más 
en  una  que  en  otra. 

Los  campesinos  buscan  la  compañera  de  una  serpiente 
que  han  muerto,  en  el  mismo  sitio  donde  ocurrió  la 
cacería,  y  casi  siempre  la  encuentran  en  la  vecindad  de 
ese  lugar. 

La  pelo  de  gato  no  huye  de  la  presencia  del  hombre  ni  de 
ningún  otro  animal  :  apenas  lo  siente,  avanza  un  poco  más 
adelante,  para  prepararse  en  lugar  adecuado  á  la  lucha 
ofensiva  ó  defensiva.  Lo  mismo  sucede  con  todos  los  otros 


DEL  CAUCA.  19 

¿o/rops'  del  Cauca,  mientras  que  las  culebras,  huyen  liipida- 
menle  cuando  sienten  al  hombre. 

Si  la  serpiente  se  enfurece  por  alguna  provocación,  si  se 
(trnia^  según  la  expresión  vulgar,  forma  un  cono  en  círculos 
concéntricos  sobrepuestos,  cuyo  vértice  lo  constituye  la 
cabeza  sostenida  por  el  cuello  erguido.  Los  ojos  encarniza- 
dos, sobresalen  de  las  órbitas;  abre  la  boca  enrojecida, 
endereza  los  colmillos,  de  dos  centímetros  de  longitud,  y 
mueve  rápidamente  la  bifurcada  lengua. 

Al  aproximarse  la  víctima,  se  desenrolla  con  la  fuerza  y 
rapidez  de  un  resorte,  y  sin  perder  el  suelo,  hiere  oblicua- 
mente las  carnes  con  golpe  como  de  martillo.  Entonces  un 
músculo  constrictor  comprime  el  canal  glandular  y  lanza  un 
chorro  de  veneno  en  el  espesor  de  los  tejidos.  Sucede  á 
veces  que  los  colmillos  penetran  profundamente  en  las 
carnes,  y  con  la  impetuosidad  del  ataque,  la  serpiente  los 
quiebra  al  retirarlos.  No  quedará  por  esto  desarmada,  por- 
que al  lado  del  colmillo  principal  existen  gérmenes  de  otros 
colmillos,  destinados  á  reemplazarlos. 

Es  fácil  aprisionar  á  una  pelo  de  gaio^  por  medio  de  un 
cordón  atado  en  lazo  corredizo  á  la  extremidad  de  una  vara 
muy  larga.  La  obstinación  de  la  serpiente  irritada,  es  tan 
sostenida,  que  permanece  días  consecutivos  armada  en  pre- 
sencia de  un  objeto  que  se  le  ponga  á  cierta  distancia,  como 
un  sombrero  ó  un  pañuelo ;  de  modo  que  da  tiempo  para 
alejarse  y  buscar  una  arma  ó  compañeros  que  ayuden  á 
matarla. 

La  serpiente  es  tenaz  y  vengativa  :  cuando  se  la  ha 
irritado  en  algún  punto,  reaparece,  en  el  mismo  sitio, 
preparada  para  herir.  Hemos  tenido  ocasión  de  ver  á  los 
campesinos  ir  en  busca  de  una  víbora  irritada  que  dejaron 
i'.n  día  antes  en  algún  sitio,  y  encontrarla  allí,  ya  sola,  ya 
en  asocio  de  la  compañera. 


20  LOS  OFIDIOS  VENENOSOS 

La  fecundidad  de  este  reptil  es  asombrosa.  Se  lian  encon- 
trado en  el  interior  de  su  cuerpo  veinticinco,  treinta  y  hasta 
cincuenta  viboreznos  de  diferentes  tamaños,  colocados  á  lo 
largo  del  vientre,  en  forma  de  rosario,  y  envuelto  cada  cual 
en  una  membrana  propia.  Aseguran  los  campesinos  que  los 
primeros  viboreznos  al  nacer,  se  orinan  inmediatamente 
para  atacar  á  los  que  vienen  en  seguida;  y  es  también 
opinión  popular  que  la  madre  devora  ¡i  los  hijos  cuando 
nacen,  escapando  unos  pocos  de  esta  olidofagia.  Debe  existir 
algún  medio  permanente  de  destrucción  de  los  viboreznos, 
porque  son  pocas  relativamente  las  serpientes  pequeñas  que 
se  encuentran  en  las  montañas,  y  porque,  si  todos  los  hijos 
que  se  hallan  en  el  seno  materno  se  procrearan  y  multipli- 
caran en  proporción,  no  se  podría  caminar  en  los  bosques 
intertropicales. 

La  mordedura  de  esta  serpiente  es  mortal  :  unas  doce 
horas  después  del  ataque,  bastan  para  producir  la  muerte,  si 
no  se  aplican  los  remedios  convenientes. 


Equis    del    Cauca. 

[Botrops  rhomboatus). 

Otra  especie  de  botrops^  más  común  en  las  tierras  calientes 
del  valle  que  en  las  montañas  del  Cauca,  es  una  serpiente  de 
un  metro  y  cincuenta  centímetros  de  longitud,  poco  más  () 
menos,  y  de  quince  á  veintidós  centímetros  de  grosor.  Tiene 
la  cabeza  triangular,  con  el  vértice  muy  agudo,  el  cual  ter- 
mina sobre  un  hocico  levantado,  porque  la  placa  hexagonal 
de  la  cara,  es  más  alta  que  ancha.  Á  los  lados  del  hocico  se 
ven  las  aberturas  nasales,  y  más  hacia  ati'ás  las  fosetas 
lacrimales.  Los  ojos,  que  son  oblongos  y  con  la  pupila  ver- 
tical,  llevan  encima,  á    manera   de   párpado   superior,    un 


Pag.  20. 


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DEL  CAVCA.  21 

escudo  liso,  y  elíptico  en  su  forma.  Las  escamas  de  la  cabe/a, 
nquilladas  y  muy  finas,  son  morenas.  I  na  línea  amarilla 
parle  de  la  placa  supra-ocular  y  va  hasta  la  porción  cervical 
del  cuello  deprimido.  En  el  dorso,  sobre  fondo  de  color  bazo, 
sobresalen  líneas  oblicuas  de  tinte  amarillo  de  paja,  las  que 
forman  entre  sí  rombos  regulares  y  visibles  en  la  mitad 
del  cuerpo,  separados  unos  de  otros  por  mancluis  negras. 
En  su  conjunto,  las  líneas  amarillas,  que  forman  los  rombos, 
describen  X,  de  donde  viene  el  nombre  vulgar  de  esta  ser- 
piente.  En  los  costados,  entre  las  escamas  del  vientre  y  las 
del  dorso,  existe  un  cordón  sinuoso  de  escamas  amarillas, 
que  hacen  entradas  en  los  espacios  negros  que  separan  los 
rombos.  La  cola,  cónica  y  obtusa,  mide  once  centímetros, 
no  termina  en  aguijón  como  en  la  especie  anterior,  y  está 
cubierta  de  escamas.  Los  urostesos  son  biseriados;  la  cara 
inferior  del  cuerpo,  de  color  negro  de  pizarra,  con  puntos 
amarillos.  Algunas  de  estas  serpientes  son  grises  y  designa- 
das por  los  naturales  con  el  nombre  de  equis  ruñns. 

Habitan  en  los  bosques  espesos,  á  orillas  de  los  ríos 
afluentes  del  Cauca,  en  el  Guachal,  el  Bolo,  el  Amaime,  etc., 
y  en  los  cañaverales  de  las  haciendas.  Cuando  se  limpian 
estas  plantaciones,  los  obreros  encuentran  un  gran  número 
de  equis  amarillas. 

En  las  dehesas  de  guinea  ó  de  paní,  que  son  las  de  pastos 
cultivados  en  el  valle  para  engordar  los  ganados,  estas 
enormes  serpientes  hacen  mucho  daño  cuando  sientan  sus 
viviendas  y  las  de  sus  hijos  cerca  de  los  abrevaderos.  Enton- 
ces aparecen  muertos  los  toros  (mordidos  en  el  hocico  por 
las  serpientes  venenosas),  con  tanta  frecuencia,  que  los 
dueños  del  rebaño  se  ven  obligados  á  abrir  campaña  contra 
ellas  y  á  ponerse  en  acecho  para  matarlas  con  armas  de 
fuego.  Un  medio  más  cómodo  ])ara  destruirlas  es  el  de 
colocar  leche  con  estricnina  en  disolución  en  las  cercanías 


22  LOS  OFIDIOS  VENENOSOS 

del  lugar  donde  se  supone  que  habitan.  Las  serpientes  gus- 
tan de  este  alimento  y  mueren  envenenadas.  Otro  medio  de 
matarlas  consiste  en  prender  fuego  cuando  la  sequedad  de 
los  pastos  lo  permite.  La  obstinación  de  las  serpientes  en 
el  combate  las  hace  perecer  entre  las  llamas. 


La  Taya  del  Cauca  ó  Cabeza  de  lanza 

{Botrops  lanceolatuít.). 

Esta  serpiente  es  una  de  las  más  temibles  en  el  Cauca, 
por  la  actividad  de  su  veneno.  De  un  fondo  de  color  ama- 
rillo, ó  moreno,  marcado  con  manchas  de  color  castaño 
á  los  lados  del  cuerpo  prismático,  mide  una  longitud  de 
120  centímetros.  La  cabeza  muy  apkistada  y  de  ancha  base, 
tiene  una  longitud  de  6  centímetros,  y  á  ella  sigue  un  cuello 
delgado  y  comprimido.  Es  notable  porque,  además  de  las 
escamitas  aquilladas  y  de  los  escudos  supra-oculares,  pre- 
senta unas  escamas  grandes,  que  forman  los  bordes  ante- 
riores de  la  cabeza,  desde  los  ojos  hasta  el  liocico.  y  encie- 
rran un  espacio  triangular,  cuyos  ángulos  son  formados  por 
el  hocico  hacia  adelante  y  los  dos  ojos  hacia  atrás.  Este 
esj)acio  representa  la  punta  de  una  lanza,  de  donde  viene  el 
nombre  de  cabeza  de  lanza  dado  á  la  serpiente.  La  placa 
facial  es  más  ancha  que  alta,  los  agujeros  de  las  narices 
están  situados  muy  cerca  de  la  extremidad  del  hocico  ;  las 
fosetas  son  muy  pronunciadas.  Los  ojos,  oblicuos,  ovales  y 
grandes,  tienen  la  pupila  vertical.  Dos  líneas  laterales,  de 
color  amarillo,  van  de  los  ojos  á  la  región  posterior  de  la 
cabeza.  Los  venenosos  colmillos  son  muy  grandes  y  agudos. 
La  parte  inferior  del  cuerpo  es  de  color  moreno  con  puntos 
amarillos.  La  cola,  que  es  de  urostegos  biseriados  y  sin 
aguijón,  tiene  una  longitud  de  12  centímetros. 


Pag-  22 


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La  t(i¡i(i  del  Cauca,  de  color  pardo  ó  amarillo,  es  muy 
parecida  á  la  fierro  de  lanza  ó  víbora  amarilla  de  la 
Martinica;  habita  en  el  valle  del  Salado  y  en  las  montañas 
circunvecinas;  se  encuentra  en  las  plantaciones  de  caña  y  á 
orillas  de  los  grandes  ríos  del  Cauca. 


La  Verrugosa  del  Chocó. 

( Botrops  acrochordus) . 

He  aquí  la  más  grande  y  la  más  feroz  de  las  serpientes 
venenosas  del  Cauca.  Habita  en  las  selvas  del  Chocó,  á 
orillas  de  los  ríos  Atrato,  San  Juan,  Dagua  y  Telembí,  y  es 
el  terror  de  los  bogas  y  de  los  peones  en  el  camino  de  Buena- 
ventura. Su  talla  es,  poco  más  (3  menos,  de  dos  y  medio 
metros,  y  gruesa  como  el  brazo  de  un  hombre  robusto. 

El  volumen  considerable  de  la  verrugosa^  nos  ha  dificul- 
tado el  conservar  en  el  alcohol  el  animal  entero  ;  pero  posee- 
mos de  esta  manera  una  cabeza  perteneciente  á  ese  ofidio, 
la  cual  mide  once  centímetros  del  hocico  á  la  región  cervical 
y  siete  centímetros  al  través,  en  la  parte  más  ancha,  al 
nivel  de  las  comisuras  de  los  labios.  Esta  cabeza  es  convexa 
sobre  el  occipital,  y  un  poco  deprimida  en  la  región  frontal. 
Sus  escamas,  yuxtapuestas,  parecen  conos  con  aristas,  dis- 
posición que  le  da  á  la  piel  un  aspecto  granuloso.  Al  tocarla, 
produce  una  sensación  de  escofina;  porque  las  escamas 
parecen  tubérculos  ó  verrugas,  de  donde  vienen  los  nombres 
científico  y  vulgar  acrochordus^  voz  griega  que  significa 
verruga.  La  coloración  es  morena  pálida  ó  de  fondo  color 
de  chocolate,  con  manchas  negras  irregulares.  Una  línea  de 
color  castaño  se  extiende  lateralmente  desde  cada  ojo  hasta 
el  borde  posterior  de  la  eminencia  mastoidea,  que  forma 
relieve  sobre  la  depresión   del  cuello.  El  hocico  es   alto  y 


24  LOS  OFIDIOS  VENENOSOS 

truncado  ;  la  placa  facial,  perfectamente  trianiiiilar.  Las  na- 
rices, muy  salientes,  se  abren  hacia  arriba  en  el  borde  del 
ángulo  agudo  de  la  cabeza.  Las  fóselas  lacrimales,  enormes 
y  profundas,  están  adelante  de  unos  ojos  redondos  con 
pupilas  verticales,  cubiertos  por  encima  con  una  placa  en 
forma  de  óvalo,  parecida  á  un  párpado  acanalado  en  su 
mayor  diámetro.  La  boca  profundamente  hendida,  tiene 
6  centímetros  del  hocico  á  la  comisura  labial,  y  oculta  dos 
colmillos  acerados,  de  2  1/2  centímetros  de  largo.  Debajo 
del  maxilar  inferior,  una  hendidura  media,  bastante  pro- 
funda, divide  á  éste  en  dos  quijadas,  cuya  superficie  triangu- 
lar está  cubierta  de  escamas  blancas,  lisas,  ovales,  que 
semejan  el  tejido  ordinario  de  la  paja  en  un  sombrero  de 
Suaza  ó  de  Panamá.  Los  escudos  ventrales  son  igualmente 
blancos,  y  la  cola,  ciniica,  termina  por  un  aguij(')n  en  forma 
de  uña. 

A  este  ofidio  se  refieren  las  leyendas  más  singulares,  con- 
tadas por  los  que  han  viajado  en  los  Choc()es.  A])unda  en  lo& 
bosques,  en  donde  se  la  oye  gritar  con  sonidos  semejantes 
al  cacareo  de  la  gallina.  Se  introduce  á  viva  fuerza  en  las 
canoas  de  los  bo^as;  ronca  durante  el  día  cuando  duerme 
envuelta  en  espirales;  acecha  al  viajero  en  los  caminos; 
golpea  con  el  aguijón  de  la  cola  las  raíces  de  los  árboles, 
para  asegurarse  y  levantarse  enhiesta  como  una  vara  y 
medir  el  tiro  á  una  distancia  tan  larga  como  es  su  cuerpo, 
de  donde  trae  con  fuerza  formidable  á  la  víctima.  Un  hombre 
cargado  con  su  fardo,  una  muía  con  su  carga,  lian  caído  á 
la  violencia  de  su  tracción.  Se  dice  que  una  vez  que  el 
viajero  se  ha  puesto  dentro  de  su  radio  de  acción,  la  ser- 
piente y  el  hombre  quedan  cara  á  cara,  resolviendo  el  pro- 
blema de  la  vida  ó  de  la  muerte.  Si  el  hombre  no  tiene  arma 
en  la  mano,  debe  resolverse  á  extrangular  al  monstruo, 
empuñándolo  con  fuerza  atlética  por  la  garganta,  y  cual  otro 


DKL  CAICA.  2S 

Laoconte,  sostenei-  sus  mieml)ros  oprimidos  cnire  las  espi- 
rales del  ofidio,  que  no  larda  en  envolverse,  hasta  que  se 
le  obligue  ií  atlojar  los  anillos.  En  todo  esto  puede  liaber 
algún  fondo  de  verdad;  pero  también  mucho  de  fantástico  y 
de  maravilloso. 

Llegamos  ahora  al  estudio  de  nuevas  especies,  separadas 
por  el  Profesor  Andrés  Posada  Arango  del  género  botrops, 
para  formar  el  nuevo  género  thanatophis  cuyos  caracteres  ya 
dejamos  anotados  Caben  en  este  género  muchas  especies 
desconocidas  hasta  hoy  por  los  naturalistas  de  Europa. 


La  Veinticuatro  del  Cauca. 

[Thanatophis  paloqiiillti,  de    l^osada    Arango). 

«  Serpiente  de  pequeña  talla,  30  á  40  centímetros  de  largo 
y  como  12  milímetros  de  diámetro;  de  cola  aguda,  igual  á 
1/H  de  la  longitud  total.  Su  cabeza  es  mucho  más  ancha  que 
el  cuello,  triangular,  plana,  pero  levantada  en  el  hocico  por 
tener  la  placa  rostral  más  alta  que  ancha.  Las  escamas  cefá- 
licas son  imbricadas  y  aquilladas,  como  las  del  cuerpo;  las 
placas  supra-oculares  simples  y  lisas,  las  nasales  dobles;  las 
fosetas  lacrimales  bien  marcadas,  i^or  encima  es  de  color 
bruno  ó  moreno  con  manchas  oscuras  y  poco  aparentes;  los 
costados  y  el  vientre  son  blanquecinos,  pero  salpicados  de 
manchitas  negruzcas,  que  le  dan  un  aspecto  porfiroide.  Las 
escamas  del  dorso  están  dispuestas  en  17  ó  18  series  » 

Habita  las  regiones  bajas  del  Departamento  de  Anlioquia, 
en  donde  se  le  conoce  con  el  nombre  de  patoquilla,  y  en  el 
Cauca,  en  las  montañas  del  valle  del  Salado  y  á  orillas  del 
río  Dagua,  en  donde  la  designan  con   el  nombre  de  veind- 


26  LOS  OFIDIOS  VENENOSOS 

cuatro^  porque,    dicen,    causa  la  muerte  veinticuatro  horas 
después  de  la  mordedura. 


La    Hilván. 

{Thanatophis  siiliis,  de  Posada  Arango). 

Esta  serpezuela  llama  la  atención  porque  á  lo  largo  del 
dorso,  sobre  el  cuerpo  comprimido,  presenta  una  sutura 
saliente,  especie  de  hilván  blanco  que  divide  el  dorso  en  dos 
mitades  laterales ;  y  porque  tiene  el  hocico  prolongado  hacia 
arriba,  en  punta  blanda,  cónica  y  cubierta  de  escamitas. 

De  tres  individuos  que  hemos  reunido,  el  más  grande 
mide  30  centímetros  de  largo  y  5  centímetros  de  circunfe- 
rencia. El  cuerpo  es  comprimido,  prismático  y  de  color 
gris  oscuro;  presenta  por  encima,  á  lo  largo  del  dorso,  una 
especie  de  m/e  saliente.  Á  cada  lado  del  rafe  blanco,  existe 
una  serie  de  puntos  del  mismo  color  con  los  rebordes  negros, 
alternando  los  de  un  lado  con  los  del  lado  opuesto.  La  cola 
tiene  3  centímetros  de  longitud,  con  urostegos  uniseriados; 
el  vientre  es  de  color  gris  pálido,  con  puntos  morenos.  La 
cabeza,  triangular  y  con  el  hocico  levantado  y  puntiagudo, 
recuerda  por  su  aspecto  la  de  la  víbora  amodita ;  las  placas 
supra-oculares  son  lisas  y  cubren  por  el  borde  externo  los 
ojos  sobresalientes.  Las  narices  y  las  fóselas  se  observan 
fácilmente.  Las  escamas  de  la  cabeza,  así  como  las  del 
cuerpo,  son  aquilladas  é  imbricadas. 

Habita  en  las  montañas  de  San  Antonio  y  del  Dagua,  en 
el  Departamento  del  Cauca,  y  en  Antioquia,  en  el  Distrito 
de  Zea.  Esta  especie,  lo  mismo  que  la  anterior,  se  oculta 
fácilmente  entre  las  hojas  secas  del  suelo,  queda  inadvertida, 
y  muerde  en  el  pie  ó  en  el  tobillo. 


•pag.  Z8. 


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THANATOPHIS     COLGADURA 


Pag.  27. 


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La   Colgadora.....  .        Thanatophis    colgadora. 


LA     COLGADORA 


DEL  CAUCA.  -27 

La  Colgadera  del  Cauca. 

'  {Tftanatophis   cnlgainra,    de   E.  García). 

Otra  especie,  nueva  en  nuestro  concepto,  es  una  serpiente 
verde,  muy  particular  en  su  conformación  y  en  sus  hábitos, 
que  se  cría  en  la  cordillera  Occidental  de  los  Andes,  en 
Calima,  en  Dapa,  en  San  Antonio  y  en  otros  sitios  de  das 
montañas  del  Cauca.  Los  naturales  la  designan  con  el  nom- 
bre de  colgadora;  porque  se  suspende  por  la  cola  de  las 
ramas  de  los  árboles,  se  balancea  en  el  aire,  y  en  esta  posi- 
ción se  arma  cuando  siente  al  hombre. 

Esta  serpiente,  de  color  verde  azulado,  es  de  aspecto  ho- 
rroroso; porque  las  escamas,  aquilladas  é  imbricadas,  desde 
la  cabeza  hasta  la  cola,  son  relativamente  grandes  y  erguidas. 
La  cabeza,  triangular  y  aplastada,  mide  38  milímetros  del 
vértice  al  borde  cervical,  y  presenta  en  la  parte  media 
posterior  una  canal  formada  por  dos  eminencias  mastoideas 
sobresalientes.  El  hocico,  muv  aplanado,  presenta  la  placa 
facial  más  ancha  que  alta ;  las  aberturas  de  las  narices, 
notables,  y  las  fóselas,  profundas,  adelante  y  hacia  abajo 
de  ios  ojos  redondos.  Estos  ofrecen  en  el  borde  superior 
unas  espinas  ó  escamas  erizadas  que  limitan  el  lado  externo 
de  las  placas  supra- oculares,  que  son  lisas.  Por  debajo  de  las 
mandíbulas,  las  escamas,  de  color  blanco  amarilloso  y  lisas, 
están  separadas  en  la  parte  media  por  una  depresión  tan 
profunda,  que  toman  el  aspecto  de  verdaderas  quijadas.  El 
cuello  es  delgado  en  relación  con  la  cabeza,  muy  compri- 
mido y  parece  prismático,  lo  mismo  que  el  resto  del  cuerpo, 
el  cual  mide  75  centímetros  de  longitud.  La  cola  parte  de 
una  depresión  notable,  tiene  8  centímetros  de  longitud 
y  es  p}'ehe?isíl  como  la  del  motio.  Las  escamas  anchas    del 


28  LOS  OFIDIOS  VENENr>SOS 

vientre,  de  color  uniforme   verde  amarilloso,  terminan    en 
una  sola  hilera  de  la  cola. 

La  colgadora  es  muy  irascible,  acude  al  golpe  del  machete 
sobre  el  tronco,  enrolla  la  cola  en  las  ramas  y  ofende  al 
pasajero.  Pira  alto  como  dicen  los  montañeses;  rara  vez 
anda  por  el  suelo;  permanece  en  la  copa  de  los  árboles; 
duerme  entre  las  ramas;  se  nutre  de  insectos  y  de  ranas,  y 
sorprende  á  los  pajaritos  en  su  nido.  Su  veneno  no  es  tau 
activo  como  pudiera  temerse. 


La  CascabeL  —  Boiquira. 

[Crotahis  horridus  de  Linneo). 

Aun  cuando  no  hemos  encontrado  esta  serpiente  en  el 
Departamento  del  Cauca,  daremos  una  descripción  de  ella, 
por  ser  el  tipo  de  la  familia  de  las  Crotnlidas  y  porque  habita 
en  el  vecino  Departamento  del  Tolima  y  en  otras  secciones 
de  Colombia. 

Como  lo  indica  su  nombre,  la  cascabel  se  distingue  ])or  la 
presencia  en  la  cola  de  unas  cápsulas  córneas  embutidas 
unas  en  otras,  cuyo  número  aumenta  con  la  edad,  y  produce 
al  moverse  un  sonido  semejante  al  de  los  fríjoles  contenidos 
en  las  vainas  secas.  Este  sonido  especial  advierte  al  hombre 
y  á  los  animales  la  presencia  del  oíidio.  La  cascabel  habita 
lugares  secos,  pedregosos  y  calientes,  en  las  orillas  de  los 
arroyos  y  de  los  caminos,  á  donde  vienen  los  animalillos  que 
ella  atisba  para  tragárselos.  El  ganado  vacuno,  que  se  cuida 
poco  de  los  hotrops^  se  relira  de  las  laderas  secas  en  donde 
abunda  este  reptil,  á  la  caída  de  la  tarde,  hora  en  que 
empieza  la  cacería  de  las  serpientes.  El  más  teri'ible  de  los 
solenoglifos,  la  cascabel.,  no  existe  en  el  valle  del  Cauca,  no 


DEL  CAUCA.  29 

«abemos  si  se  encuentra  en  el  Chocó,   pero   abunda   en  el 
Tolinia  y  en  la  hoya  del  Ma^^dalena. 

Pertenece  al  i^énero  de  las  crol.nUda.s^  caracterizado  por  la 
presencia  de  placas  sobre  la  parte  anterior  de  la  cabeza,  la 
cual  está  cubierta  de  pequeñas  escamas  aqu ¡Hadas,  notables 
por  los  cascabeles  en  la  extremidad  de  la  cola.  Su  tamaño  es 
hasta  de  2  metros,  y  su  picadura,  fatalmente  mortal.  La 
cascabel  de  la  América  del  Sur,  es  conocida  también  con  el 
nombre  de  l)u¡qnira. 

Un  amigo  nuestro,  que  ha  vivido  en  hacienda  de  la  Cordi- 
llera, nos  contaba  que  cuando  se  divertía  haciendo  sonar  el 
clarinete  <>  la  llanta  durante  las  primeras  horas  de  la  noche, 
algunas  culebras  invadían  con  frecuencia  su  pieza  de  habi- 
tación. Se  dice  que  los  ofidios  no  son  insensibles  á  los  soni- 
dos de  la  música.  AP.  de  Chateaubriand  se  expresa  á  este 
respecto  de  la  manera  siguiente  : 

<t  En  el  mes  de  Julio  de  1791  viajábamos  en  el  alto  Canadá, 
con  algunas  familias  salvajes  de  la  nación  de  los  Ounotrag- 
nes.  Un  día  que  nos  detuvimos  en  una  pradera  á  orillas 
del  río  Genedí,  una  serpiente  cascabel  penetró  en  nuestro 
campamento.  Había  entre  nosotros  un  Canadense  que  tocaba 
la  flauta  y  quiso  divertirnos  con  su  arma  de  nueva  especie. 
Al  aproximarse  al  soberbio  reptil,  formó  de  repente  una 
espiral,  aplanó  la  cabeza,  infló  las  mejillas,  contrajo  los 
labios,  mostró  los  colmillos  envenenados  y  la  garganta 
enrojecida.  La  lengua  horquillada  se  movía  rápidamente 
afuera;  los  ojos  brillaban  como  carbones  encendidos;  el 
cuerpo  inflado  de  rabia  subía  y  bajaba  como  un  fuelle;  la 
piel  se  veía  erizada  de  escamas;  la  cola  daba  sonido  siniestro, 
oscilando  con  la  rapidez  de  un  ligero  vapor.  Entonces  el  Cana- 
dense  comenzó  á  tocar  la  flauta;  la  serpiente  hizo  un  movi- 
miento de  sorpresa,  retiró  la  testa  hacia  atrás  y  cerró  poco 
á  poco  la  garganta  inflamada.  Á  medida  que  el  efecto  mágico 


30  LOS  OFIDIOS   \'ENENOSOS 

la  fascina,  los  ojos  pierden  la  fiereza,  las  vibraciones  de  la 
cola  cesan  y  el  ruido  que  hacía  oir,  se  disminuye  y  mueve 
por  grados.  Menos  perpendiculares  sobre  la  línea  espiral  las 
roscas  de  la  serpiente  se  ensanclian,  y  unas  tras  otras  caen 
en  tierra  en  círculos  concéntricos;  las  escamas  de  la  piel  se 
bajan  y  Loman  su  brillo  natural;  vuelve  ligeramente  la 
cabeza,  y  permanece  inmóvil  en  actitud  de  atención  y  de 
placer.  En  esos  momentos  el  Canadense  se  retira  tocando  la 
flauta  con  sonidos  lentos  y  monótonos;  el  reptil  baja  el 
cuello,  separa  las  yerbas  con  la  cabeza,  y  sigue  serpeando 
los  pasos  del  músico  que  la  seduce,  deteniéndose  cuando 
aquél  se  detiene  y  siguiéndole  cuando  se  aleja.  Así  fué 
conducida  fuera  de  nuestro  campamento  en  medio  de  una 
multitud  de  espectadores  que  apenas  creían  lo  que  estaban 
viendo,  n 


Equis  Rabo  de  chucha  (1)  del  Cauca. 

{Lachesis  imitus). 

Esta  especie  de  serpientes  venenosas  habita  de  preferencia 
en  las  lomas  secas  y  pedregosas  del  Cauca.  Se  distingue  por 
la  cola  (desnuda  de  escamas  2  ó  3  centímetros  antes  de  la 
terminación)  que  es  de  color  blanco  amarilloso.  El  nombre 
vulgar  proviene  de  que  se  compara  la  extremidad  blanca  de 
la  cola,  con  la  de  un  marsupial  rapaz,  didelfo  de  América, 
que  hace  carnicería  en  las  aves  de  corral  durante  la  noche. 
Esta  serpiente,  de  color  castaño  con  sombi'as  grises,  no  pasa 
de  75  centímetros  de  longitud,  y  presenta  además  todos  los 
otros  caracteres  de  los  Botró/idos. 

Tenemos  en  nuestra  colección  una  serpecilla  de  30  centí- 

(1)  Chucha  011  el  Cauca  y  AnUoquia.  Runcho  en  Cvmdinamarca.  Sarigues 
en  Francia. 


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DEL  CAUCA.  31 

metros  de  longitud,  de  color  i;ris  pálido,  mosqueada  con 
puntos  redondos  morenos  en  el  dorso,  semejantes  á  los 
puntos  negros  que  marcan  la  superíicie  de  los  dados.  La  cola 
es  cilindrica,  blanca  y  desprovista  de  escamas  desde  3  cen- 
tímetros antes  de  su  terminación.  La  punta  es  rugosa  ó 
espinosa. 

En  la  cabeza,  las  escamitas  aquilladas  grises,  forman  en 
el  fondo  de  las  escamas  morenas  una  cruz  griega  suspendida 
de  un  cordón  de  rosario.  Una  línea  morena  parte  de  los 
ojos  y  va  á  la  comisura  posterior  de  los  labios.  Los  ojos, 
redondos,  de  color  blanco,  están  cubiertos  por  encima  con 
la  placa  supra-ocular  oval  de  color  gris;  el  liocico,  muy 
levantado,  preséntala  placa  facial  acanalada  en  su  longitud; 
á  los  lados  del  bocico  se  ven  las  aberturas  nasales  y  las  pro- 
fundas fosetas  lacrimales.  Los  colmillos  venenosos  son  muy 
visibles  V  tienen  un  centímetro  de  longitud. 

Habita  en  las  montañas  del  Dagua.  La  designaremos  con 
el  nombre  de  Lachesis  ¡lunctatirs. 


Serpientes  corales. 

Existen  variedades  del  género  Elaps^  en  el  valle  y  en  las 
cordilleras  del  Cauca. 

Notables  en  lo  general  por  la  coloración  de  rojo  subido, 
interrumpido  por  anillos  negros,  alternados  con  otros  de 
color  verde  blanquizco,  las  corales,  consideradas  por  algunos 
como  inofensivas,  por  otros  como  serpientes  temibles,  están 
boy  clasificadas  entre  los  ofidios  que  poseen  un  aparato 
venenoso,  con  colmillos  en  la  parte  posterior  de  la  boca.  La 
cabeza,  que  es  aplastada,  la  tienen  cubierta  de  grandes  placas 
poligonales,  una  anterior  y  dos  posteriores;  se  conexiona 
insensiblemente  con  el  cuerpo,  que  es  de  grosor  casi  igual  al 
de  la  cabeza,  tapizado  de  escamas  lisas  y  oblongas;  la  cola 


32  LOS  OKIDIOS  VENENOSOS 

es  corta,  obtusa,  casi  del  mismo  grosor  que  el  cuerpo  y 
tiene  las  escamas  inferiores  colocadas  en  doble  fila.  La  boca 
-es  pequeña,  con  los  maxilares  poco  dilatables,  y  los  colmillos, 
recorridos  por  un  conducto  microscópico,  están  situados 
-atrás,  en  el  maxilar  superior,  lo  que  les  impide  inocular 
fácilmente  el  veneno.  Sin  embargo,  se  citan  casos  de  acci- 
dentes y  aun  de  muerte  producidas  por  la  mordedura  de  la 
coral.  Su  cuerpo,  pequeño  en  las  especies  que  habitan  la 
montaña,  adquiere  proporciones  más  grandes  en  las  de  las 
selvas  del  valle.  Se  nutre  de  insectos,  de  ranas,  de  sapos  y 
lagartos  pequeños,  y  se  oculta  en  las  grietas  de  la  tierra. 

Las  especies  más  comunes  en  el  Cauca,  son  :  la  coral  del 
ralle  (Elaps  coraUhim)  de  Merren,  que  tiene  color  de  ber- 
mellón, con  anillos  negros,  alternados  con  verdosos  blan- 
quizcos. Alcanza  poco  más  de  un  metro  de  longitud. 

La  coral  cabeza  de  rhorho  [Cnhiher  formo.sii.s  de  ^^'iedl  con 
^1  cuerpo  negro  en  la  parte  superior,  anillado,  de  color  verde 
amarilloso,  y  de  color  rojo  en  los  dos  tercios  posteriores, 
con  los  mismos  anillos  verde  amarillosos.  Las  placas  de  la 
cabeza  son  rojas  y  negras,  parecidas  en  el  color  al  fruto  del 
chocho  ó  jequiriqui  [Abras  precatorins  de  Wild).  Habita  en 
Calima,  en  Dapa  y  en  la  cordillera  Occidental. 

Otra  roral  [Colaber  venasímhnus  de  Wied)  tiene  el  cuerpo 
rojo  pálido,  con  anillos  negros,  dobles,  separados  por  fajas 
verdoso-blanquizcas.  La  cabeza  es  pequeña,  negra  y  con 
placas  verdoso-blanquizcas  aterciopeladas. 

Elaps  marcgravii  (Wied).  Culebra  coral  de  tres  anillos, 
culebra  de  ponzoña  de  Mocoa. 

Culebra  de  cuerpo  cilindrico,  que  tienen  una  longitud  de 
82  centímetros  y  cuya  cola  termina  en  aguijón.  La  cabeza, 
•casi  del  mismo  grosor  que  el  resto  del  cuerpo,  tiene  nueve 
placas  encima,  distribuidas  así  :  dos  pequeñas  nasales,  dos 


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DEL  CAUCA.  33 

rniís  grandes  situados  atrás,  tres  en  otra  hilera  posterior,  la 
placa  del  medio,  más  grande  que  las  laterales,  en  cuyo  borde 
externo  están  los  ojos,  y  dos  posteriores  largas,  de  forma 
cónica.  A  jiartir  de  la  cabeza,  que  es  de  color  negro,  limitadn 
en  el  cuello  por  un  anillo  rojo,  siguen  tres  fajas  negras, 
anchas  de  \  centímetros,  separadas  por  dos  anillos  angostos 
de  color  blanco,  y  en  seguida  otra  faja  roja.  La  boca,  poco 
extensible,  tiene  un  pequeño  colmillo  venenoso  á  cada  lado 
del  maxihir  superior. 

Esta  culebra  fué  remitida  por  el  señor  D.  Alejandro  Quin- 
tero, Prefecto  del  Caquetá,  residente  en  Mocoa,  junto  con 
otra  coral  de  30  centímetros  de  longitud,  con  anillos  rojos  y 
negros  alternados  unos  con  otros.  La  cola  termina  en  un 
aguijón  agudo,  en  el  cual  no  hemos  encontrado  ningún  con- 
ducto ó  canal  visible  al  examinarlo  por  medio  de  fuertes 
lentes  de  aumento 

Sin  embargo,  el  Sr.  Prefecto  se  expresa  de  esta  ma- 
nera : 

«  Me  dicen  los  Indios  que  el  veneno  de  la  pequeña  mata 
velozmente;  que  un  individuo  picado  con  el  aguijón,  no 
alcanza  á  vivir  una  hora;  á  veces  pica  con  la  boca,  pero  no 
produce  efecto  alguno  esa  picadura.  Mi  padre  refería  que  en 
el  año  de  18G0,  cuando  estuvo  de  Prefecto  aquí,  conoció  en 
el  istmo  de  Bermeja  la  coral  de  ponzoña,  diciéndonos  que 
quiso  coger  una  que  encontró  en  el  camino ;  pero  uno  de  los 
indios  que  le  acompañaban  á  pesar  del  respeto  que  le  tenía, 
al  verle  que  iba  á  apoderarse  de  la  culebra,  le  hizo  caer  para 
atrás,  advirtiéndole  que  esa  culebra  tenía  ponzoña.  Demos- 
traron su  aserción  poniendo  al  alcance  de  la  culebra  aprisio- 
nada un  palo  podrido  en  el  cual  introducía  el  aguijón,  y  al 
acercarle  la  hoja  de  un  cuchillo  se  oía  el  retint'ni  que  pro- 
ducían los  golpes  del  aguijón.  Según  los  informes  que  he 
podido  recoger,  la  coral  de  ponzoña   tira   saetazos  con  su 


34  LOS  OFIDIOS  VENENOSOS 

aguijón  de  la  cola  y  con  una  celeridad  semejante  á  la  de  una 
aguja  de  la  máquina  de  coser.  » 

Sería  muy  notable  que  hubiese  ofidios  'con  ponzoña  en  la 
cola.  El  argumento  de  que,  aprisionada,  haga  punzadas  con 
el  aguijíhi,  no  tiene  valor  ])ara  probar  que  tenga  veneno  en 
la  cola.  Fuera  necesario  observar  los  efectos  del  veneno  en 
un  animal  vivo,  y  ver  si  realmente  lo  instila  con  el  aguijón. 
Macerados  como  están  los  ejemplares  que  hemos  recibido, 
no  hemos  logrado  descubrir  conducto  en  el  aguijón  con  que 
termina  la  cola. 

El  bolrox  atrox  del  valle,  tiene  también  aguijón  en  la  cola, 
pica  con  él  la  vara  cuando  se  la  aprisiona  del  cuello  con  una 
horqueta,  pero  no  tiene  veneno  ó  ponzoña  en  la  cola.  Creemos 
que  sucede  lo  mismo  con  la  coral  de  Mocoa,  no  obstante  la 
afirmación  de  los  indígenas.  Se  necesitan  por  lo  menos  obser- 
vaciones minuciosas  para  dar  crédito  á  un  hecho  lan  nota- 
ble en  ofiología. 

Las  serpientes  no  se  sustraen  de  la  ley  general  que  rige  á 
los  animales  en  la  lucha  por  la  vida  sobre  la  haz  de  la  tierra. 
Tanto  especies  que  nacen  armadas  para  el  ataque,  como  las 
que  vienen  al  mundo  inermes  para  la  defensa,  desempeñan 
papel  importante  en  la  guerra  de  destrucción  que  existe  entre 
unas  y  otras.  No  hay  enemigo  pequeño. 

El  hombre  tiene  numerosos  auxiliares  que  le  ayudan  á 
desembarazarse  de  huéspedes  tan  peligrosos.  El  cerdo  es  un 
excelente  compañero  de  colonización  para  facilitar  las  pri- 
meras plantaciones  en  los  bosques  ó  montañas  vírgenes 
infestados  por  los  ofidios.  Es  el  único  cuadrúpedo  que  no  le 
teme  á  la  víbora  :  se  abalanza  sobre  ella  aun  cuando  esté 
preparada  para  herir;  recibe  sin  cuidado  el  golpe  sobre  la 
capa  grasosa  que  protege  el  cuello;  eriza  las  cerdas  duiante 
la  lucha,  para  aprisionarla  con  las  pezuñas  de  las  patas,  y 


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DEL  CAUCA.  3o 

las  masca  dundo  gruñidos  de  saLisfaccióii.  Dicen  los  campe- 
sinos que  el  puerco  se  pone  nir'io  meses  después,  cuando  las 
serpientes  lo  han  mordido. 

El  gato  cuida  de  la  habitación  del  montañés  y  persigue  con 
tenacidad  las  culebras  venenosas.  Eriza  los  pelos  del  cuerpo, 
se  enarca,  se  estira,  salta  á  uno  y  otro  lado  de  la  serpiente 
armada,  la  burla  con  el  copo  de  la  cola,  que  le  presenta  para 
que  muerda  en  falso,  la  hiere  con  destreza  y  al  íin  la  obliga 
á  huir. 

Hay  unos  insectos  pequeños,  numerosos  y  feroces  en  el 
ataque  :  son  las  hormigas  carniceras  ó  cazadoras.  Formadas  en 
legiones  invaden  las  casas  por  todos  los  costados;  marchan 
desplegadas  en  guerrillas;  rondan  los  huecos  de  las  paredes 
y  las  grietas  de  los  entablados,  y  acaban  con  los  grillos,  los 
alacranes  y  demás  musarañas  que  invaden  las  habitaciones. 
Algunas  veces  desalojan  de  su  guarida  á  las  serpientes,  las 
que  se  azotan  contra  el  suelo,  desesperadas  por  las  picadu- 
ras de  aquellos  insectos. 

El  úijuUa ^  el  (jaiúlán,  la  yualdicia^  el  guaco  y  otras  aves 
rapaces,  dan  caza  á  las  serpientes.  Cuando  se  queman  los 
pajonales  de  las  lomas,  se  observa  que  alrededor  de  la 
columna  de  humo,  se  cierne  en  el  espacio,  á  pesar  de  la 
fuerza  del  huracán,  un  par  de  águilas  cazadoras.  Un  día 
vimos  una  que  descendió  veloz,  en  línea  recta,  como  la 
varilla  de  un  cohete,  tocó  contra  la  tierra  y  se  levantó  de 
nuevo  en  espirales,  llevando  entre  sus  garras  una  culebra 
que  se  retorcía  en  los  aires.  Con  frecuencia  nos  ha  sucedido 
en  las  excursiones  por  las  montañas,  dejar  colgado  de  alguna 
rama  el  cadáver  de  una  serpiente,  para  recogerlo  á  nuestro 
regreso,  y  no  encontrar  después  señales  del  ofidio  :  el  gavi- 
lán se  lo  había  atrapado. 

El  Serpentario  coposo  de  la  Martinica  hace  guerra  empe- 
cinada á  la  serpiente  ñerro  de  lanza  de  la  Isla.  INada  tan 


36  LOS  OFIDIOS  VENENOSOS 

curioso  como  la  lucha  de  un  Serpentario  con  una  serpiente. 
El  reptil  atacado  se  detiene,  se  endereza  contra  el  enemigo, 
infla  el  cuello  y  da  señales  de  cólera  con  silbidos  agudos. 
«  En  este  momento,  dice  Levaillant,  el  pájaro  de  presa  des- 
pliega el  ala  y  la  pone  por  delante,  como  un  escudo  que  le 
cubre  las  patas  y  la  parte  inferior  del  cuerpo.  La  serpiente 
ataca;  el  pájaro  salta  atrás,  y  vuelve  al  combate  presen- 
tando siempre  al  diente  venenoso  de  su  adversario  la  extre- 
midad del  ala,  hasta  que  se  agota  el  veneno  en  las  plumas 
insensibles.  Entonces  el  ave  da  golpes  vigorosos  con  el  ala 
opuesta,  aturde  á  la  serpiente,  la  arroja  al  aire  con  destreza 
repetidas  veces,  la  mata  á  picotazos  y  la  devora  después  de 
muerta.  » 

Las  culebras  mismas  se  comen  unas  á  otras.  Ya  hemos 
citado  como  ejemplo  de  ofidofagía,  el  hecho,  generalmente 
admitido  entre  los  campesinos,  de  que  las  víboras  devoran  á 
los  viboreznos. 

Nuestro  colega  el  D'  Alfredo  Garcés,  que  habitó  durante 
su  infancia  en  (lalima,  hacienda  situada  en  la  cordillera 
Occidental  de  los  Andes,  ha  tenido  la  complacencia  de  sumi- 
nistrarnos datos  sobre  los  ofidios  y  sus  costumbres;  y  nos 
ha  referido  haber  visto  una  culebra  sabanera^  de  color  gris 
plomizo  en  el  dorso,  y  amarillo  pálido  en  el  vientre  [Cohibci- 
pUanbeus)  que  se  había  tragado  á  oVyü  pelo  de  gato  hasta  la 
mitad  del  cuerpo,  empezando  la  ofidofagía  por  la  cabeza. 

El  hombre  mejora  las  dehesas  en  las  lomas  vecinas  á  la 
montana,  poniéndoles  fuego  á  los  pajonales  durante  los 
veranos,  y  prepara  de  la  misma  manera  las  siembras  en  las 
rocerías  del  valle.  Con  esta  operación  limpia  el  terreno  de 
malezas  y  mata  un  gran  número  de  serpientes,  tanto  más 
cuanto  que  el  botrops  se  bate  pertinaz  contra  las  llamas  del 
fuego  y  al  fin  se  quema  en  el  puesto. 


DEL  CAUCA.  37 

Dicen  los  que  tienen  hatos  de  ganado  en  la  cordillera,  que 
el  vaho  de  las  vacas  ahuyenta  las  víboras.  Se  comprende 
que  la  crianza  de  ganado  en  número  suficiente,  empradiza  las 
lomas  y  deja  á  las  víboras  en  campo  abierto,  expuestas  al 
alaque  de  sus  enemigos.  (Uiando  las  vacadas  descienden  en 
tropel  portas  veredas  de  las  montañas,  maltratan,  aplastan  y 
á  veces  matan  á  las  serpientes  que  encuentran  en  el  camino. 

No  terminaremos  este  capítulo,  sin  relatar  algunas  de  las 
creencias  populares  esparcidas  en  todo  el  mundo  con  rela- 
ción á  las  serpientes  venenosas. 

El  vulgo,  inclinado  siempre  á  lo  maravilloso,  acepta  como 
verdades  incontrovertibles  las  impresiones  de  los  sentidos, 
por  absurdos  que  parezcan  los  hechos  mal  observados.  Basta 
la  coincidencia  de  los  fenómenos,  para  admitir  entre  ellos  rela- 
ciones de  causas  invariables.  El  hombre  pensador  comienza 
por  dudar  de  los  hechos  é  investiga  la  verdad  por  medio 
del  estudio,  la  observación  y  la  experimentación;  el  vulgo 
comienza  por  creer  las  relaciones  fantásticas,  de  un  modo 
tan  obstinado,  que  en  ocasiones  es  mejor  no  discutir  con  él. 

Afírmase  que  si  á  un  individuo  mordido  por  la  serpiente 
venenosa  se  le  acerca  una  mujer  en  gestación,  el  estado  del 
enfermo  se  agrava  y  Ids  síntomas  fatales  reaparecen.  Hemos 
oído  asegurar  á  hombres,  por  otra  parte  instruidos,  que  la 
víbora  se  aturde  y  en  ocasiones  se  muere  en  presencia  de 
una  mujer  en  cinta.  Por  el  contrario,  nosotros  hemos  visto 
mujeres  en  ese  estado,  que  han  sido  víctimas  de  las  morde- 
duras de  víboras. 

La  creencia  de  que  la  lepra  griega  se  cura  con  mordeduras 
de  serpientes,  ha  costado  la  vida  á  las  personas  que  se  han 
sometido  á  la  prueba.  Tal  sucedió  con  un  leproso  de  Río 
Janeiro,  que  murió  cuatro  horas  después  de  haberse  some- 
tido voluntariamente  d  la  mordedura  de  una  cascabel  irri- 
tada. En  el  Puente  del  Cauca,  cerca  de  Popayán,  una  mujer 


38  LOS  OFIDIOS  VENENOS(^S  DEL  CAUCA, 

elefancíaca  murió  á  consecuencia  de  mordeduras  hechas  por 
un  botrops  enfurecido  (1).  Si  el  veneno  de  las  serpientes 
pudiera  servir  para  curar  aquella  enfermedad,  tan  peligrosa 
experimentación  debiera  hacerse  con  cautela  y  por  manos 
hábiles. 

Muchos  individuos  creen,  que  al  sentirse  mordidos  del 
ofidio,  basta  lanzarle  una  mirada  airada,  llena  de  furor  y  de 
rabia,  para  que  el  reptil  muera  en  el  puesto. 

En  cuanto  á  los  curanderos  y  encantadores  de  culebras, 
las  historias  se  repiten  sin  cesar.  Juegan  con  las  víboras, 
aún  con  las  más  temibles;  las  hacen  bailar;  las  envuelven  en 
el  cuello;  las  magnetizan;  las  tornan  inofensivas;  se  hacen 
inmunes  con  el  jugo  de  las  plantas,  con  la  hiél  de  víboras,  ó 
se  cree  gozan  de  una  disposición  especial  que  los  vuelve 
invulnerables,  por  medio  de  secretos  misteriosos. 

Es  verdad  que  los  curanderos  del  país  juegan  con  las  cule- 
bras, y  las  llevan  en  la  copa  del  sombrero  ó  enrolladas  en 
los  brazos.  La  gente  se  reúne  alrededor  de  ellos  durante  la 
función  y  los  supone  dotados  de  poderes  sobrenaturales  para 
domar  las  serpientes. 

El  buen  sentido  aconseja  estudiar  los  medios  naturales  de 
que  se  valen,  antes  de  caer  en  las  supercherías  de  los  juglares. 
Las  culebras  inofensivas  se  domestican,  y  pueden  jugar  con 
ellas  las  personas  que  las  manejan  sin  terror.  Un  poco  de 
audacia  hace  prácticos  á  algunos  individuos  para  apretar  del 
cuello  las  serpientes  venenosas,  sin  que  esto  impida  verlos 
en  ocasiones  mordidos  por  el  ofidio.  Conviene  sabor  que 
los  juglares  del  Brasil  extraen  los  colmillos  de  los  bnlrojis 
antes  de  dar  su  función,  y  que  los  encantadores  de  la  India 
agotan  cada  día  el  veneno  de  la  naja,  forzándola  á  morder 
muchas  veces  un  objeto. 

(1)  Bolclin  de  Medicina  del  Cauca.  N»  47,  Febrero  do  1801. 


CAPÍTULO  111. 


Deniiición  del  veneno  de  las  serpientes.  —  De.^cr¡pc¡()n  del  aparato  venenoso. 
—  Síntomas  producidos  por  la  mordedura  de  los  ofidios.  —  Dolencias 
consecutivas  en  las  personas  que  experimentan  el  accidente  de  las  morde- 
duras. —  Efectos  variables  del  veneno  en  circunstancias  especiales.  — 
Efectos  en  los  animales  de  sangre  fría.  —  Principios  activos  del  veneno 
en  la  sangre  de  las  culebras.  Inmunización  contra  el  veneno  de  los  oli- 
dios.  —  Lesiones  macroscópicas  de  los  órganos.  —  Efectos  sobre  la  masa 
sanguínea.  —  Diferencia  en  el  modo  de  obrar  entre  los  alcaloides  vege- 
tales, los  virus  y  el  veneno  de  los  ofidios.  — Semejanza  entre  los  síntomas 
de  la  liebre  amarilla  y  los  accidentes  producidos  por  el  veneno  de  los 
ofidios.  —  Diagnóstico  difei-encial  entre  la  picadura  de  un  ofidio  y  la  de 
otros  animales  ponzoñosos. 


El  veneno  de  las  serpientes  es  un  líquido  de  consistencia 
gomosa,  de  color  amarillo  de  ámbar,  inodoro,  neutro,  solu- 
ble en  el  agua,  á  la  cual  le  comunica  su  coloración  amarilla, 
pero  insoluble  en  el  alcohol  y  en  el  éter.  Según  Fontana,  in- 
trépido experimentador  con  el  veneno  de  las  víboras,  produce 
en  la  lengua  la  impresión  de  una  sustancia  ligeramente 
astringente.  Cuando  se  evapora  en  una  cápsida,  forma  capa 
seca,  brillante  y  hendida  en  varias  direcciones,  como  sucede 
con  una  superficie  barnizada.  Este  residuo  de  la  evaporación, 
se  vuelve  á  disolver  en  el  agua,  le  da  la  coloración  amarilla 
y  conserva  la  actividad  del  veneno.  Si  se  le  carboniza,  deja 
un  olor  ligero  de  cuerno  quemado.  El  aparato  venenoso  se 
compone  de  tres  partes,  á  saber  las  glándulas  secretantes, 
las  ranales  membranosos,  y  los  colmillos  huecos  ó  canalizados. 

Las  gl'íudulas  son  los  órganos  destinados  á  la  producción 


40  LOS  OFIDIOS  VENENOSOS 

del  veneno.  Están  situadas  en  los  lados  de  la  cabeza  y  atrás 
de  las  órbitas,  rodeadas  por  fibras  musculares  y  envueltas 
por  una  aponeurosis;  tienen  la  forma  y  el  volumen  variable, 
según  el  tamaño  de  la  serpiente,  desde  un  guisante  hasta 
una  haba  pequeña,  y  su  color  es  amarillo  pálido.  Su  textura 
se  compone  de  granos  en  racimo,  situados  como  barba  de 
pluma  á  lo  largo  de  pequeños  canales  que  se  van  reuniendo 
para  formar  el  canal  excretor. 

El  riinal  membranoso  comunica  la  glándula  con  la  raí/ 
del  colmillo  hueco  ó  canalizado.  Presenta  antes  de  penetrar 
en  el  conducto  del  comillo  una  expansión  que  hace  las  veces 
de  vejiga,  para  el  depósito  del  líquido  venenoso. 

Lo.v  roltiüllos,  corvos  y  agudos,  están  recorridos  por  un 
canal  ó  conducto,  desde  la  base  hasta  el  vértice.  Cerca  de  la 
I)unta,  en  la  cara  convexa  anterior,  se  presenta  una  abertura 
elíptica,  semejante  al  ojo  de  una  aguja  de  las  que  sirven 
para  inyección  hipodérmica.  En  número  de  dos,  sólidamente 
implantados,  uno  en  cada  lado  del  maxilar  superior,  se 
doblan  en  el  estado  de  reposo  contra  el  paladar,  ocultos  por 
un  repliegue  de  la  mucosa.  J\o  se  limitan  á  dos  los  colmillos 
de  las  serpientes  :  varían  de  tres  á  cinco  en  cada  lado,  pero 
en  diversos  grados  de  desarrollo  :  unos  de  2  ó  más  centí- 
metros de  longitud,  son  las  armas  en  ejercicio;  otros  en 
reserva,  para  entrar  en  función,  están  más  ó  menos  des- 
envueltos y  ocultos  esperando  la  caída  de  los  anteriores. 

Imposible  es  imaginar  aparato  mecánico  mejor  combinado 
para  inocular  el  veneno.  Ya  hemos  visto  cíhiio  se  prepara  el 
ofidio  para  morder  cuando  se  enfurece  ;  cómo  desenvaina  y 
dispone  los  colmillos  y  cómo  muerde,  hundiéndolos  en  los 
tejidos,  con  la  fuerza  de  un  resorte,  y  depositando  en  el 
interior  el  líquido  mortal. 

El  veneno  de  los  ofidios  es  una  saliva  tóxica  cuando  se 
introduce  en  el  torrente  circulatorio  de  los  animales;  pero, 


DEL  CAICA.  4í 

¡cosa  singular!  se  jíiiodo  tragar  impunemente,  sin  que  pro- 
duzca efectos  do  veneno  en  contacto  con  las  mucosas  sanas. 
Sirve  además  al  reptil,  como  jugo  digestivo,  para  disolver 
las  carnes  y  sustancias  álbum inoideas  que  forman  su  nutri- 
ción. 

Raras  son  las  ocasiones  que  se  presentan  en  el  Cauca  de 
asistir  á  las  personas  que  padecen  los  accidentes  consecuti- 
vos á  la  mordedura  de  los  ofidios  venenosos.  Los  casos  no 
son  tan  comunes  como  se  pudiera  creer,  en  vista  del  número 
considerable  de  serpientes  que  existen  en  montañas  y  en 
bosques;  y  menos  si  se  tiene  en  cuenta  que  las  personas 
ofendidas  solicitan  preferentemente  la  asistencia  de  los 
curanderos,  más  bien  que  la  de  los  médicos  graduados. 

Nosotros  podemos,  sin  embargo,  dar  una  descripciún  mi- 
nuciosa de  los  síntomas  que  se  notan  en  el  bombre  á  conse- 
cuencia de  la  mordedura  de  una  serpiente  venenosa;  porque 
en  los  últimos  años  liemos  asistido  á  algunos  enfermos 
emponzoñados  por  el  reptil  y  liemos  podido  reunir  muchas 
observaciones  suministradas  por  personas  instruidas  y  dignas 
de  todo  crédito. 

Las  mordeduras  de  ofidios  venenosos  se  presentan  con  más 
frecuencia  en  los  peones  empleados  en  la  recolección  del 
café,  fruto  que  se  produce  de  excelente  calidad  en  los  climas 
templados  de  las  montañas  en  que  abundan  tales  reptiles; 
en  los  cazadores  y  viajeros  que  en  esos  sitios  se  exponen  á 
las  picaduras  de  los  dn/ro/js  y  de  las  cnifjndoras ;  en  los  tra- 
bajadores del  valle  cuando  limpian  las  plantaciones  de  caña 
de  azúcar  ó  los  cauces  de  los  ríos  donde  habitan  las  equis  ó 
hotrops  rhomboaius,  y  en  los  obreros  del  camino  de  Buena- 
ventura, porque  en  las  regiones  calientes  del  llagua  abun- 
dan las   lIianntoph¡s\  las  lachesis  y  las  verrugosas. 

Las  partes  del  cuerpo  más  expuestas  á  la  picadura  de  las 


42  LOS  OFIDIOS  \  ENENOSOS 

víboras  son  los  pies,  las  manos,  las  piernas  y  los  antebrazos. 
Hará  vez  el  reptil  alcanza  el  muslo  ó  el  tronco.  La  verrugosa 
y  la  colgadora  pican  alto  :  en  la  cabeza,  en  el  cuello,  en  el 
pecho  y  en  los  brazos. 

El  hombre  siente  con  espanto  la  especie  de  latigazo  de  la 
serpiente  que  al  descuido  lo  ha  atacado  :  lo  que  sucede  rara 
vez;  porque  en  la  mayoría  de  los  casos,  la  presencia  del 
reptil  no  escapa  á  la  mirada  escudriñadora  del  caminante, 
y  «  Serpiente  vista,  serpiente  muerta  »,  dice  un  adagio  de 
la  Martinica. 

Los  accidentes  tienen  lugar  en  las  personas  que  tropiezan 
en  los  campos  ó  montañas  con  el  reptil  que  está  en  acecho. 
Al  sentir  al  hombre  huye  asustado  y  se  arma  en  un  punto 
poco  lejano,  donde,  si  aquél  lo  ve,  desvía  con  facilidad;  pero 
si  no  lo  ve  y  desgraciadamente  sigue  el  mismo  camino,  es 
mordido  en  las  piernas.  Los  zapadores,  los  que  cogen  el 
café,  los  niños  que  andan  en  la  montaña  en  busca  de  nidos 
de  pájaros,  los  jornaleros  que  recogen  paja  en  las  lomas, 
padecen  las  mordeduras  en  las  manos.  Los  viajeros  que, 
olvidando  los  hábitos  de  cacería  nocturna  de  los  ofidios, 
pasan  por  las  veredas  á  la  caída  de  la  tarde,  y  los  que  no 
inspeccionan  los  baños  en  las  corrientes  de  agua  de  las  mon- 
tañas, son  mordidos  en  los  pies.  En  fin,  los  que  talan  los 
bosques  tupidos  y  los  que  no  examinan  con  la  luz  las  camas 
en  los  ranchos  de  las  montañas,  pueden  ser  mordidos  en 
diferentes  partes  del  cuerpo. 

Entonces  lo  que  llama  la  atención,  lo  que  hace  volver  la 
mirada  llena  de  angustia,  es  el  dolor  producido  por  una 
espina  que  lia  atravesado  las  carnes,  sensación  que  en  lo 
general  coincide  con  la  vista  del  reptil  que  acaba  de  morder. 
Si  el  terror  no  hace  huir  en  seguida  al  ofendido,  tiene  éste 
tiempo  de  matar  á  la  serpiente,  antes  de  que  vengan  los 
síntomas  consecutivos  á  la  mordedura,  de  llamar  compañeros 


di:l  caica.  43 

en  su  auxilio  ó  de  buscar  recurso  en  la  habitación  cercana 
al  lugar  del  accidente.  Casi  jamás  sobrevienen  el  aturdimiento, 
el  síncope  y  la  muerte  en  el  acto  del  suceso.  Sería  necesario 
que  el  ofidio  introdujese  gran  cantidad  del  veneno  directa- 
mente en  una  vena  gruesa. 

El  dolor  de  la  mordedura  venenosa,  lejos  de  aliviar, 
aumenta  más  y  más,  se  extiende  á  las  partes  vecinas  y  se 
acompaña  de  punzadas  penosas.  Las  heridas  dejan  salir  dos 
gotas  de  sangre  :  las  partes  adyacentes  á  éstas,  se  hinchan ; 
poco  á  poco  una  aréola  amoratada  y  edematosa  rodea  á  las 
primeras,  y  los  miembros  se  entorpecen.  Estas  perturba- 
ciones locales  vienen  seguidas  de  otras  de  carácter  reflejo, 
que  inician  la  escena  alarmante  de  síntomas  generales,  como 
son  ansiedad,  palpitaciones  del  corazón,  oscuridad  de  la  vista, 
vómitos,  abatimiento  y  debilidad  de  las  fuerzas. 

Bien  prontO;,  dos  ó  tres  horas  después,  la  hinchazón  au- 
menta en  todo  el  miembro  mordido;  el  color  lívido  de  la 
piel  se  ofrece  con  manchas  pálidas  que  le  dan  aspecto  jas- 
peado; aparecen  ampollas  alrededor  de  la  mordedura;  se  ven 
verdaderas  flictenas  llenas  de  serosidad  sanguinolenta  debajo 
de  la  epidermis;  hay  edema  en  la  piel  y  fuertes  dolores  en 
las  articulaciones  vecinas.  Los  fenómenos  locales  consecu- 
tivos á  la  mordedura  de  las  serpientes,  tienen  de  particular 
ó  característico,  que  se  acompañan  de  descenso  notable  de 
la  temperatura,  de  modo  que  no  corresponden  á  una  reac- 
ción inflamatoria,  con  aumento  de  calor,  como  sucede  en 
las  lesiones  traumáticas  de  otro  orden. 

Á  medida  que  se  pronuncian  los  fenómenos  locales  pro- 
ducidos por  la  acción  del  veneno  sobre  los  tejidos,  aparecen 
los  generales  que  coexisten  con  la  reabsorción  del  veneno 
por  la  sangre,  la  cual  reabsorción  se  manifiesta  con  cefalal- 
gia frontal  intensa  y  coloración  amarilla  de  la  piel  y  de  las 


44  LOS  OFIDIOS   VENENOSOS 

conjuntivas.  El  pulso,  acelerado  al  principio,  ahora  es  lento, 
intermitente  y  débil  y  acompañado  de  frialdad  en  las  extre- 
midades. La  respiración  se  torna  anhelosa  y  fatií^ante.  Los 
vómitos  de  bilis  ceden  el  puesto  á  los  sanguinolentos  more- 
nos; la  sed  es  insaciable;  el  semblante  se  pone  pálido;  hay 
sudores  abundantes,  y  miedo  especial  á  la  muerte,  se  apodera 
del  paciento,  unido  á  depresión  del  espíritu  y  de  las  fuerzas. 

Después  aparecen  congestiones  do  los  órganos  internos, 
que  se  revelan  por  esputos  sanguinolentos  respecto  del  pul- 
món, y  por  aumento  de  volumen  respecto  del  hígado  y  del 
bazo,  los  cuales  son  dolorosos  á  la  presión.  En  uno  de  nues- 
tros enfermos,  el  volumen  del  bazo  era  tan  notable  que 
formaba  un  cono  en  el  hipocondrio  izquierdo.  Hemorragias 
pasivas  aparecen  en  los  tegumentos  externo  é  interno  ;  vense 
manchas  purpurinas  en  la  ])iel  y  grandes  flictenas  de  sero- 
sidad sanguinolenta  en  las  axilas,  en  los  brazos  y  en  el 
pecho;  hay  pérdidas  de  sangre  por  las  encías,  epistaxis  y  en 
ocasiones  lágrimas  rosadas  y  vómitos  de  sangre. 

La  hematuria  en  el  hombre  v  las  metrorragias  en  las 
mujeres  son  tan  abundantes,  que  preocupan  sobre  manera 
á  los  pacientes,  (luando  la  terminaciíui  ha  de  ser  fatal,  la 
frialdad  del  cuerpo  aumenta;  el  pulso  es  sólo  de  i8  pulsa- 
ciones por  minuto;  hay  síncopes  por  intermitencias  en  los 
latidos  del  corazón,  convulsiones,  sul)delirio,  coma  ])ro- 
fundo,  que  se  termina  por  la  muerte,  la  cual  sobreviene  seis 
ó  siete  días  después  de  la  inoculaci('>n  del  veneno. 

Pocas  veces  acontece  la  muerte  en  un  plazo  más  breve, 
salvo  circunstancias  especiales,  como  la  introducción  directa 
del  veneno  en  una  vena,  ser  un  niño  la  persona  ofendida,  ó 
ser  el  ofidio  adulto  y  picar  alio,  esto  es,  en  la  cabeza,  ó  en  el 
pecho  cerca  del  corazón;  de  modo  que  el  veneno  penetre 
pronto  en  el  torrente  circulatorio  y  acelere  los  accidentes  del 
envenenamiento. 


DKL  CAUCA.  4:í 

Caso  de  que  la  enfennodad  vaya  á  tener  una  terminaciúii 
feliz,  los  sínlomas  nlarniantes  se  atenúan  rápidamente  :  el 
edema,  la  Uimeí'acciún  de  la  parte  oí'endida,  las  hemorragias 
y  la  postración  de  las  fuerzas  desaparecen,  y  pronto  se  resta- 
blece la  normalidad  en  las  funciones  del  organismo. 

En  muchos  individuos  de  los  que  han  resistido  los  acci- 
dentes de  la  intoxicación,  por  mordedura  de  los  ofidios,  se 
sigue  una  convalecencia  lenta  y  penosa;  en  ocasiones  sobre- 
viene anemia  profunda,  que  es  rebelde  ala  medicaci(hi  tónica 
mejor  dirigida  y  á  la  permanencia  en  clima  frío. 

Algunos  quedan  inválidos  ó  son  atormentados  por  úlceras 
incurables,  consecuencia  de  gangrenas  en  los  tejidos.  Una 
negra,  vecina  del  río  Guachal,  en  el  valle  del  Cauca,  fué 
mordida  en  un  pie  por  un  boti'ops  r/iomboatus  ó  equis  del 
país;  tuvo  hemorragia  copiosa  en  el  sitio  de  las  mordeduras; 
el  pie  se  hinchó;  la  pierna,  edematosa,  fué  presa  de  dolores 
agudos;  piel,  músculos,  tendones  y  aponeurosis  del  dorso 
del  pie  y  parte  inferior  de  la  pierna  cayeron  en  putrílago, 
dejando  á  descubierto  los  huesos.  La  paciente  permanece  en 
el  hospital  hace  algunos  meses,  atormentada  por  una  úlcera 
callosa  incurable.  En  otros  se  eternizan  las  erupciones  cutá- 
neas; reaparecen  de  vez  en  cuando  los  dolores  articulares  ó 
de  las  cicatrices ;  sobrevienen  debilidad  ó  pérdida  de  la  vista  y 
varios  fenómenos  que  indican  depresión  en  las  fuerzas  vitales. 

Se  deben  tener  presentes,  para  apreciar  los  efectos  más  ó 
menos  rápidos  y  la  mayor  ó  menor  gravedad  de  los  acci- 
dentes producidos  por  la  mordedura  de  ofidios,  muchas  cir- 
cunstancias relativas  á  la  talla  ó  al  completo  desarrollo  de 
la  serpiente,  al  estado  próximo  de  cambio  de  la  piel,  á  la 
cantidad  de  veneno  inoculado,  á  la  resistencia  de  la  persona 
ofendida  y  á  otras  varias  condiciones  que  hacen  más  ó  menos 
activo  el  veneno  de  las  víboras.  *^ 


40  LOS  OVIDIOS  VENENOSOS 

Los  colmillos  (lo  un  botrops  complelamcnle  desarrollado, 
penetran  al  través  de  los  vestidos  y  depositan  mayor  cantidad 
del  líquido  fatal  á  una  gran  profundidad  de  las  carnes; 
mientras  que  los  de  otro  más  joven  y  pequeño,  pasan  apenas 
el  espesor  de  las  telas,  penetran  superficialmente  en  la  piel 
é  inoculan  corta  cantidad  de  veneno. 

Los  campesinos  temen  con  razón  la  picadura  de  los  ofidios 
inmediatamente  después  de  la  época  de  la  renovación  de  la 
epidermis.  En  efecto,  para  verificarse  el  cambio  del  tegu- 
mento externo  del  ofidio,  éste  permanece  en  un  estado  de 
letargía  durante  un  tiempo  determinado,  en  el  cual  no  hay 
consumo  de  la  saliva  tóxica  para  la  digestión  de  los  alimen- 
tos, ni  motivo  alguno  de  agresión  ó  de  defensa.  El  veneno  se 
acumula  en  los  canales  membranosos,  y  al  despertar  la  ser- 
piente, lo  inoculará  en  mayor  cantidad  á  las  primeras  vícti- 
mas de  sus  nuevas  excursiones;  mientras  que  serán  menos 
temil)les  los  efectos  de  la  mordedura  cuando  haya  gastado  el 
veneno  en  otros  animales. 

No  influye  menos  la  relación  entre  la  cantidad  del  veneno 
y  el  volumen  del  animal  atacado.  Los  casos  más  rápidos  de 
muerte  se  refieren  á  niños,  á  personas  débiles  y  á  animales 
pequeños. 

La  actividad  del  veneno  también  está  en  relación  con  los 
climas  :  el  veneno  de  las  serpientes  que  habitan  en  los  climas 
cálidos  es  más  activo  que  el  de  las  que  permanecen  en  los 
climas  templados  ó  fríos. 

Con  las  especies  animales  varían  igualmente  los  efectos 
del  veneno.  Las  aves  mueren  minutos  después  de  la  morde- 
dura; los  perros  resisten  pocas  horas  el  envenenamiento,  de 
tal  modo  que  los  cazadores,  rara  vez  alcanzan  á  llegar  á  la 
casa  de  los  amos.  En  el  Tambo,  Distrito  de  Popayán,  dos 
leñadoras  dejaron  debajo  de  un  árbol  á  un  niño  custodiado 
por  un  perro.  Al  regreso   encontraron  un  botrops  enorme 


DEL  CAUCA.  47 

(lespeclazado  por  el  perro,  y  el  fiel  guardián  tendido  en  el 
suelo,  con  horribles  mordeduras  en  la  cabeza.  Ambos  cadá- 
veres yacían  cerca  de  la  criatura,  que  se  había  salvado.  Se 
infiere  que  la  serpiente  se  aproximaba  al  niño,  atraída  tal 
vez  por  el  olor  de  la  leche,  cuando  el  perro  trabó  combate 
en  defensa  de  su  amo. 

El  ganado  vacuno  resiste  más  á  la  mordedura  de  las  ser- 
pientes que  el  ganado  caballar  ó  mular.  Éste  se  salva  pocas 
veces,  á  pesar  de  aplicaciones  oportunas. 

El  efecto  del  veneno  es  más  lento  en  los  animales  de  san- 
gre fría  :  de  tal  manera  que  Fontana,  Roussel,  Guyón  y  otros 
experimentadores,  lo  creyeron  inofensivo  para  los  reptiles. 
Experiencias  posteriores  de  Vulpien,  y  sobre  todo  de  Lacerda 
en  el  Brasil,  han  probado  que  la  inyección  del  veneno  de  los 
viperidios  en  las  cnlebras,  puesto  en  gran  cantidad,  produce 
la  desorganización  de  los  tejidos  y  la  muerte  del  animal. 

En  los  campos  tropicales  se  ven  con  frecuencia  riñas  entre 
las  víbor/is  y  las  culebras,  saliendo  victoriosas  las  últimas. 
Los  Señores  Pliisalix  y  Bertrand  han  demostrado  que  existe 
en  la  sangre  de  la  víbora  principios  semejantes  á  los  del 
veneno,  dotados  como  éste  de  gran  actividad  fisiológica  y 
que  se  deben  considerar  como  la  causa  verdadera  de  la 
inmunidad  de  la  víbora  para  su  propio  veneno.  En  el  mismo 
orden  de  ideas  se  cree  que  la  inmunidad  de  las  culebras  de- 
pende de  la  presencia  en  la  sangre  de  los  mismos  principios 
activos.  Los  Señores  Phisalix  y  Bertrand  han  extraído  la 
sangre  de  culebras  ligeramente  cloroformizadas  y  por  medio 
de  jeringuillas  asépticas  la  han  inyectado  en  el  tejido  celular 
de  los  conejos,  los  que  han  muerto  en  seguida  con  los  mis- 
mos síntomas  y  con  las  mismas  lesiones  anatómicas  que  se 
presentan  cuando  se  inocula  la  erJúdnina  (fluido  secretado 
por  las  glándulas  de  las  serpientes  venenosas). 

Reflexionando  sobre  estos  fenómenos  puede  creerse  que 


48  LOS  OFIDIOS  VENENOSOS 

será  posible  encontrar  una  solución  atenuada  de  echidnina 
que  confiera  la  inmunidad  en  los  animales  contra  el  veneno 
de  los  ofidios,  así  como  el  vulgo  cree  en  nuestro  país,  que 
hay  individuos  cu  fados  ^  es  decir,  inmunes  contra  las  pica- 
duras délas  víboras.  El  doctor  Calmette  ha"  llegado  á  la 
inmunización  inoculando  dosis  crecientes  de  veneno,  míni- 
mas al  principio;  ha  comprobado  igualmente  que  el  suero  de 
un  conejo  así  vacunado  permite  á  la  dosis  de  cinco  centíme- 
tros cúbicos  inoculado  una  hora  y  media  antes  de  la  inyección 
del  veneno  activo  de  la  víbora,  neutralizar  completamente 
el  efecto  de  éste  último,  aun  á  dosis  dos  veces  más  elevada 
que  la  dosis  mortal  ordinaria. 

No  hemos  tenido  ocasión  de  hacer  autopsias  en  los  indi- 
viduos muertos  por  envenenamiento  de  los  ofidios;  pero 
juzgamos  por  analogía  que  las  lesiones  encontradas  en  los 
órganos  de  los  animales,  deben  de  ser  semejantes  á  las  pro- 
ducidas en  el  hombre. 

En  los  experimentos  se  hace  morder  directamente  álos  ani- 
males por  la  serpiente  :  método  difícil  y  peligroso  de  poner  en 
ejecución,  á causa  de  la  dificultad  para  conseguir  ofidios  vivos, 
y  más  todavía  por  los  peligros  que  se  corren  al  obligar  á  un 
ofidio  vivo  á  que  muerda  al  animal  sujeto  á  la  experiencia. 

Este  método,  empleado  en  los  primeros  ensayos  sobre  el 
veneno  de  las  serpientes,  se  reemplaza  hoy  por  medio  de 
inoculaciones  hechas  en  los  animales  con  las  jeringuillas 
para  inyección  hipodérmica.  El  veneno  se  obtiene  expri- 
miendo en  una  cápsula  de  porcelana  las  glándulas  del  ofidio 
que  se  acaba  de  matar,  ó,  lo  que  es  mejor,  obligando  al 
ofidio  aprisionado  á  morder  en  un  copo  de  algodón  atado  á 
la  extremidad  de  una  varilla.  En  uno  y  otro  caso  se  disuelve 
la  ponzoña  en  agua  destilada,  con  el  fin  de  conocer  la  dosis 
que  se  aplica.  Para  inocular  el  veneno  en  el  experimento, 
se  usa  la  jeringuilla  de  Pravaz. 


DKl.  CAUCA.  49 

Las  lesiones  encontradas  en  los  lejidos  de  los  perros  enve- 
nenados por  mordednras  de  ofidios,  ó  con  diluiciones  de  su 
veneno,  son  las  siguientes  : 

Abierta  la  cavidad  torácica,  se  ven  los  pulmones  infarta- 
dos, rojos  en  la  superíicie,  con  manchas  violáceas,  debidas 
á  las  extravasaciones  de  la  sangre,  y  el  parenquima  denso 
hasta  el  grado  de  perder  la  crepitación  natural  del  tejido 
sano  cuando  se  comprime  entre  los  dedos.  La  mucosa  de  los 
bronquios,  congestionada,  contiene  mucosidades  espumosas 
y  sanguinolentas. 

En  el  corazón,  la  sangre  difluente,  que  circula  en  las  venas 
coronarias,  produce  derrames  capilares  debajo  del  endocar- 
dio, en  el  ventrículo  izquierdo,  los  que  se  revelan  en  la 
pared  de  las  cavidades  cardíacas  con  manchas  violáceas  ó 
puntos  negros  liemorrágicos. 

La  cavidad  del  estómago,  congestionada  desde  el  cardias 
hasta  el  píloro,  presenta  la  mucosa  manchada  con  placas  ó 
puntos  violáceos  de  diversa  intensidad;  lo  mismo  que  la 
mucosa  enrojecida  de  los  intestinos,  donde  se  encuentran  á 
veces  coágulos  de  sangre  extravasada. 

El  hígado,  con  notable  hiperemia,  se  ofrece  voluminoso 
y  jaspeado  de  manchas  violáceas  y  amarillas  en  la  superficie. 

El  bazo  se  ve  muy  aumentado  de  volumen,  iViable  á  la 
presión,  y  difluente  en  el  interior  del  parenquima. 

El  páncreas  y  los  ríñones  aparecen  con  los  mismos  signos 
de  congestión,  derrames  de  serosidad  en  los  intersticios 
celulares,  y  estrías  y  manchas  sanguinolentas  en  los  tejidos. 
Igualmente  se  observa  orina  negra  sanguinolenta,  contenida 
en  la  vejiga  congestionada. 

La  sustancia  blanca  cerebral  presenta  puntos  rojos  finos, 

cuando  la  mordedura  es  en  los  miembros;  pero  esos  puntos 

se   convierten   en   manchas   negras  de   sangre   extravasada 

cuando  la  mordedura  ha  sido  en  la  cabeza  ó  en  el  cuello. 

4 


50  LOS  OFIDIOS  VENENOSOS 

Las  meninges  se  congestionan  y  dejan  exudaciones  de  sero- 
sidad sanguinolenta. 

Las  lesiones  orgánicas  procedentes  del  veneno  de  los 
ofidios,  dependen  de  la  profunda  descomposición  de  la  sangre, 
la  que  puesta  en  contacto  con  suficiente  cantidad  del  líquido 
mortal,  se  torna  negra,  de  una  fluidez  excesiva  y  pierde  la 
propiedad  de  coagularse. 

Cuando  se  vierte  una  gota  de  sangre  normal  y  fresca  en 
un  poco  de  veneno  líquido  de  serpiente,  y  se  somete  esta 
mezcla  al  examen  por  medio  del  microscopio,  se  observa 
que  los  glóbulos  rojos  de  la  sangre  se  alargan,  forman 
grumas  y  se  convierten  en  un  líquido  protoplásmico,  amorfo, 
difluente,  de  color  amarillo  con  estrías  rojas  de  hematina,  y 
al  fin,  se  desprenden  de  aquí  y  de  allá  pequeñas  burbujas 
de  gas.  (/.  B.  Larerda.) 

El  veneno  de  los  ofidios  obra,  pues,  directamente  sobre  la 
sangre,  asfixia  al  glóbulo  rojo,  lo  carboniza  y  lo  bace  impro- 
pio para  la  nutrición  y  para  la  vida. 

Si  observamos  la  manera  como  obra  el  veneno  de  los 
ofidios  en  la  economía  animal,  advertiremos  que  no  puede 
compararse  con  la  de  los  alcaloides  vegetales,  ni  con  la  de 
los  virus  en  las  enfermedades  infecciosas. 

En  primer  lugar,  los  alcaloides  necesitan  ser  absorbidos 
por  el  torrente  circulatoi'io,  penetrar  en  la  redecilla  capilar 
de  las  arterias,  y  ejercer  acción  sobre  los  órganos  electivos, 
para  producir  los  efectos  tóxicos  que  les  son  característicos. 
La  atropina  debe  ponerse  en  contacto  con  el  sistema  nervioso 
central,  para  que  se  manifiesten  los  efectos  narcóticos;  la 
digital  elige  las  fibras  del  corazón  para  su  efecto  sedativo,  la 
estricnina  obra  sobre  las  células  de  la  medula  espinal,  para 
sus  manifestaciones  tetánicas. 

En  segundo  lugar,  las  inyecciones  hipodérmicas  practica- 


DEL  CAUCA.  51 

das  con  soluciones  de  morlina,  de  curare,  de  digital,  etc.,  no 
producen  lesiones  locales  en  los  tejidos,  y  al  penetrar  en  el 
torrente  circulatorio  no  alteran  los  glóbulos  sanguíneos, 
para  producir  su  efecto  sobre  órganos  especiales.  Sucede  lo 
contrario  con  el  veneno  de  las  serpientes  :  no  bien  se  pone 
en  contacto  con  los  tejidos  vivos,  los  altera,  los  diluye  y  los 
digiere  por  medio  de  un  fenómeno  de  difusión  local.  Enemigo 
del  protoplasma,  de  la  célula  viva  del  organismo,  disuelve 
el  glóbulo  rojo  de  la  sangre,  sin  tener  afinidad  con  ningún 
tejido,  ni  obedecer  á  las  leyes  histoquímicas. 

Otra  particularidad  del  veneno  de  los  ofidios,  que  lo  dife- 
rencia todavía  más  de  los  venenos  vegetales,  es  la  de  su 
innocuidad  en  contacto  con  las  membranas  mucosas  cuando 
están  sanas.  El  veneno  de  la  cascabel  ó  del  botrops  puede 
ponerse  en  la  membrana  conjuntiva  de  los  ojos  ó  sobre 
la  lengua,  puede  tragarse  é  ingerirse  en  el  estómago  y  en 
los  intestinos,  sin  correrse  riesgo  alguno.  No  sucede  así 
con  los  alcaloides  :  la  atropina,  puesta  en  la  mucosa  ocu- 
lar, dilata  la  pupila;  la  morfina,  propinada  en  poción, 
narcotiza;  la  estricnina,  tragada  en  cantidad  suficiente, 
mata  al  animal. 

Tampoco  es  comparable  el  modo  de  acción  del  veneno  de 
los  ofidios  con  el  de  los  virus  en  las  enfermedades  infecciosas. 
Si  es  verdad  que  al  examen  microscópico  del  veneno  se 
observan  bacterias  agitadas  por  movimientos  semejantes  á 
los  de  los  microbios  de  los  virus,  esas  bacterias  no  se 
reproducen  en  los  tubos  que  contienen  caldos  esterilizados 
conforme  al  método  de  Pasteur;  no  son  gérmenes  que  se 
reproduzcan  en  la  sangre  para  desarrollar  los  síntomas  de 
descomposición  que  dejamos  anotados.  El  veneno  del  botrops 
desecado  á  una  temperatura  superior  á  100°  del  termómetro 
centígrado,  pierde  su  acción  venenosa  sobre  la  economía, 
no  obstante  que  los  micrococus  resisten  á  esta  alta  tempera- 


•Ó-2  LOS  OFIDIOS  VENENOSOS 

tura  y  se  mueven  en  la  nueva  solución.  Esla  experiencia 
demuestra  que  la  actividad  del  veneno  no  depende  de  los 
gérmenes  ó  microbios. 

Según  Gautier,  célebre  químico  francés,  la  saliva  humana 
en  descomposición,  deja  separar  un  alcaloide  venenoso,  se- 
mejante á  las  ptomainas  ó  alcaloides  de  los  cadáveres,  el 
cual  tiene  analogía  en  su  modo  de  acción  con  el  veneno  de 
las  ser}>ientes.  Para  Lacerda,  es  un  jugo  digestivo  parecido 
al  jugo  del  páncreas,  y  el  ofidio  lo  emplea  no  solamente 
como  arma  de  ataque  ó  de  defensa,  sino  que  se  sirve  también 
de  él  para  la  transformación  de  las  sustancias  alimenticias. 
El  veneno  disuelve  la  carne  á  una  temperatura  de  30",  emul- 
siona la  í;rasa  cuando  se  le  mezcla  en  tubos  de  vidrio  v 
precipita  la  caseína  al  contacto  en  la  leche. 

La  observación  clínica  nos  enseña  entretanto,  que  el 
veneno  de  las  serpientes  desarrolla  en  la  economía,  síntomas 
parecidos  á  los  de  la  fiebre  amarilla.  Si  exceptuamos  los 
fenómenos  de  pirexia  que  anuncian  la  invasión  del  tifo 
amarillo,  diferente  de  la  depresión  en  los  individuos 
mordidos  de  la  víbora,  tendremos  que  reconocer  una  seme- 
janza notable  en  los  procesos  de  los  dos  estados  morbosos. 

La  cefalalgia  frontal,  las  perturbaciones  de  la  visión,  los 
V(')mitos  biliosos,  el  color  ictérico  de  la  piel,  la  depresión 
profunda  de  las  fuerzas,  el  terror  á  la  muerte,  la  disolución 
de  la  sangre,  las  hemorragias  de  las  mucosas,  la  albuminu- 
ria, la  frialdad  del  cuerpo  :  todo  este  conjunto  constituye  el 
triste  cuadro  del  período  de  postración  en  la  fiebre  amarilla, 
exactamente  igual  al  de  los  síntomas  que  se  desarrollan  por 
la  mordedura  de  los  ofidios. 

En  ambos  procesos  encontramos  la  fluidez  de  la  sangre, 
negra  é  incoagulable;  manchas  de  sangre  extravasada  en  el 
tejido  celular,    en   el  endocardio,   en   los  pulmones,    en  el 


DEL  CAUCA.  o3 


estómago  y  en  los  ¡nlesüiios  :  fenómenos  consecutivos  á  la 


congestión  de  los  órganos. 


El  diagnóstico  de  la  mordedura  de  serpiente  se  establece 
desde  el  momento  en  que  ocurre  el  accidente;  porque  en  la 
mayoría  de  los  casos  se  ve  la  víbora  que  lia  ofendido;  pero 
sucede  en  ocasiones  que  la  víctima  ba  sido  picada  durante 
el  sueño,  en  la  oscuridad  de  la  nocbe  ó  en  circunstancias 
especiales  que  bacen  nacer  duda  con  relación  á  la  picadura 
de  otros  animales  ponzoñosos. 

Se  puede  confundir  la  picadura  de  una  serpiente  pequeña 
con  la  de  la  escolopendra  (cien-piés)  que  abunda  en  Córdoba 
V  en  Buenaventura,  en  la  costa  del  Pacífico. 

No  debemos  olvidar  que  el  veneno  de  la  víbora  produce 
fenómenos  de  adinamia;  que  después  de  la  mordedura  no 
hay  rubicundez  ni  color  en  la  piel  de  la  parte  binchada,  y 
que  no  hay  fiebre  de  reacción,  como  si  el  organismo  estu- 
viera subyugado  por  el  veneno.  Después  del  dolor  vivo  que 
acompaña  á  las  dos  heridas  hechas  por  los  colmillos,  sucede 
el  entorpecimiento  del  miembro,  la  hinchazón  es  rápida  y 
sin  calor  en  la  piel,  se  forma  un  círculo  lívido  alrededor  de 
la  herida;  viene  enfriamiento  de  la  parte  dañada,  hay  poco  ó 
ningún  movimiento  febril  y  se  nota  postración  de  las  fuerzas. 

En  la  picadura  de  la  escolopendra,  los  pies  maxilares  hacen 
cuatro  benditas  en  los  tegumentos,  á  las  cuales  sigue  un  dolor 
ardiente,  calor  altísimo  de  la  piel,  círculo  inflamado  alrede- 
dor de  tales  heriditas,  elevación  de  la  temperatura  en  el  sitio 
lesionado,  fiebre  intensa  y  exaltación  de  las  funciones  vitales. 

En  las  picaduras  del  escorpión,  de  la  hormiga  congo  y  de 
la  araña,  el  dolor  es  agudísimo  en  el  momento  del  accidente, 
el  calor  grande  y  hay  rubicundez  con  inflamación  del  sitio 
ofendido,  infarto  de  los  ganglios  y  fiebre  en  algunos  casos  : 
síntomas  que  faltan  siempre  en  la  mordedura  de  la  víbora. 


CAPITULO  IV 


Necesidad   de  que  la  medicina  preste   atención  á  los  métodos  em|;iricos 

preconizados  por  los  curanderos. 


Existe  un  vacío  en  la  ciencia  ó  arte  de  curar,  relativo  á 
los  efectos  mortales  de  los  venenos  inoculados  en  la  econo- 
mía animal  por  las  picaduras  de  reptiles  venenosos. 

Gran  número  de  los  individuos  que  habitan  los  países 
intertropicales,  pagan  tributo  á  la  muerte,  producida  por  la 
picadura  de  víboras.  En  Colombia  son  frecuentes  las  morde- 
duras causadas  por  las  serpientes  venenosas,  entre  los 
campesinos  que  talan  los  bosques  para  trabajos  de  agricul- 
tura y  entre  los  peones  que  descuajan  las  selvas  para  abrir 
caminos. 

En  la  generalidad  de  los  casos,  los  médicos  nos  quedamos 
perplejos  en  presencia  de  los  mordidos  por  las  culebras,  por 
deficiencia  de  métodos  científicos  racionales  para  combatir 
el  mal.  Los  pacientes,  guiados  por  el  instinto  de  la  conser- 
vación, buscan  auxilio  en  los  habitantes  de  los  campos, 
reconocidos  como  curanderos^  los  que  aplican,  con  cierto  aire 
de  misterio,  fórmulas  más  ó  menos  complicadas,  que  la 
tradición  indígena  señala  con  el  nombre  de  contras. 

Entretanto,  la  observación  de  los  que  practicamos  la 
medicina  en  los  países  donde  abundan  aquellos  terribles 
animales,  no  nos  permite  poner  en  duda  muchos  casos  de 
curación  obtenida  por  medios  empíricos,  á  la  vez  que  presen- 
ciamos la  muerte  como  terminación  del  envenenamiento,  en 


LOS  OFIDIOS  VENENOSOS  DEL  CAUCA.  55 

las  personas  ó  animales  á  quienes  por  cualquier  motivo  no 
se  les  ha  podido  aplicar  oportunamente  el  remedio. 

No  aceptamos,  en  consecuencia,  el  desdén  con  que  miran 
algunos  médicos  ¡lustrados  las  prácticas  de  los  indígenas, 
juzgándolas  manifestaciones  de  la  ignorancia  ó  del  charlata- 
nismo. Lejos  de  eso  :  la  historia  del  arte  de  curarnos  enseña 
en  todos  los  tiempos,  ejemplos  numerosos  en  los  que  el 
instinto  salvaje  y  las  prácticas  populares  han  precedido  con 
buen  suceso  á  las  investigaciones  pacientes  del  hombre  cien- 
tífico, quien  al  fin  las  despoja  de  cuanto  tienen  de  ridículo  y 
de  sobrenatural,  para  elevarlas  á  la  categoría  de  principios 
técnicos  bien  adquiridos. 

Para  comprobar  nuestra  aserción,  se  nos  permitirá  copiar 
un  pasaje  de  las  «  Notas  de  viaje  »  del  ilustrado  colombiano 
Señor  ür.  Salvador  Camacho  Roldan,  relativo  á  los  contrave- 
nenos indígenas  usados  en  Panamá  en  casos  de  mordeduras 
de  serpientes. 

«  Á  propósito  del  Dr.  Le  Bretón  (dice  el  Dr.  Camacho 
Roldan),  recuerdo  un  hecho  notable  en  los  anales  de  la 
ciencia  médica  ocurrido  durante  mi  primera  visita  á  Panamá. 
Este  Dr.  estaba  curado  contra  el  veneno  de  las  culebras  por 
medio  del  uso  del  jugo  de  las  hojas  de  guaco,  y  con  ese 
motivo  jugaba  con  impunidad  en  la  botica  llamada  de  las 
Culebras,  perteneciente  al  Dr.  Kratochnill,  con  las  serpientes 
más  venenosas,  que  por  capricho  especial  del  propietario 
había  allí  siempre  en  exhibición  :  se  las  envolvía  en  el  brazo, 
en  el  cuello,  y  aún  se  aplicaba  blandamente,  en  señal  de 
cariño,  la  cabeza  del  reptil  contra  la  mejilla,  sin  haber  sido 
mordido  jamás.  Un  día  llegó  del  Darién  una  culebra  espe- 
cialmente pedida  por  el  Jardín  Zoológico  de  París,  de  un 
metro  de  largo,  color  negro,  cabeza  muy  aplastada,  movi- 
mientos muy  rápidos  y  ojos  de  una  tristeza  singular.  Tomarla 
en  la  mano  el  Dr.  Le  Bretón  v  recibir  en  el  acto  en  ella  dos 


56  LOS  OFIDIOS  VENENOSOS 

Ó  tres  mordeduras,  fué  lodo  uno.  Por  pura  precaución  en  un 
principio  (pues  el  Dr.  afirmaba  que  no  tendría  consecuencia 
alguna,  lleno  de  confianza  en  la  inmunidad  que  esperaba  le 
daría  el  guaco)  le  hicieron  todas  las  aplicaciones  usadas  en 
tales  casos.  Vendaje  en  el  bra/.o,  amoniaco  líquido  en  la 
herida  y  más  luego  cáustico  de  Yiena.  Sin  embargo  los  efectos 
del  veneno  empezaron  á  producirse  en  bre\e  :  hinchazón  en 
la  parte  herida,  fuerte  dolor  de  cabeza,  sudor  frío,  vómitos, 
palidez  mortal  y  coloración  morada  ó  azulosa  en  la  mano. 
))  Se  pensó  entonces  en  cortarle  el  brazo  por  el  codo  ;  pei'o 
al  efectuarlo  se  notó  que  la  hinchazón  pasaba  hasta  cerca  del 
hombro,  y  luego  se  vio  invadido  por  la  infiltración  del 
veneno,  el  tronco  mismo  del  cuerpo.  Bien  que  lo  asistían 
todos  los  médicos  de  Panamá,  y  entre  ellos  un  alemán  de 
gran  reputación,  el  Dr.  Autenrieth,  á  las  veinticuatro  horas 
se  consideró  desesperado  el  caso. 

»  En  esos  momentos  se  presentí»  un  indígena  de  r,liepo, 
pueblo  de  las  inmediaciones,  ofreciendo  que  si  le  dejaban 
solo,  y  el  Dr.  Le  Bretón  prometía  guardar  secreto  acerca 
de  los  remedios  que  emplease,  lo  curaría.  El  ofrecimiento 
fué  aceptado,  y  encerrándose  el  Indio  con  el  Dr.,  ya  mori- 
bundo, al  siguiente  día  salió  anunciando  que  la  curación 
estaba  efectuada  :  lo  que  en  efecto  sucedió,  pues  aunque  lenta 
la  convalecencia,  veinte  días  ó  un  mes  después  estaba  el 
enfermo  del  todo  restablecido. 

»  Con  motivo  de  este  acontecimiento  ocurrió  á  pocos  días 
un  desafío  singular.  Heñían  dos  Indios  acerca  de  cual  de  los 
dos  conocía  mejores  contras  para  combatir  el  veneno  de  las 
culebras,  y  sujetando  la  disputa  al  procedimiento  experi- 
mental, resolvieron  recibir  las  mordeduras  de  las  que  los 
contendientes  tuviesen  á  bien  presentarles.  Después  de 
ensayar  varias  víboras  y  sus  contravenenos  respectivos,  al 
fin  uno  de  los  dos  sucumbió  en  la  demanda,  y  su  antagonista 


DKL  CAUCA.  ;;7 

lo  dejo  morir  para  comprobar  la  inferioridad  de  conocimiento 
de  su  adversario.  Jactándose  el  vencedor  de  que  él  sí  cono- 
cía el  ro)íí/(/,  fué  ju/.i;ado  y  condenado  á  ])residio,  como  aulor 
de  un  homicidio  voluntario;  por  más  que  fuese  caso  í>rave 
probar  que  existía  el  remedio.  Desgraciadamente  no  recuerdo 
el  nombre  de  la  culebra  homicida;  pero  este  es  uno  de  los 
casos  que  comprueba  la  conveniencia  de  salvar,  junto  con 
las  razas  salvajes  ó  semi-salvajes,  un  cúmulo  de  conoci- 
mientos raros  adquiridos  por  la  experiencia  de  los  pueblos 
primitivos.  —  ¡Cuántos  agentes  terapéuticos  importantes, 
desde  la  quina,  el  guaco,  el  cedrón  y  la  ipecacuana,  no  se 
deben  á  la  ciencia  despreciada  de  los  indígenas  de  América!  » 

Debemos,  pues,  estudiar  las  medicaciones  empíricas  que 
gozan  de  fama  general,  para  confirmarlas  ó  no  en  su  empleo, 
por  medio  de  las  observaciones  que  se  nos  presenten,  ó 
para  rectiíicarlas  por  medio  de  la  experimentación  con  el 
fin  de  que  entren  en  la  corriente  de  los  trabajos  científicos. 

Con  este  objeto,  hemos  logrado  adquirir,  á  fuerza  de  ins- 
tancias repetidas,  el  conocimiento  de  algunos  secretos  de 
afamados  curanderos  del  Cauca,  junto  con  el  de  las  plantas 
ó  sustancias  empleadas  por  ellos  como  contravenenos.  En 
muchos  casos  de  curación  sobre  personas  conocidas  en  estas 
comarcas,  hemos  comprobado  la  verdad  por  medio  de  inves- 
tigaciones personales,  de  modo  que  no  quede  duda  en  nuestro 
ánimo;  v  en  otros  hemos  visto  administrar,  con  éxito  feliz, 
las  pociones  que  aquéllos  propinan  á  los  pacientes.  Las  obser- 
vaciones detalladas  se  insertarán  en  el  lugar  respectivo. 

Alpublicarlos  conocimientos  que  hemos  adquirido  sobre  los 
desastrosos  efectos  del  veneno  de  los  ofidios  en  la  economía  ani- 
mal, y  los  medios  de  que  podemos  disponer  para  combatirlos, 
procuramos  prestar  un  servicio  humanitario  y  echar  bases  para 
estudios  posteriores,  que  no  carecerán  de  importancia  científica 
y   de   utilidad  en  la  práctica  de  la  medicina  en  nuestro  país. 


CAPITULO  V 


Métodos  empíricos  empleados  en  el  Cauca  contra  los  accidentes  producidos 
por  la  mordedura  de  ofidios  venenosos.  —  Diversas  clases  de  curanderos. 
La  capitana  Y  el  cuarlillito  del  Señor  Francisco  Fernández.  —  Observaciones 
sobre  su  empleo  en  la  hidrofobia.  —  Observaciones  en  la  mordedura  de 
víboras.  —  Clasificación  botánica  de  las  plantas. —  Lacapitaita{Leguminosa 
papilionáced).  —  El  cuarlillito  {pipertícca).  —  El  polipodiiim  nilyare.  —  El 
almizclillo  ó  ambarilla  [Hibisciis  abelmoschus).  Modo  de  emplearlas.  — •  El 
canelón  del  Telembi.  —  Observaciones  clínicas  sobre  el  empleo  de  esta 
planta  en  las  mordeduras  de  víboras.  —  El  aji  y  el  agipique.  —  Su  empleo 
popular  en  el  Ecuador.  —  Las  aristologuias  \  el  guaco.  —  La  Zaragoza  ni- 
niche.  —  Usos  iocráticos  de  estas  plantas.  —  La  hiél  de  víbora.  —  Modo 
de  prepararla.  —  El  aguardiente  y  el  amoniaco.  —  Observaciones  relativas 
al  empleo  de  estas  sustancias.  —  La  curarina  de  Juan  Salas  >'ielo.  — 
Experiencias  con  este  medicamento  en  Caracas.  —  Aplicariones  locales  :  la 
piedra  de  la  serpiente ;  el  Pambao-balvo ;  el  Haba  del  caballero ;  el  tallo 
de  la  caña  de  azúcar.  —  El  zumo  de  limón. 


Jamás  individuo  mordido  por  víbora,  solicita  los  cuidados 
de  los  médicos  :  busca  siempre  á  los  curanderos.  Hay  curan- 
deros de  varias  clases.  Unos  son  indígenas  semi-salvajes,  que 
])ropinan  zumos  de  plantas  designadas  por  ellos  con  nombres 
caprichosos,  segiin  los  efectos  que  les  suponen,  como  el  de 
ffenerahi,  capitana^  estanradera.,  halconcilo.,  etc.  Vienen  los 
conocimientos  de  esas  aplicaciones  por  la  tradición  de  ante- 
pasados aborígenes,  los  cuales,  guiados  por  el  instinto  de  la 
conservación^  elegían  los  remedios  vegetales  que  curaban  á 
las  bestias  en  caso  de  accidentes  semejantes,  ó  tal  vez  por 
analogía  entre  los  efectos,  de  aquellas  plantas  y  los  síntomas 
de  la  enfermedad.  Otros  curanderos  tienen  cierto  grado  de 
civilización  y  han  recibido  las  indicaciones  de  algún  indígena 
en  el  empleo  de  las  contras,  á  las  cuales  dan  el  nombre  de 


LOS  OFIDIOS  VENENOSOS  DEL  CAUCA.  59 

secretos.  Éstos  son  hombres,  en  lo  general,  ignorantes,  especie 
de  juglares  que  socaliñan  al  vulgo  en  los  pueblos  con  juegos 
de  manos  y  ceremonias  misteriosas,  demasiado  ridiculas. 

Existen,  en  fin,  otros  hombres,  de  buen  sentido,  serios, 
benévolos  y  observadores,  que  tienen  fe  ciega  en  la  tradición 
y  conceden  conocimientos  maravillosos  á  la  raza  indígena. 
Estos  han  obtenido  métodos  curativos  de  los  Indios,  los  han 
perfeccionado  con  la  práctica,  y  se  han  hecho  notables  en 
ciertas  regiones  del  país,  por  su  caridad  y  acierto  en  el  arte 
de  curar. 

Durante  muchos  años  hemos  notado  en  el  Cauca  la  rareza 
de  los  casos  de  muerte  por  accidentes  consecutivos  á  la  mor- 
dedura de  los  ofidios,  en  tanto  que  hemos  oído  referir  con 
frecuencia  casos  de  curación. 

Creímos  al  principio  que  el  veneno  de  los  ofidios  del 
Cauca  era  poco  activo ;  de  tal  modo  que  el  organismo  podía 
resistir  las  alteraciones  de  la  economía  animal  y  luchar  con 
ventaja  para  recuperar  la  salud.  Pero  bien  pronto  la  obser- 
vación de  muertes  en  animales  de  gran  tamaño,  como  el 
caballo  y  el  buey,  nos  hicieron  pensar  que  el  veneno  de  los 
ofidios  del  Cauca,  es  poderoso  á  producir  la  muerte  en  pocas 
lloras.  Además,  casos  de  defunción  en  el  hombre  cuando  no 
se  ha  sometido  á  algún  tratamiento,  combaten  la  duda  ó  la 
incredulidad  natural  en  el  médico,  quien  exige  hechos  com- 
probados, buenas  observaciones  y  experimentos  repetidos, 
para  dar  crédito  á  las  historias  populares. 

El  deseo  de  cerciorarnos  y  de  reunir  en  compendio  los 
métodos  vulgares  para  facilitar  el  estudio  de  ellos  entre  los 
naturalistas  y  médicos  colombianos,  nos  indujo,  hace  más  de 
cuatro  años,  á  emprender  investigaciones  sobre  los  ofidios  y 
los  métodos  empíricos  empleados  por  los  curanderos.  Vamos 
á  exponer  los  resultados  de  nuestro  trabajo  en  relación  con 
las  observaciones  recogidas  y  con  el  conocimiento   de  las 


60  LOS  OFIDIOS   VENENOSOS 

plantas  ó  sustancias  empleadas  en  el  tratamiento  de  las  mor- 
deduras de  ofidios. 


La  capitana  y  el  cuartillito. 

Tales  son  los  términos  vulgares  con  que  se  designan  dos 
vegetales  que  forman  la  parte  principal  en  la  composición 
de  un  brebaje  empleado  })or  el  Señor  Francisco  Fernández, 
afamado  curandero  deJamundi,  contra  la ///V/ro/b/z/r/ causada 
por  mordedura  de  perros  con  peste  de  rabia,  y  contra  las 
mordeduras  de  los  ofidios  venenosos. 

Antes  de  ocuparnos  en  la  clasiíicación  de  estas  plantas, 
creemos  conveniente  transcribir  la  relación  de  observaciones 
detalladas  que  bondadosamente  nos  ha  suministrado  el  Sr. 
ür.  Bartolomé  Fernández,  poseedor  del  método  empleado 
por  su  padre  para  combatir  los  accidentes  en  la  ¡lesle  de 
rabia  y  en  el  envenenamiento  por  mordeduras  de  ofidios.  De 
esta  manera  hacemos  pública  manifestación  de  gratitud  al 
Dr.  B.  Fernández  (abogado),  quien  ha  accedido  gustoso  á 
nuestras  exigencias  á  este  respecto,  y  además,  ponemos  á 
los  médicos  en  capacidad  de  juzgar  lo  que  valgan  las  obser- 
vaciones, referidas  ingenuamente  por  persona  extraña  á 
principios  de  medicina  y  de  ciencias  naturales. 

En  cuanto  á  nosotros,  afirmamos  haber  corroboi'ado  los 
relatos  con  la  ratificación  de  la  mayor  parte  de  las  personas 
á  quienes  se  refiere,  dignas  de  entera  fe  y  crédito. 

Sr.    Dr.    Evaristo    García. 

C;ili,   .Mayo  7  tle  18SS. 
vPte.) 
JMi  dislinguido  y  querido  amigo  : 

Mi  padre  naci(')  en  esta  ciudad  el  21  de  Sei)tiem])re  de  1807;  y  muri(')  el 
D  de  Enero  de  1886.  Hizo  sus  primeros  estudios  en  el  Colegio  de  Santa  Librada 
bajo  la  dirección  del  11.  V.  Fray  Pedro  Herrera,  los  que  luvo  que  abandonar 


DEL  CAICA.  61 

para  iledicarse  al  trabajo  y  poder  socorrer  á  su  anciana  madre,  quien  era  el 
objeto  de  sus  princiiíales  cuiílados.  En  el  año  de  lcS:3G  conliajo  nialriuionio 
con  mi  tinada  madre  Felicidad  .Malla,  y  desde  entonces  se  dedic(')  á  las 
faenas  del  campo  en  donde  llevó  una  vida  sencilla  y  humilde,  trabajando 
sin  descanso  para  aliviar  las  necesidades  de  su  familia,  educar  sus  hijos,  y 
hacer  el  bien  posible  á  la  humanidad,  lo  que  le  atrajo  la  estiniaciíhi  y  aprecio 
de  todas  las  clases  sociales. 

En  cuanto  al  secreto  (jue  poseía  para  curar  la  hidrofobia  y  las  mordeduras 
de  las  víl)oras,  el  cual  poseemos  hoy  sus  Jiijos,  lo  revelo  á  Vd.  para  bien  de 
la  iiuniauidad.  Es  tan  eficaz  que  no  se  cuenta  un  solo  caso  de  muerte  entre 
las  (pie  se  hayan  aplicado  el  remedio. 

Este  secreto  lo  adiiuirió  mi  padre  debido  á  su  carácter  suave  y  comunica- 
tivo, como  paso  á  referirlo  :  En  el  año  de  ISliO  fui  mordido  y  despedazado 
por  un  perro  con  hidrofobia.  Mi  padre  preocupado  y  alarmado,  me  puso  en 
curación  inmediatamente  antes  que  sintiera  alguna  novedad,  porque  es  bien 
sabido,  que  en  el  acto  del  contapio  nada  se  siente,  porque  siendo  lento  el 
veneno  de  la  hidrofobia  en  jjroducir  su  efecto,  éste  no  empieza  á  sentirse 
sino  á  los  diez,  ó  veinte  y  hasta  los  sesenta  días  después  del  contagio  según 
la  constitución  del  individuo.  La  persona  que  me  curó,  fué  una  india  del 
Chocó,  llamada  Dionisia,  quien  le  tomó  tanto  cariño  á  mi  padre  que  le 
reveló  el  secreto  esj)ontáneamente,  lo  que  no  quiso  hacer  á  otras  personas  á 
pesar  de  fuertes  sumas  de  dinero  que  le  haiñan  ofrecido. 

Primera  oüskrvack»  i>i:  hidrofobia.  —  Una  vez  dueño  mi  padre  del  secreto 
no  deseaba  sino  i)onerlo  en  práctica,  para  ver  si  la  relación  que  se  había 
hecho  era  real  y  verdadera,  y  esto  pudo  conseguirlo,  en  el  aiio  de  1(S"3C), 
cuando  en  Jamundí  cuní  de  hidrofobia  declarada,  á  una  sirvienta  de  la  Sra. 
Vicenta  Córdoba  de  Vallecilla,  la  que  habiendo  sido  contagiada  por  un  perro 
con  hidrofobia,  no  hizo  caso,  y  al  cabo  de  treinta  días  se  le  declaró  el  mal. 
Cuando  llamaron  á  mi  padre  para  que  la  curara,  ya  le  había  avanzado 
mucho  la  enfermedad ;  pues  ya  la  mujer  no  podía  tragar  y  teníala  garganta 
muy  hinchada;  y  en  los  fuertes  «.ccesos  que  le  dábanse  despedazaba  y  salía 
corriendo  y  gritando,  y  particularmente  si  veía  el  agua.  En  este  estado  fué 
cogida  y  amarrada,  y  empezó  á  curarla  mi  padre,  consiguiendo  que  al 
cuarto  día,  ya  no  le  diera  el  accedo,  y  que  á  los  cuarenta  estuviera  perfec- 
tamente buena. 

Segunda  observación  he  hidrofobia.  —  En  el  año  de  18d7,  el  Sr.  Gabriel 
Otero  fué  mordido  })or  un  perro  ccn  hidrofobia,  en  Jamundí,  y  á  los  diez 
días  de  contagio  le  result(')  la  enfermedad,  la  que  le  empezó  por  fuertes 
dolores  de  cabeza,  escalofríos,  convulsiones  en  el  cuerpo  y  por  tener  horror 
al  agua.  Al  segundo  día  de  sentir  estos  síntomas,  salió  corriendo  por  los 
llanos,  dando  gritos  y  despedazándose  con  los  dientes  :  para  cogerlo  hubo 
que  enlazarlo  en  los  llanos  de  Jamundí,  y  así  lo  llevaron  á  la  casa  y  lo 
amarraron  en  una  escalera,  para  evitar  que  se  mordiera.  En  este  estado 
llamaron  á  mi  padre  para  que  lo  curara,  quien  refería  que  se  sorprendió  al 
ver  los  efectos  de  la  enfermedad ;  porque  los  ojos  se  le  habían  brotado  al 
enfermo  y  los  tenía  muy  encendidos,  y  á  la  vez  arrojaba  babaza  por  la  boca. 
Con  mucho  trabajo,  nos  decía,  pudo  apirearle  el  remedio,  con  el  cual  le 


C2  LOS  OFIDIOS  VENENOSOS 

salvó  la  vida.  El  Sr.  Otero  sobrevivió  como  veinte  años  después  de  la  cura- 
ción, hasta  que  murió  de  una  enfermedad  extraña. 

Tercera  observación  de  hidrofobia.  —  En  el  año  de  18o8,  mi  amigo  y  con- 
discípulo Sr.  Julio  Lloreda,  fué  mordido  por  un  perro  con  hidrofobia.  Cono- 
ciendo su  padre,  cl  finado  José  ]\I.  Lloreda,  que  el  mal  se  le  quería  desarrollar, 
se  lo  llevó  á  mi  padre  para  que  lo  curara,  precisamente  al  tiempo  que  le 
comenzaba  la  hidrofobia,  la  que  se  le  conoció,  ya  por  lo  vago  de  sus  miradas, 
por  lo  intranquilo  del  sueño,  supuesto  que  dormido  daba  fuertes  gritos,  y  á 
veces  se  levantaba  asustado;  ya  por  la  desesperaciiin  que  á  menudo  le  daba, 
por  lo  que  constantemente  salía  corriendo  y  se  iba  á  las  lomas.  Mi  padre 
comprendió  que  el  mal  comenzaba,  lo  atacó  inmediatamente  y  pudo  conte- 
nerlo y  curar  radicalmente  á  mi  querido  amigo  que  hoy  vive  en  Popayán 
bueno  y  sano. 

Cuarta  observación  de  hidrofobia.  —  La  curación  más  notable  que  hizo  mi 
padre  fué  la  del  joven  Miguel  Fernández,  pariente  nuestro,  en  Río  Claro  en 
el  año  de  18o9.  Este  joven  fué  contagiado  por  un  perro  que  á  su  vez  había 
sido  contagiado  por  un  gato  hidrófobo  :  su  padre  quiso  ponerlo  en  cura 
antes  que  apareciera  el  mal;  pero  el  joven  se  resisti(').  Á  los  veinte  días 
después  de  mordido  empezó  á  sentir  sustos,  sobresaltos,  insomnios,  dolor 
de  cabeza,  y  constantemente  sentía  contracciones  en  el  cuerpo  y  ardor  en 
los  ojos.  Un  día  salió  á  pasear  y  al  pasar  por  un  arroyo  de  agua  lo  vio  con 
horror  y  retrocedió  dando  gritos,  corriendo  y  mordiéndose,  y  luego  se 
subió  á  la  copa  de  un  árbol  donde  se  puso  á  maullar  como  gato  y,  brincando 
de  rama  en  rama,  se  dejaba  caer  al  suelo.  Cuando  se  le  suspendía  el  acceso 
se  tranquilizaba  ;  pero  luego  le  volvía  y  despedazaba  cuanto  encontraba.  En 
este  estado  lo  cogen,  lo  amarran  y  llaman  á  mi  padre  para  que  lo  cure; 
éste  ocurre  al  lugar  donde  lo  tenían  y  lo  encuentra  furiosísimo,  con  los 
ojos  brotados,  el  color  encendido  y  tascando  con  los  dientes.  En  el  acto  se 
le  aplicó  el  remedio,  y  al  siguiente  día,  se  le  soltó  de  las  amarraduras ;  pero 
continuándole  la  curación  á  los  cuarenta  días  quedó  perfectamente  bueno. 

Muchos  casos  de  curación  de  hidrofoliia  hechos  por  mi  padre  podría  citar 
á  Vd. ;  pero  temiendo  cansar  su  atención  con  relaciones  tan  arduas,  paso  á 
hacer  una  ligera  relación  de  las  curaciones  más  notables  que  hizo  con 
motivo  de  las  mordeduras  de  víboras. 

Primera  observación.  —  En  el  año  de  1863,  el  Sr.  Plácido  Rodríguez  fué 
mordido  en  las  montañas  de  Jamundí  por  una  víbora  llamada  pelo  de 
f/ato  (1),  y  en  el  acto  ocurrió  donde  mi  padre  para  que  lo  curara.  Llega 
Rodríguez  á  la  casa  arrojando  sangre  por  las  narices  y  por  la  mordedura; 
con  tortísimos  dolores  á  las  ingles,  á  la  cabeza  y  al  vientre,  y  con  escalofríos 
que  le  daban  á  menudo;  el  pie  en  donde  fué  mordido  estaba  sumamente 
hinchado  y  adolorido.  En  el  acto  le  aplicó  mi  padre  el  remedio  y  al  día 
siguiente  estuvo  mejor,  y  al  cuarto  perfectamente  bueno. 

Segunda  observaci(')N.  —  En  cl  año  de  1865,  el  señor  Elias  Morcillo,  tjue 
hoy  vive  en  Tunia,  fué  mordido  por  una  gran  víbora  llamada  cjiñs   2    en 

(1)  Botrops  atrox. 

(2)  Botrops  rhombontus. 


DEL  CAUCA,  63 

las  montañas  de  Río  Claro  á  dos  horas  de  distancia  de  la  casa  do  mi  padre  á 
donde  fué  llevado  con  cargueros,  llegando  casi  muerto,  pues  tenía  comple- 
tamente rígido  todo  el  cuerpo,  particularmente  las  quijadas,  y  sumamente 
hinchada  la  pierna  en  donde  fué  la  mordedura,  estando  á  la  vez  nuiy  dehi- 
litado  por  la  mucha  sangre  que  arrojaha  por  las  narices  y  por  los  ojos.  En 
el  acto  mi  padre  empezij  á  hacerle  las  aplicaciones  del  caso,  teniendo  que 
romperle  los  dientes  para  poderle  aplicar  el  remedio  al  interior;  pero  el 
hecho  fué  que  á  fuerza  de  Irahajo  y  de  la  eücacia  del  remedio  el  hombre  se 
salvó. 

Terceha  OBSERVACIÓN.  —  El  Scfior  Francísco  Tcnorío,  agente  del  Señor  Sergio 
Velasco,  fué  mordido,  en  el  año  de  1876,  por  un  viborón  en  las  montañas  de 
«  Pance  »,  en  toda  la  masa  de  una  pierna.  Conducido  el  enfermo  á  casa  del 
Sr.  Velasco,  ocurrieron  á  mi  padre,  quien  encontró  al  enfermo  con  fatigas 
mortales,  arrojando  sangre  por  las  narices,  por  los  ojos  y  por  todos  los  poros 
del  cuerpo;  tenía  el  color  amarillo,  estaba  sumamente  hinchado,  particu- 
larmente el  vientre  y  la  pierna  mordida,  y  grandes  manchas  negras  en  el 
cuerpo.  Al  principio  creyó  mi  padre  imposible  salvarlo ;  pero  coníiando  en 
la  eficacia  del  remedio  empezó  la  curación  con  el  mayor  esmero  y  consiguió 
así  levantar  ese  cadáver  de  la  tumba.  Tenorio  vive  bueno  y  sano  en  «  Isabel 
Nérez  »  y  él  y  su  familia  y  el  Sr.  Sergio  Velasco  y  el  Sr.  Dr.  Carlos  Delgado  C, 
pueden  certificar  sobre  lo  que  dejo  expuesto. 

Cuarta  observación.  —  Mi  hermano  Antonio  Fernández,  fué  mordido  por 
una  víbora  sumamente  fina  en  las  lomas  de  Río  Claro.  En  el  acto  de  habe-r 
íiido  mordido  se  le  desarrolló  una  hemorragia  por  la  mordedura,  sintiendo 
dolores  á  las  ingles,  y  á  la  cabeza,  con  ansias  y  fatigas.  Llega  á  la  casa 
cayéndose,  pues  estaba  completamente  entontecido,  de  tal  manera  que  no 
podía  guardar  el  equilibrio,  sintiendo  además  intensos  dolores  en  la  mor- 
<ledura.  En  el  acto  mi  padre  le  aplicó  el  remedio,  y  al  día  siguiente  estuvo 
mi  hermano  perfectamente  bueno. 

Quinta  observación.  —  Mi  mismo  padre  fué  mordido  en  dos  ocasiones  por 
dos  víboras;  pero  como  en  el  acto  se  aplicó  el  remedio  nada  sintió;  porque 
es  tal  su  eficacia,  ([ue  si  en  el  acto  de  la  mordedura  de  uña  víbora  sea  cual 
fuere,  se  aplica  el  remedio,  el  efecto  que  produce  la  mordedura  es  como  el 
que  produce  la  picada  de  una  avispa. 

Sexta  observación.  —  Entre  las  curaciones  que  hizo  mi  padre  hubo  un  caso 
raro  y  fué  el  siguiente  :  Un  joven  N.  Muñoz,  que  vive  en  Sánchez,  Distrito 
de  Jamundí,  hijo  de  la  Sra.  alaría  García,  fué  mordido  por  una  víbora  en  un 
pie;  pero  lo  curaron  mal,  por  cuyo  motivo,  se  le  hizo  una  gran  úlcera  en  la 
mordedura,  se  le  hinchó  extraordinariamente  el  pie,  y  le  daban  constante- 
mente vértigos  y  fatigas  mortales  con  mucho  dolor  al  vientre.  Al  cabo  de 
cinco  años  de  sufrimientos  del  joven  lo  vio  mi  padre,  y  comprendió  que 
todo  era  efecto  de  la  mala  curación  que  le  habían  hecho.  En  el  acto  empezó 
á  curarlo  y  en  menos  de  veinte  días  desaparecieron  úlcera,  hinchaztin, 
vértigos  y  dolores  al  vientre.  El  Sr.  Muñoz  vive  bueno  y  sano  sin  haber 
vuelto  asentir  novedad  alguna  y  puede  certificar  sobre  este  hecho,  lo  mismo 
que  su  madre  quien  también  vive. 


Oi.  LOS  OFIDIOS  VENENOSOS 

Muchos  otros  casos  podría  citar  de  curaciones  hechas  por  mi  padre,  poro 
esto  seria  demasiado  largo ;  y  por  lo  tanto  debo  agregarle  ([ue  todas  las 
curaciones  las  hacía  sin  interesar  un  centavo  por  su  trabajo,  porque  experi- 
mentaba gran  satisfacción  cuando  hacia  el  bien  á  la  humanidad. 

Mi  padre  deseoso  de  que  tan  útil  secreto  no  se  perdiera,  nos  lo  transmitió  á 
sus  hijos,  quienes  lo  hemos  aplicado  con  magníficos  resultados. 

Entre  las  varias  curaciones  que  hemos  hecho,  citaré  las  siguientes  : 

Séptima  observación.  —  En  el  año  de  18G8,  mi  malogrado  y  distinguido 
amigo  Dr.  José  M.  Borrero,  tenía  en  la  venta  de  San  Antonio  vui  indio  tra- 
bajando, y  éste  fué  mordido  en  una  pierna,  por  una  equis  de  las  que  allí  se 
producen.  En  el  acto  vino  el  Sr.  José  M.  Rivera  á  dar  cuenta  del  suceso, 
y  mientras  busqué  las  plantas  y  preparé  el  remedio,  se  pasó  el  día.  No  pu- 
dimos salir  de  aquí,  con  el  Dr.  Borrero,  sino  á  las  seis  de  la  noche,  y  llega- 
mos á  San  Antonio  á  las  ocho.  Encontramos  al  enfermo  malísimo,  pues  ya 
no  podía  hablai-,  tenía  el  color  sumamente  amarillo,  y  aunque  arrojaba  poca 
sangre  ])or  las  narices,  la  había  arrojado  en  gran  cantidad  por  la  orina, 
estando  con  tortísimos  dolores  al  vientre,  con  náuseas  continuas  y  muy 
hinchada  la  pierna,  lo  mismo  que  el  vientre.  Toda  la  noche  le  aplicamos  el 
remedio,  con  lo  que  conseguimos  que  al  día  siguiente  pudiera  hablar  y 
tragar  fácilmente;  aunque  no  podía  pararse,  porque  estaba  muy  entonte- 
cido, pero  al  tercer  día  estuvo  bien  mejor,  y  á  los  ocho  estuvo  trabajando 
bueno  y  sano. 

Me  ocuparé  en  seguida  de  poner  en  conocimiento  del  público,  por  el 
honorable  conducto  de  Vd.,  los  remedios  eficaces  para  curar  tanto  la  hidro- 
fobia, como  las  mordeduras  de  víboras. 

Remedio  para  curar  la  hidrofobia. 

Para  curar  esta  tremenda  enfermedad,  que  siempre  viene  por  contagio, 
entran  en  combinación  las  siguientes  plantas. 

Primera  :  La  llamada  capitana,  planta  que  se  encuentra  en  las  orillas  de 
los  ríos  y  en  las  sabanas. 

Segunda  :  Los  cuartillitos,  {)lan[a  parásita. 

Tercera  :  El  polipodio,  también  planta  parásita. 

(kiarta  :  El  alinizclillón,  que  se  encuentra  en  los  jardines. 

[Antes  de  pasar  adelante,  y  para  mejor  inteligencia,  nos  permitimos  inter- 
calar una  ligera  descripción  délas  plantas  áque  se  reliere  el  método  empírico 
del  Dr.  Fernández.] 

La  capitana  es  planta  herbácea  que  tiene  altura  de  seisá  ocho  centímetros, 
crece  en  los  prados  y  apenas  se  extiende  en  un  radio  de  diez  á  doce  cen- 
liiiietros.  Las  hojas  simples  son  ovales  y  pecioladas,  tienen  un  solo  nervio 
central  y  se  internan  alternándose  sobre  un  tallo  flexible.  Las  flores  rojas 
y  azuladas,  pequeñas,  corresponden  en  su  forma  á  las  papilliondceas,  y  el 
fruto  es  una  vaina  compuesta  de  varias  articulaciones  casi  separadas  las 
unas  de  las  otras,  designadas  por  el  vulgo  con  el  nombre  de  cinpanihlif.ts. 


Pag.  64- . 


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Capitana, 
anior  seco  del  valle 


A.  Arce. 


Desmodium   Tnauntianum 
ACCÉSIT. 


Pag.  65 


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i*»P.CH.eouRBT  Z^.Kue  vlscONrt/  parís. 


DKL   CAUCA.  65 

Éstas,  que  son  vellosas,  se  adlik'ri'u  á  los  vestidos,  molivo  por  el  cual  les 
dan  en  el  Cauca  el  nombre  de  amor-seco.  La  planta  no  tiene  t)lor  ni  sabor 
notables,  y  parece  no  poseer  principio  alguno  estimulante. 

El  Dr.  Sandino  Groot,  Profesor  de  l'.otánica  en  la  Universidad  Nacional 
de  Colombia,  ha  tenido  la  lina  complacencia  de  ayudarnos  en  este  trabajo, 
clasificando  las  plantas  nuevas  ó  desconocidas  para  nosotros.  Según  aquel 
Profesor,  la  capitana  pertenece  á  las  Lc<inininoí<ax  papUionaccas. 

Tribu Ileil/cearias. 

Gi'nero Desmodiuin. 

Especie  nueva Desmüdiwn-inaurilidnuní  accésit. 

Kr.  ccAUTiLi.iTO.  —  Es  planta  que  puede  tener  acci(3n  terapéutica  enérgica, 
por  los  principios  aromáticos  de  un  liquido  estimulante  ([ue  llena  en  abun- 
dancia sus  hojas. 

Crece  sobre  los  troncos  húmedos  de  los  árboles  á  los  cuales  tapiza  de  verde. 
De  los  tallos  delgados  y  flexibles  salen  raicecillas  para  fijarse  en  el  tronco; 
y  las  hojas,  solitarias,  pequeñas,  completamente  redondas,  con  un  diámetro 
de  cinco  á  seis  milímetros,  están  alternadas.  El  nombre  de  cuartiUito  pro- 
viene de  la  semejanza  en  la  forma  de  las  hojas,  con  una  monedilla  de  plata 
que  se  uso  en  Colombia.  El  pecíolo  corto  no  se  inserta  en  el  borde  de  la 
hoja,  sino  un  poco  más  adentro  del  limbo  (hoja  peltacla.)  Estas  hojitas 
coriáceas  tienen  la  particularidad  de  estar  repletas  de  un  líquido  que  dis- 
tiende las  dos  láminas  dándoles  el  aspecto  de  lentes  biconvexos;  de  modo 
([ue  al  comprimirlas  enire  los  dedos,  sale  con  fuerza  el  liquido  que  con- 
tienen. La  forma  biconvexa  desaparece  de  un  día  para  otro  en  la  planta, 
cuando  se  la  coge  para  conservarla.  Entonces  la  cara  del  lado  del  pecíolo 
de  la  hoja  es  convexa,  y  la  opuesta  ligeramente  cóncava.  Tiene  tres  nervios 
apenas  perceptibles  cuando  se  la  ve  por  transparencia.  Los  frutos  forman 
espiguitas  largas  hasta  de  cuatro  centímetros,  los  que  se  insertan  en  el 
tallo  por  medio  de  un  corto  pecíolo,  el  cual  lleva  á  uno  y  otro  lado  dos 
hojitas  redondas,  más  pequeñas  que  las  principales.  La  espiguita  se  parece 
á  la  del  pepiloiujo  (piper  longum). 

El  liquido  claro  y  transparente  que  contienen  las  hojas,  es  de  un  sabor 
acre,  picante,  oloroso  á  esencia  de  cubebas. 

Según  el  Profesor  Sandino  Groot,  de  Bogotá,  el  cuartiUito  pertenece  á  la 
familia  de  las  Piperáceas. 

Tribu Piperomias. 

Género l'iperomia. 

Especie  nueva I'eperoinia  uui/unularifolia. 

El  polipodio  {Polipodiiim  rulgare),  de  la  familia  de  los  heléchos,  tiene  una 
sepa  nudosa  de  donde  salen  las  raíces  y  las  hojas.  Éstas,  sostenidas  por  un 
gran  peciolo,  en  forma  de  pluma,  con  los  folíolos  sésiles,  los  cuales  llevan  los 
esporanges  de  cada  lado  del  nervio  central.  Goza  de  acción  levemente  pur- 
gante. 

El  ALMr/CLiLLÓN  ó  AMBAUíLLA  cs  de  la  familia  de  las  malváceas  {Hibiscus  abel- 
mosclius),  notable  por  los  granos  reniformes  que  "exhalan  un  olor  de  ámbar 
almizclado.  Posee  propiedades  estimulantes  antiespasmódicas. 


66  LOS  íiriDIoS   VENENOSOS 


Modo  de  preparar  el  remedio. 

Se  toma  una  pran  cantidad  de  capitana  y  se  muele  bien;  pero  como  esta 
hierba  es  seca,  para  extraerle  el  jugo  se  humedece  bien  al  tiempo  de  molerla 
con  buen  aguardiente  resacado.  Una  vez  molida,  se  pone  tanto  el  zumo 
como  el  bagazo,  en  una  vasija  que  no  tenga  grasa.  Se  toma  una  cantidad 
de  cuartillitos  y  también  se  muele  ;  como  esta  planta  contiene  líquido,  tanto 
éste  como  su  bagazo,  se  unen  con  el  de  la  capitana.  Hecho  esto,  se  estregan 
los  dos  bagazos  l)ien.  y  luego  se  cuelan  en  un  linón  ó  cedazo  que  no  tenga 
grasa ;  y  el  zumo  que  produzcan  se  coloca  en  una  botella  grande,  hasta 
ocupar  las  dos  terceras  parles,  acabándola  de  llenar  con  aguardiente  resa- 
cado. Una  vez  llena  la  botella,  se  le  ponen  tres  nudos  de  polipodio  y  tres 
granos  de  almizclillón,  todo  bien  molido.  De  esta  manera  queda  preparado 
el  remedio. 

Modo  de  aplicarlo. 

De  la  botella  así  preparada  se  dará  al  enfermo  una  copa  por  la  mañana  t 
y  otra  por  la  noche,  si  no  estuviere  muy  malo;  y  en  caso  de  estarlo,  se  le 
dará  una  toma  doble  cada  dos  horas,  disminuyendo  en  proporción  de  la 
mejoría.  Una  vez  mejor,  se  le  seguirán  dando,  una  loma  por  la  mañana  y 
otra  por  la  noche  durante  nueve  días  sin  interrupción.  Terminando  los 
nueve  días  se  suspenderán  las  tomas  diarias,  y  sólo  se  le  dará  una  loma 
cada  ocho  días,  hasta  completar  los  cuarenta  días  que  dura  el  tratamiento, 
contados  desde  el  día  en  que  comience  á  tomar  el  remedio. 

Si  durante  los  cuarenta  días  sobreviniere  en  el  enfermo  la  íiel)re,  como 
es  natural,  se  le  darán  sudoríficos  de  hojas  de  ruda  {Ruta  gravclens). 

Sí  el  enfermo  no  pudiere  tragar  por  tener  inflamada  la  garganta,  cosa  que 
sucede  al  declararse  la  hidrofobia,  se  le  pondrán  en  la  garganta  (•atai)las- 
mas  de  ruda  fritas  en  aceite  de  comer. 

Durante  los  cuarenta  días  se  le  darán  al  enfermo  fricciones  en  todo  el 
cuerpo,  particularmente  en  la  columna  vertebral,  con  el  bagazo  de  la  capi- 
tana en  aguardiente. 

Por  agua  ordinaria  durante  los  cuarenta  días  se  hará  un  cocimiento  de 
veinte  granos  de  almizclíllo  en  tres  botellas  de  agua. 

Por  alimentos  tomará  el  enfermo  sopa  de  arepa,  fideos,  pan,  carne  fresca 
de  res,  sin  condimento  alguno;  y  por  dulce  tomará  azúcar  y  merengues;  y 
no  podrá  tomar  en  ningún  caso  carne  ni  manteca  de  marrano,  ])látano  ma- 
duro, ni  arroz  de  Castilla. 

Guardará  el  enfermo  vma  dieta  de  cuarenta  días,  durante  los  cuales  no 
podrá  humedecerse,  ni  serenarse,  ni  recibir  aires  húmedos. 

Tres  dias  antes  de  terminar  los  cuarenta  dias,  se  leaplicará  cada  día  una 
lavativa  de  cordoncillo  blanco  [Pipcr  itmbclatum) ;  y  al  dia  siguiente  de  la 
última  lavativa,  se  le  dará  un  puigante  de  jalapa,  iq)licándole  la  cantidad 
según  su  edad,  con  lo  que  queda  terminada  la  curación. 

Remedio  para  curar  las  mordeduras  de  víboras. 

Se  prepara  una  botella  tomando  una  gran  cantidad  de  cuarHllitos,  y  de 
capitana  solamente,  en  los  términos  arriba   expresados,   llevando  mayor 


14.° 


CANELÓN     DEL    TELEMBÍ. 


Paj.  67. 


Canelón    del 

Telembí 

Piper    Telembí . 

Ji.  J\rce. 


PIPER      telembí. 


DEL  CAUCA.  67 

canüJad  de  cuaiiillilos.  Preparada  así  la  botella,  se  le  pondrán  diez  granos 
de  cedrón  [Simaba  cedrón)  y  diez  de  canehni  (i).  Se  tomarán  igualmente 
veinte  hojas  de  guaco  [Mihauia  guaco)  morado  y  se  les  extraerá  el  zumo  con 
buen  aguardiente  resacado,  el  que  se  agregará  á  la  botella. 

En  caso  de  (]ue  no  haya  cedrón  y  canelón,  podiá  prepararse  la  botella, 
con  cuarlillitos  y  capitana,  y  de  esto  se  le  dará  al  enfermo  una  copa  cada 
hora  el  primer  día  duplicando  la  dosis  en  cada  toma  si  estuviere  muy  malo. 
El  segundo  día  se  le  dará  cuatro  tomas,  una  por  la  mañana,  otra  á  las 
once,  otra  á  las  tres  y  otra  por  la  noche  ;  é  igual  cantidad  se  le  dará  durante 
cuatro  días. 

Si  el  enfermo  no  pudiere  tragar,  se  le  pondrán  en  la  garganta  las  cata- 
plasmas de  ruda  con  aceite. 

Si  tuviere  nuicho  dolor  á  la  cabeza  se  le  dará  á  tomar,  tres  cogollos  de 
ruda,  puestos  en  cocimiento  en  tres  pocilios  de  agua,  los  que  tomará  uno 
cada  hora. 

En  la  mordedura  se  le  pondrán  cataplasmas  de  cuartillitos,  preparadas 
con  aguardiente,  lo  más  caliente  posible. 

Como  el  veneno  de  la  hidiofobia  es  más  intenso  que  el  de  las  víboras,  no 
se  necesita  para  curar  las  mordeduras  de  éstas,  guardar  más  dieta  que  la  de 
los  días  del  tratamiento,  que  será  de  unos  seis  días ;  de  tal  manera  que  si 
pudiera  aplicarse  el  remedio,  en  el  momento  mismo  de  ser  mordida  alguna 
persona,  ésta  podría  seguir  trabajando  sin  peligro  alguno. 

Soy  de  ü.  af'™°  amigo  que  lo  estima. 

Bartolomé  Fernández. 


El  canelón  del  Telembí. 

Esta  planta  crece  á  orillas  del  río  Telembí,  en  las  montañas 
de  Barbacoas,  Departamento  del  Cauca.  Es  una  de  las  contras 
más  afamadas  y,  en  nuestra  opinión,  realmente  activa  para 
combatir  el  efecto  del  veneno  de   las  serpientes. 

Desgraciadamente  no  nos  ha  sido  posible  conseguir  la 
flor  ni  el  fruto  de  tal  planta  :  lo  que  liace  difícil  la  clasifica- 
ción botánica.  Tenemos  acopio  solamente  del  bejuco  y  de 
las  ramas  con  sus  hojas. 

El  canelón  es  un  bejuco  leiioso,  cilindrico,  cubierto  por 
corteza  gris  y  que  presenta  al  corte  transversal  una  colora- 
ción amarilla.  El  grosor  del  que  tenemos  á  la  vista  es  de 
14  centímetros  de  circunferencia,  señalado  en  la  superficie 

(1)  Nos  ocuparemos  después  del  canelón,  especie  de  Piperácea, 


68  LOS  OFIDIOS  VENENOSOS 

por  nudos  pequeños  correspondientes  á  la  inserción  de  los 
ramillos  o  de  las  hojas.  Es  sarmentoso  y  lleva  raíces  adven- 
ticias para  fijarse  á  los  árboles  que  le  sirven  de  apoyo.  Las 
ramas  tienen  hojas  alternas,  simples,  pecioladas,  lanceoladas, 
con  vértice  agudo  y  son  de  color  verde  intenso  por  encima, 
un  tanto  atenuado  en  el  envés,  peninervadas  y  de  longitud 
de  10  a  15  centímetros.  Del  pecíolo,  que  tiene  de  3  á  4  cen- 
tímetros de  largo,  salen  tres  nervios  notables,  procedentes 
de  los  nudos  del  tallo  que  se  extienden  de  la  base  del  limbo, 
el  uno  hasta  el  vértice,  y  los  otros  dos  hacia  los  bordes  de 
la  hoja,  un  poco  más  abajo  de  la  punta. 

El  olor  del  leño  y  de  la  corteza,  es  parecido  al  de  la 
pimienta;  el  sabor,  acre,  amargo,  y  aromático.  La  tintura 
es  un  estimulante  enérgico,  que  se  prepara  poniendo  en 
maceración  veinte  gramos  de  corteza  en  ciento  de  aguardiente 
á  22°  del  alcolhímetro  centígrado. 

En  atención  á  los  caracteres  que  dejamos  anotados,  el 
canelón  debe  pertenecer  á  la  familia  de  las  Piperáceas. 

Se  debe  á  los  Sres.  Juan  Antonio  Monzón  y  José  Ignacio 
Segura,  viajeros  por  el  Chocó,  la  introducción  y  el  uso  del 
canelón  en  el  valle  del  Cauca,  contra  la  mordedura  de  los 
ofidios  venenosos.  Fué  en  Guaba  hoy  La  E. mecía ^  donde  se 
aplicó  con  buen  suceso  por  primera  vez,  en  un  caso  de 
envenenamiento  por  picadura  de  serpiente. 

El  excelente  Caballero  D.  Sinforoso  Garcés,  padre  de 
numerosa  familia  que  habita  en  Calima^  hacienda  situada 
en  la  cordillera  occidental  de  los  Andes,  hacia  taparte  media 
del  valle  del  Cauca,  ha  tenido  la  bondad  de  suministrarnos 
observaciones  interesantes  acerca  del  uso  del  canelón. 

Primera  observación  (1864).  — José  Antonio  García,  joven 
de  10  años  de  edad,  fué  mordido  en  una  pierna  por  un  bolrops 
de  regular  tamaño.  Arrojó  mucha  sangre  por  las  heridas, 


DEL  CAUCA.  69 

tuvo  dolor  de  cabeza,  vértigos,  hemorragias  por  las  mucosas, 
color  amarillo  de  la  piel,  y  edema  del  miembro  ofeudido, 
acompañado  de  dolores  agudos.  No  obstante  el  tratiimienlo 
clásico  en  aquella  época,  consistente  en  la  aplicación  de 
álcali  volátil  con  zumo  de  guaco  y  raspaduras  de  cedrón, 
mezclados  con  aguardiente,  y  cataplasmas  aromáticas  sobre 
el  sitio  doloroso,  el  enfermo  se  agravó  hasta  el  extremo  de 
tener  que  bajarlo  al  pueblo  de  Jotoco,  donde  murió  del 
sexto  al  séptimo  día,  con  síntomas  de  postración  parecidos 
á  los  de  la  fiebre  amarilla. 

Segunda  OBSERVACIÓN  (1869).  —  Andrea  iVrana,  de  edad 
de  22  años,  fué  mordida  en  el  dedo  gordo  del  pie  por  una 
pelo  de  gato  de  pequeña  talla.  Inmediatamente  se  le  admi- 
nistró una  copa  de  tintura  de  rnnclón  y  se  le  aplicaron 
cataplasmas  aromáticas  sobre  la  picadura.  No  se  presentaron 
síntomas  alarmantes,  y  salvo  el  edema  del  pie,  al  día  si- 
guiente la  enferma  podía  trabajar  sin  inconveniente.  Fué  el 
primer  caso  en  que  se  empleara  el  raiielón  en  Calima. 

Tercera  observación  (1870;.  —  Cipriano  Yalverde,  de 
14  años  de  edad,  fué  mordido  en  un  pie  por  una  colgadorn . 
Hubo  hinchazón  del  miembro  herido,  vértigos,  dolores 
ligeros.  En  la  misma  tarde  del  acontecimiento  empezó  á 
tomar  las  copas  de  tintura  de  ranelón.  Pocos  días  después 
pudo  seguir  en  sus  trabajos. 

Cuarta  observación  í 1 871  i.  —  Honorio  López,  joven  de 
21  años  de  edad,  fué  mordido  en  un  pie  poruña  coiyadora. 
Sobrevinieron  hinchazón  del  miembro  mordido,  vértigos, 
dolor  de  cabeza,  ansias.  En  el  acto  se  le  cauterizó  la  herida 
con  lacre  derretido  y  se  le  propinó  una  copa  de  tintura  de 
ranelón.  Al  día  siguiente  pudo  trabajar  sin  más  inconve- 
niente que  la  quemadura  del  lacre. 


70  LOS  OFIDIOS  VENENOSOS 

Quinta  observación  (1874).  —  Eduardo  Garcés,  de  edad 
de  10  años,  fué  mordido  un  día  á  las  seis  de  la  tarde  por  un 
hotrops  de  pequeña  talla.  En  el  momento  empezó  á  tomar  las 
copas  de  tintura  y  a  aplicarse  las  cataplasmas  aromáticas. 
Un  día  después  cesaron  los  accidentes  ligeros,  salvo  la  hin- 
chazón del  pie,  que  duró  algunos  días  más. 

Sexta  observación  (188i).  —  Ricardo  Penagos,  joven  de 
24  años  de  edad,  un  día  á  las  cinco  de  la  tarde  fué  mordido 
en  una  mano  por  una  pelo  de  gato  de  talla  regular.  Inmedia- 
tamente se  tomó  una  copa  de  raneJún,  la  que  repitió  tres 
veces  durante  la  noche.  Al  día  siguiente  pudo  levantarse. 

Séptima  observación  (1887).  —  Manuel  Castillo,  de  28  años 
de  edad,  fué  mordido  en  una  mano  por  una/>í?/o  de  gato  de 
pequeña  talla.  Tuvo  dolor  en  la  herida,  iiinchazón  del  brazo, 
cefalalgia  y  ansiedad.  Inmediatamente  se  le  empezó  á  admi- 
nistrar tintura  de  canelón^  y  á  las  veinticuatro  horas  se 
sintió  bien  y  pudo  trabajar. 

Octava  observación  (1887).  —  Eduardo  Garcés,  de  edad  de 
23  años,  el  joven  mordido  á  la  edad  de  10  años  en  1874,  fué 
mordido  otra  vez  en  un  pie  por  un  hotrops  de  talla  regular. 
El  joven  había  comido  plátanos  guineos,  y  al  propinarle  la 
tintura  de  canelón,  sufrió  un  ataque  de  indigestión  con 
muchas  fatigas,  las  que  ocasionaron  el  vómito  del  remedio. 
Media  hora  después,  cuando  vino  la  calma,  se  repitió  la  copa 
de  canelón,  que  fué  vomitada  de  nuevo,  y  otra  vez  se  le 
administró  con  igual  insuceso.  Pasadas  dos  horas,  por  cuarta 
vez,  se  insistió  en  administrarle  el  ranelón,  el  cual  fué  con- 
servado en  el  estómago,  y  se  durmió  el  paciente  en  seguida. 
En  todo  este  tiempo  se  le  aplicaron  cataplasmas  aromáticas. 
Pero  en  el  momento  de  administrarle  por  cuarta  vez  el 
canelón,  ya  el  miembro  herido  estaba  muy  hinchado   y  los 


DEL  CALCA.  71 

dolores  de  la  pierna  y  de  la  cabeza  eran  agudos.  Por  la  noche 
aparecieron  vejigas  llenas  de  humor  rosado  y  siluadas  en  la 
axila  del  ])i'azo  izquierdo,  y  color  amarillo  de  la  piel.  Al 
día  siguiente  hubo  dolor  agudo  en  la  otra  pierna  y  se  notaron 
ramales  de  color  morado  y  verdoso  en  el  pecho  y  en  las 
espaldas.  Se  insistió  en  propinar  una  copa  de  tintura  de 
eanelón^  tres  veces  al  día,  y  aguardiente  alcanforado,  sobre 
los  sitios  doloridos.  Tres  días  después  los  accidentes  cesaron. 
La  convalecencia  principió  al  quinto  día,  y  el  enfermo  se 
restableció  completamente  ií  los  quince  días. 

Novena  observación  ¡1889).  —  Luis  Renjifo,  de  edad  de 
25  años,  fué  mordido  en  un  pie  por  un  botrops  pelo  de  gato 
de  talla  regular.  Tuvo  dolor  de  cabeza,  hinchazón  y  dolores 
en  la  pierna,  además  de  ansiedad  excesiva  por  impresión 
moral  del  joven.  Tomó  en  el  momento  la  copa  de  tintura  de 
ranelón,  la  que  se  repitió  dos  horas  después.  Los  síntomas 
sucesivos  no  fueron  alarmantes.  El  joven,  muy  impresiona- 
ble, guardó  dieta  durante  unos  ocho  días,  al  cabo  de  los 
cuales  fué  cuando  desapareció  la  hinchazón  del  pie. 

Décima  observación  (1880).  —  Lubín  Bustos,  joven  de 
18  anos  de  edad,  fué  mordido  en  un  pie  por  un  botrops 
pelo  de  (jato  de  gran  talla.  En  el  momento  tomó  la  copa  de 
tintura  de  cunelún.  Hubo  dolor  é  hinchazón  del  pie,  fatiga, 
dolor  de  cabeza  y  ansiedad.  Se  usó  la  tintura  de  canelón 
cada  seis  horas;  se  le  cauterizaron  las  heridas  con  limón 
tibio,  y  se  le  pusieron  cataplasmas  aromáticas  y  unturas  de 
grasa  alcanforada.  Al  tercer  día  el  enfermo  pudo  levantarse. 

Undécima  observación  (1890).  —  Aurelio  Arce,  mordido 
por  una  colgadura  en  un  brazo.  Se  le  cauterizó  con  limón 
caliente,  se  le  administró  tintura  de  ranelón  y  se  le  aplica- 


72  LOS  OFIDIOS  VENENOSOS 

ron  cataplasmas  de  hierbas  aromáticas.  Los  síntomas,  que  se 
limitaron  á  dolor  de  cabeza,  hinchazón  del  brazo  y  ligero 
malestar,  cesaron  al  día  siguiente. 

Duodécima  observación  (Nuestra  :  1890). —  N....  Ramírez, 
joven  soltera,  de  26  años  de  edad,  se  nos  presentó  muy 
alarmada,  porque  se  sentía  desfalleciente  á  consecuencia  de 
una  metrorragia  inesperada  y  abundante.  Nos  llamó  la  aten- 
ción el  color  amarillo  de  la  piel,  y  durante  el  reíalo  auiíus- 
tioso  de  la  enferma,  la  presencia  en  los  ojos  de  lágrimas 
ligeramente  rosadas. 

<(  Esta  madrugada,  »  nos  decía  la  paciente,  «  al  ir  á  pre- 
parar unos  fermentos  para  destilar  licores,  me  picó  un 
alacrán  ó  alguna  araña.  Ha  habido  dolor,  el  cual  ha  aumen- 
tado en  la  pierna;  después  he  sentido  fatigas,  ansias,  dolor 
de  cabeza,  vértigos  y  pérdida  de  sangre  inesperada.  » 

Examinamos  la  pierna  y  fué  hallada  ligeramente  edema- 
tosa y  con  dos  puntos  de  sangre  correspondientes  á  dos 
heriditas  semejantes  á  punzadas  de  colmillos.  Sospecliamos 
que  la  picadura,  hubiese  sido  hecha  por  algún  otidio  vene- 
noso; ordenamos  una  copa  de  tintura  de  canelón  cada  seis 
horas.  Recomendamos  á  la  familia  que  levantara  las  ollas  de 
la  cocina  y  los  rodetes  sobre  los  cuales  se  apoyan  aquellos 
aparatos  de  fermentación.  Al  tercer  día  la  paciente  nos  hizo 
avisar  que  se  encontraba  repuesta  de  los  accidentes  y  que  en 
verdad  había  encontrado  en  los  rodetes  de  las  ollas,  una 
víbora  color  de  tabaco,  de  longitud  de  una  vara. 

Durante  el  período  á  que  se  refieren  estas  observaciones, 
han  ocurrido  en  Calima  varios  casos  de  mordeduras  en  los 
animales  por  boirops pelo  de  gaío  muy  grandes. 

Un  toro,  mordido  en  la  nariz,  se  puso  muy  triste,  erizado 
y  deforme  por  la  hinchazón  de  la  cabeza.  Á  las  siete  de  la 
mañana  se  le  di('»  un  vaso  con  tintura  de  ranelón  v  se  le  hicie- 


DEI.  CAUCA.  73; 

ron  fricciones  con  ziinio  de  limón.  Á  las  cinco  de  ki  tarde  el 
animal  emj)c/.<'»  á  comer.  Se  repiti*'»  la  dosis  de  canelón  en  los 
días  sij;uicntcs,  y  el  loro  se  restableció. 

El  mismo  procedimiento  se  ha  empleado  en  tres  vacas, 
mordidas  en  el  bra/o,  v  en  dos  terneros  mordidos  en  la 
pierna,  y  se  ha  obtenido  ignal  resultado  favorable. 

Seis  perros  cazadores  fueron  mordidos  lejos  de  la  casa 
por  holrops  muy  desarrollados.  Uno  de  ellos  en  un  ojo,  dos 
en  la  nariz  y  tres  en  los  brazos.  Todos  se  salvaron  con  la 
tintura  de  canción,  aún  cuando  había  trascurrido  un  par  de- 
horas cuando  se  empezó  el  tratamiento.  Hemos  observado 
que  en  los  perros  siempre  hay  grandes  hemorragias,  lo  que 
no  sucede  en  el  eanado. 

Nueve  casos  han  ocurrido  en  bestias  caballares  y  mulares - 
Cuatro  de  ellas  han  terminado  por  la  muerte,  debido  tal  vez 
á  la  demora  en  la  aplicación  del  remedio,  que  ocurri()  veinti- 
cuatro horas  después  de  las  mordeduras,  cuando  ya  había 
hemorragia  por  las  heridas  y  por  las  narices.  Los  otros 
animales  se  han  salvado,  empezando  la  administración  de 
la  tintura  de  canelón,  pocas  horas  después  de  mordidos.  Se 
les  daba  dos  copas  poco  más  ó)  menos  de  la  tintura  de  canelón 
cada  seis  horas  y  se  les  friccionaban  la  herida  y  las  partes 
liinchadas  con  tajadas  de  limón.  Las  muías  parecen  más 
suceptibles  al  veneno  del  bolrnps  que  los  caballos,  y  el  ganado 
vacuno.  En  un  mulo  muy  estimado,  no  se  notóla  enfermedad 
sino  cuando  ya  había  empezado  la  hemorragia  por  las  heridas 
y  por  las  narices.  El  animal  sudaba  un  líquido  amarillo, 
estaba  triste  y  tenía  erizados  los  pelos.  Se  le  dio  doble  dosis 
de  tintura  de  canelón,  se  le  pusieron  cataplasmas  aromáticas 
sobre  las  heridas  y  se  le  frotó  con  el  zumo  de  limón.  La 
hemorragia  por  las  heridas  persistía,  y  durante  toda  la  noche 
procuramos  combatirla  por  medio  de  compresas  de  agua  fría 
v.  con  tintura  de  canelón  cada  seis  horas.  A  las  veinticuatro 


74  LOS  OFIDIOS   VENENOSOS 

desapareció  la  hemorragia;  pero  el  animal  quedó  triste, 
débil,  abatido.  Acostado  sobre  el  suelo  rehusábalos  alimentos 
que  le  obligábamos  á  tomar.  Insistimos  en  el  tratamiento,  y 
cuatro  días  después,  el  animal  se  levantó,  muy  flaco  y  débil, 
pero  ya  se  estableció  una  convalecencia  lenta,  hasta  quedar 
completamente  bueno. 

Como  se  observará  en  la  relación  anterior,  los  casos  de 
envenenamiento  han  sido  producidos  por  el  botropspelo  de  gato 
y  por  la  rolyadora^  porque  las  otras  clases  de  serpientes  son 
casi  desconocidas  en  las  montañas  del  Cauca. 

Por  regla  general,  debe  aumentarse  la  cantidad  de  tintura 
de  canelón  que  se  propina  al  paciente,  según  sea  el  tamaño 
del  ofidio,  y  el  mayor  espacio  de  tiempo  trascurrido  desde 
el  momento  de  la  picadura. 

La  tintura  se  prepara  con  aguardiente  á  22°.  Mientras 
más  añeja,  más  eficaz. 

El  ají  y  el  ajipique. 

Estimulantes  difusivos  muy  enérgicos.  Su  sabor  acre  y 
ardiente  lo  deben  á  un  alcaloide  líquido  :  la  capsina.  Hay 
varias  especies  de  pbmentoü^  de  la  familia  de  las  sola- 
náceas. El  cfji  coral  ó  pimiento  de  Guinea,  y  sus  variedades, 
tienen  fruto  grande,  mayor  de  2  centímetros  de  longitud 
[Capsicum  annuion).  El  ajipñque  ó  pimiento  de  Cayena,  que 
tiene  el  fruto  muy  \)Q(\i\Qño[Caps¡runi  /'(tsí'igu'iatum  de  Blume). 

Los  indios  del  Ecuador  dan  el  ají  como  una  contra  en  los 
casos  de  mordeduras  de  víboras.  El  Sr.  D.  Vicente  Be- 
cerra, cancano  que  reside  en  el  Ecuador,  escribe  lo  siguiente  : 

«  El  Sr.  D.  Luis  Cordero,  individuo  muy  ilustrado  é  inte- 
ligente, conocedor  de  las  costumbres  de  los  indios 
de  Gualaquiza,  refiere  gran  número  de  curaciones  ver- 
daderamente maravillosas,  obtenidas  con  el  ají.  Cita,  entre 
otros   casos,    el  de   su   pariente,   Sr,  José  AF.  Dávila,    jefe 


DEL  CAUCA.  75 

político  del  cantón  Gualaquiza,  y  persona  absolutamente 
fidedigna.  El  Sr.  Dávila  fué  mordido  por  una  cqiás  en  un 
pie.  La  herida  muy  profunda  se  cauterizó  con  azufre, 
se  le  dio  muchas  veces  el  amoniaco  diluido  en  agua, 
y  se  le  hicieron  todos  los  remedios  conocidos  por  los  curan- 
deros sin  lograr  detener  los  horribles  efectos  del  veneno.  El 
Sr.  Dávila  desgarraba,  sudaba  y  lloraba  sangre ;  un  estado 
de  completa  adinamia  llevaba  al  extremo  la  postración  de 
su  cuerpo  ennegrecido  y  paralizado,  el  vientre  inflado,  el 
cerebro  entorpecido,  todo  anunciaba  su  próxima  muerte. 
Hacía  seis  días  que  esta  situación  venía  agravándose,  cuando 
se  presentó  en  la  casa  un  capitán  jíbaro  llamado  Anguaslia 
Y  prometió  salvarlo.  Tomó  el  Indio  dos  ó  tres  puñadas  de 
rt/7,  las  trituró  dentro  de  una  vasija  de  agua,  y  de  este  líquido 
dio  á  tomar  al  paciente  una  parte  y  con  la  otra  le  aplicó  una 
lavativa.  En  el  momento  comenzó  á  notarse  la  mejoría.  Una 
hora  después  repitió  el  Indio  la  misma  aplicación;  en  esta 
vez  el  enfermo  libre  de  los  efectos  del  veneno  comenzó  á 
comer  con  apetito.  Por  la  noche  se  repitió  la  poción  y  la 
lavativa.  Al  día  siguiente,  con  asombro  general,  el  Sr.  Dávila 
se  levantaba  del  lecho  perfectamente  curado. 

))  Un  peón  fué  mordido  por  una  víbora,  y  el  Sr.  Dávila, 
conocedor  del  antídoto,  lo  curó  en  tres  días.  Otro  individuo, 
llamado  Pesantez,  de  S'igsig^  también  picado  por  una  víbora, 
se  curó  con  el  ají  en  dos  días. 

»  Una  víbora  llamada  Is/ii/ji,  mordió  á  una  mulata  joven, 
de  -Macliala,  en  una  pierna.  Ya  estaba  moribunda  cuando 
se  recurrió  al  ají,  y  la  curación  se  verificó  en  pocas  horas. 

»  A  un  jíbaro,  llamado  Pincha,  le  hizo  nueve  mordeduras 
una  víbora.  El  indio  cayó  como  muerto;  mas  sus  compañeros 
le  abrieron  las  mandíbulas  y  le  dieron  la  primera  toma  de 
ají.  Pinchú  se  salvó.  » 

Los  ajíes  empleados  en  el  Ecuador  han  sido  el  matucho  y 


7G  LOS  OFIDIOS    VENENOSOS 

ú  junquilla.  Parece  que  el  primero  es  el  que  llamamos  en  el 
Cauca  aj'tpique,  y  el  segundo  el  ají  común. 

Las  Aristoloquias  y  el  Guaco. 

Entre  los  remedios  que  dominan  el  veneno  de  las  serpien- 
tes, ocupan  lugar  importante  varias  especies  de  la  familia  de 
las  Arisíoloquias,  como  son  X^Aristohrhia  I/uI/ra,  la  Arislolo- 
rhia  Mili  Hommes  ó  Ansioloch'uf  grandiflora  del  Brasil,  la 
Serpentaria  de  Virginia,  la  Arisiolochia  rordiflora  y  Arisío- 
lochia  pilosa  de  Colombia.  En  el  Cauca  se  emplean  contra 
la  mordedura  de  serpientes  venenosas  varias  especies  de 
Aristoloquias,  designadas  con  los  nombres  vulgares  de 
Zaragozas,   Churnbipito,  Ninichc  y  Jialronrilo. 

Estas  plantas,  repartidas  en  diversos  puntos  del  globo, 
son  en  lo  general,  de  tallo  voluble,  con  las  hojas  alternas, 
pecioladas,  cordiformes  y  reticuladas.  Las  flores,  que  son 
solitarias,  llaman  la  atención  por  su  forma  irregular  y  su 
perianto  tubuloso  é  inflado  en  forma  de  vientre  hacia  la  base. 
Los  frutos  son  capsulares. 

La  Arisiolochia  grandiflora  (Gómez)  tiene  las  raíces  amargas,, 
nauseabundas  y  tóxicas  para  los  animales,  incluso  el  cerdo, 
cuando  son  frescas.  En  dosis  terapéutica  goza  de  propiedades 
estimulantes,  muy  útiles  contra  las  mordeduras  de  las  ser- 
pientes y  contra  las  afecciones  pútridas  y  gangrenosas. 

La  Mirhania  guaro  (familia  de  las  compuestas  E  upa  lorias)., 
de  la  cual  se  emplean  los  tallos  volubles  y  la  raíz,  posee  un 
sabor  amargo  y  nauseabundo.  Goza  de  propiedades  estimu- 
lantes análogas  á  las  de  la  Serpentaria  (A.  Gubler,  Comen- 
tarios del  Code.r). 

De  las  observaciones  referentes  al  uso  de  las  Aristoloquias 
contra  las  mordeduras  de  las  víboras,  extractamos  las  si- 
guientes, suministradas  por  M .  IL  Lowther  al  Rev.  F.  G.  Wood, 


15° 


ZARAGOZA      NINICHE 


Pag-.  76. 


Jl.Jirce 


Zaragoza  niniche... 


yAnstolochia    pilosa 


ARISTOLOCHiA     PILOSA 


DKL  CAICA.  77 

íuilor    de    l;i    Illustraled  jSdtural   litslon/    (Londoii,   1803). 

«  De  acuerdo  con  sus  deseos  le  envío  la  i'elaciíni  de  un 
caso  escogido  entre  más  de  veinte  en  los  cuales  he  usado  la 
AfLs(o/or/iia  Lid'ira  contra  las  mordeduras  de  serpientes 
venenosas. 

»  Una  robra  había  sentado  su  domicilio  en  un  terraplén 
formado  por  unas  hormigas  blancas,  cerca  de  la  casa  de 
Mr.  Bretón.  Un  día  llegó  unapartida  de  cazadores  deserpientes, 
y  el  dueño  de  la  casa  aprovechó  la  oportunidad  para  librarse 
del  incómodo  huésped.  Después  de  excavar  hasta  cierta  pro- 
fundidad los  conductos  del  terraplén,  uno  de  los  trabajadores 
introdujo  el  dedo  en  el  agujero  para  explorar  la  dirección. 
En  esta  maniobra  la  cobra  lo  mordió,  y  uno  de  los  compañeros 
corrió  al  arroyo  vecino  para  coger  unas  hojas  que  molió  en 
una  piedra  y  cuyo  zumo  administró  para  alivio  de  su  amigo. 
El  cazador  informó  á  Mr.  Bretón  que  esa  planta  era  un  espe- 
cífico contra  el  veneno  de  las  serpientes,  que  ellos  llevaban 
siempre  consigo  algunas  raíces  para  un  caso  necesario. 
Mr.  Bretón  trasladó  la  planta  á  su  jardín  y  tuvo  ocasión  des- 
pués, de  emplearla  con  buenos  resultados. 

))  La  planta  es  trepadora  y  se  cubre  de  hojas  en  la  estación 
en  que  las  serpientes  duermen  en  las  cuevas.  Hay  muchas 
especies  de  Aristoloquias,  pero  la  Indica  es  la  que  tiene  sabor 
más  amargo  y  aromático. 

))  Trajeron  á  mi  casa  una  joven  hindú  mordida  en  un 
pie  por  una  cohra^  en  un  estado  tan  desfalleciente  que 
rehusé  hacerle  el  remedio  por  no  desacreditarlo  en  caso 
tan  desesperado.  La  enferma  no  tenía  pulsaciones  apre- 
ciables,  estaba  fría  y  de  aspecto  cadavérico.  A  instancia 
del  marido,  le  abrimos  la. boca  y  derramamos  en  la  gar- 
ganta el  zumo  de  tres  hojas  de  ari>ilolociaia^  mezclado  en 
el  agua  con  diez  granos  de  pimienta  negra.  Pasados  diez 
minutos  dio  señales  de  vida,  por  contracciones  en  el  labio 


78  LOS  OFIDIOS  VENENOSOS 

inferior.  Después  tuvo  algunos  movimientos  en  los  pies,  y 
por  fin  hizo  una  profunda  inspiración  como  si  volviera  de  un 
síncope.  Aun  cuando  tenía  el  pecho  frío,  manifestó  sentir  un 
fuego  interior  que  la  devoraba.  Administramos  el  zumo  de 
una  hoja  de  ar'isloloquia  mezclado  con  el  agua.  Dos  horas 
después  nos  señalaba  la  herida  en  el  pie,  podía  caminar  y  se 
marchó  para  su  casa  en  reposición.  » 

Para  Mr.  Lowther,  que  permaneció  mucho  tiempo  en  la 
India,  el  efecto  de  la  arisioloqum  es  infalible  en  el  hombre; 
tanto  que  él  llevaba  siempre  consigo  un  mortero  con  su 
mano  para  no  retardar  la  preparación  del  zumo  de  la  hoja 
fresca. 

En  el  Chocó  usan  mucho  el  zumo  de  lialconáto  (que  es  una 
aristoloquia)  contra  la  mordedura  de  las  serpientes,  y  lo 
emplean  también  como  profiláctico. 

]No  se  debe  olvidar  que  las  plantas  de  esta  familia,  muy 
estimulantes,  son  tóxicas  cuando  se  toman  frescas  en  dosis 
exageradas.  La  poción  se  prepara  con  veinte  gramos  de  raíz 
por  un  litro  de  agua  hirviendo. 

La  hiél  de  víbora. 

Es  remedio  empírico,  usado  desde  tiempo  inmemorial  en 
el  Chocó  y  en  el  valle  del  Cauca,  contra  el  envenenamiento 
por  mordedura  de  ofidios. 

El  médico  homeópata  S.  B.  Hagins  lo  preconiza  como  un 
específico  sin  rival  usado  entre  los  indios  de  la  América 
del  Norte,  y  refiere  algunas  observaciones  relativas  al  empleo 
de  la  hiél  de  víbora  en  individuos   mordidos  por  la  cascabel. 

He  aquí  algunos  casos  recogidos  por  nosotros  : 

r  El  joven  Sr.  E.,  de  unos  22  años  de  edad,  salió  una 
noche  de  la  sala  al  corredor  de  una  casa  de  campo  en  la 
cordillera,  y  fué  mordido  en  un  pie  por  un  botrops  pelo  ele 


DEL  CALCA.  79 

gato,  de  talla  regular.  Desarrolláronse  los  síntomas  locales  y 
generales  del  envenenamiento,  los  que  se  detuvieron  en  sus 
manifestaciones  peligrosas,  con  el  uso  de  la  hiél  de  víbora 
disuelta  en  aguardiente,  propinada  por  copilas,  cada  cuarto 
de  hora. 

2°  (1890).  —  A  Manuel  José  Calderón,  mulato  de  30  años 
de  edíid,  vecino  de  Jamundí,  le  mordió  sobre  la  pantorrilla 
una  equis  (botrops  rhombeatiis)^  de  gran  talla,  á  orillas  del  río 
Cauca.  Cuatro  horas  después  del  suceso,  lo  condujeron  á  la 
casa  del  Sr.  Don  Policarpo  Vallecilla,  quien  le  propinó,  de 
hiél  de  víbora  disuelta  en  aguardiente,  una  copa  cada  seis 
horas.  El  enfermo  llegó  á  la  casa  muy  postrado  de  fuerzas, 
con  dolor  de  cabeza,  vómitos  sanguinolentos,  edema  de  todo 
el  muslo  hasta  las  ingles,  dolores  agudos  en  las  coyunturas 
y  sopor.  Al  día  siguiente  se  restableció. 

3°  Antonio  Mosquera,  mayor  de  iO  años,  negro  natural 
del  pueblo  de  Buenos  Aires  y  vecino  de  Jamundí,  fué  mor- 
dido (1891)  sobre  el  pie  derecho  por  una  equis  de  talla 
regular.  Pocas  horas  después  del  suceso  ocurrieron  á  casa 
del  mismo  Sr.  Policarpo  Vallecilla,  quien  propinó  la  hiél  en 
aguardiente,  y  curó  al  enfermo  en  pocos  días. 

Modo  de  preparar  la  hiei  de  víbora  y  de  administrarla. 

Se  extrae  de  una  serpiente  de  las  más  venenosas  la  vesí- 
cula de  la  hiél,  con  su  contenido;  se  ata  el  perículo  con  la 
extremidad  de  un  cordón;  se  pican  con  una  aguja  las  paredes 
de  la  vesícula  y  se  mezcla  en  medio  del  aguardiente  ó  alcohol 
á  22°  que  contenga  una  media  botella  perfectamente  limpia. 

Se  da  á  beber,  en  muy  corta  cantidad,  cada  cuatro  ó  seis 
horas.  Se  dice  que  es  peligroso  tomarla  en  alta  dosis,  porque 
produce  los  mismos  efectos  que  el  veneno  del  ofidio  (1 


'1)  El  Doctor  Calmette  emplea  las  inyecciones  del  suero  de  un  animal 


«o  LOS  OFIDIOS  VENENOSOS 

El  aguardiente   y  el    amoníaco. 

Si  pasamos  de  las  ronlras  usadas  por  los  salvajes,  á  la 
práctica  de  la  gente  civilizada  y  aun  de  los  médicos,  encon- 
tramos el  uso  del  alcohol  y  del  amoníaco,  preconizados  al 
interior  como  antídotos  fisiológicos  del  veneno  de  los  ofidios. 

La  mayor  parte  de  los  médicos  convienen  en  aceptar  el 
poder  estimulante  del  alcohol  hehido  en  mucha  cantidad, 
hasta  producir  la  embriaguez,  como  el  agente  curativo  prin- 
cipal en  los  brebajes  compuestos  con  las  sustancias  que 
dejamos  enumeradas. 

Esta  era  nuestra  opinión  hasta  que  vimos  administrar  con 
buen  suceso  contra  las  mordeduras  de  las  serpientes,  los 
zumos  ó  las  tinturas  de  las  Piperáceas^  de  las  Ansloloqiúas  y 
la  hiél  de  víbora,  en  dosis  de  treinta  {\  sesenta  gramos  en 
veinticuatro  horas. 

Pero  el  alcohol  en  forma  de  bebida  espirituosa,  de  aguar- 
diente, de  coñac  ó  brandy,  de  mistelas  ó  ratafias,  tomado 
copiosamente  sirve  en  efecto  para  combatir  los  accidentes 
producidos  por  la  inoculación  del  veneno  de  los  animales 
ponzoñosos. 

En  los  anales  de  nuestra  medicina  nacional  hemos  encon- 
trado los  siguientes  casos  : 

1°  El  joven  Dr.  L.  .M.  Cuervo,  médico  militaren  el  ejército 
que  atravesó  por  Ayapel,  desde  el  Departamento  de  Antioquia 

envenenado  por  la  ochidiiina  como  antídoto  rontra  la  mordedura  de  las 
víboras.  En  general  cinco  centímetros  cúbicos  del  suero  envenenado  por  un 
miligramo  de  veneno  de  víbora  bastan  para  combatir  como  antídoto  la 
mordedura  de  las  serpientes  que  han  inyectado  un  miligramo  de  veneno 
puro.  Mientras  más  tiempo  haya  trascurrido  después  de  la  mordedura 
mayor  será  el  grado  del  suero  usado  en  el  individuo  intoxicado.  Estos 
experimentos  del  sabio  discípulo  de  Mr.  Pasteur,  pueden  dar  la  explicación 
del  tratamiento  empírico  de  la  hiél  de  víbora  usado  hace  muchos  años  en 
(Colombia  contra  las  mordeduras  de  las  serpientes  venenosas. 


DEL  CAUCA.  81 

hasta  el  de  Bolívar,  en  la  í^ucrra  de  1885,  se  expresa  como 
sii>iie  : 

«  Los  oíidianos  son  numerosos  en  los  bosques  y  en  los 
pajonales.  El  número  de  yíctimas  que  cada  año  hace  su 
veneno  es  relalivamenle  considerable.  » 

Se  trataba  en  un  caso  de  una  mapmiá  verrugosa  de  metro 
y  medio  de  long:itud  que  había  mordido  á  uno  de  nuestros 
soldados  en  la  pantorrilla  desnuda.  Inmediatamente  se  le 
lig()  la  pierna  por  debajo  de  la  rodilla  ejerciendo  una  cons- 
tricción violenta,  se  le  hiceron  incisiones  cruciales  sobre  las 
heridas  de  las  dos  mordeduras  que  la  mapaná  había  hecho, 
se  le  cauterizó  con  amoniaco  líquido  y  al  mismo  tiempo  se  le 
dio  aguardiente  hasta  embriagarlo,  y  de  esta  manera  se 
logró  salvarlo  de  una  muerte  casi  segura  si  se  tiene  en 
cuenta  la  actividad  del  veneno  de  esa  serpiente.  Al  otro  día 
el  soldado  siguió  la  marcha  del  ejército  sin  que  hubiera 
sentido  otra  novedad  que  calambres  y  hormigueos  en  la 
pierna  herida. 

(i  De  la  misma  manera  se  trató  en  Calamar  cá  un  individuo 
á  quien  mordió  una  cascabel  sobre  el  tendón  de  Aquiles,  sin 
que  se  hubiera  manifestado  ningún  síntoma  de  envenena- 
miento >)  [Revista  Médica  de  Bogotá,  n"  102.  Mayo  20  de  1886.) 

2°  El  Dr.  José  V.  Restrepo,  de  Antioquia,  tuvo  ocasión 
de  tratar  el  siguiente  caso  : 

«  Heliodoro  V...  de  34  años  de  edad,  de  buena  constitu- 
ción, trabajador  infatigable  en  las  márgenes  del  río  Porce, 
fué  mordido  por  una  mapaná  equis,  el  23  de  Agosto  á  las 
9  a.  m. 

»  La  serpiente,  de  gran  talla,  tenía  poco  más  ó  menos  un 
metro  y  veinte  centímetros  de  longitud,  y  cuatro  centímetros 
de  diámetro  en  su  parte  más  gruesa.  La  mordedura  fué 
sobre  el  pie  derecho. 


82  LOS  OFIDIOS   VENENOSOS 

»  En  los  primeros  momentos,  el  paciente  sólo  percibió 
una  ligera  punzada  y  que  le  tiraban  del  pie.  y  el  terror 
natural  cuando  descubrió  la  serpiente.  Después  tuvo  dolor 
insoportable  en  el  pie  y  en  la  pierna,  hinchazón  en  toda 
ésta,  hemorragia  de  las  encías,  epistaxis  abundante,  hema- 
turia  y  diarrea  de  sangre.  Hubo  calofríos,  fiebre,  delirio  y 
convulsiones  en  la  noche  del  23.  El  tratamiento  empírico, 
desde  el  momento  de  la  mordedura  hasta  el  26  en  que 
llamaron  al  Dr.  José  V.  Restrepo,  consistió  en  una  serie  de 
medicamentos  estimulantes  extraordinarios.  Un  frasco  de 
tintura  de  guaco  y  mejorana,  trescientos  gramos  de  amoniaco 
líquido  (?).  Los  síntomas  graves  persistieron,  hasta  el  26,  día 
en  que  el  Dr.  Restrepo  comenzó  á  usar  de  una  medicación 
racional,  compuesta  de  percloruro  de  hierro,  en  seguida  de 
ergotina,  de  diuréticos  y  sudoríficos,  medicación  que  se 
sostuvo  hasta  la  convalecencia  del  enfermo  algunos  días  des- 
pués. » 

Es  de  notar  en  esta  observación  lo  pronunciado  de  los 
síntomas  graves  y  alarmantes  producidos  por  el  veneno 
ofídico ;  la  enorme  dosis  de  amoníaco  líquido  que  aseguran 
tragó  el  enfermo,  la  que  sin  duda  ocasionó  la  fiebre  y  el 
delirio,  que  no  acompañan  de  ordinario  al  envenenamiento 
por  mordedura  de  serpientes. 

3°  En  Diciembre  de  1862,  viajaba  el  Dr.  Manuel  Uribe 
Ángel  para  Rogotá,  por  el  viejo  camino  de  Sonsón.  Un  peón 
de  los  que  le  acompañaban,  de  23  años  de  edad  y  robusto, 
fué  mordido  por  una  equis  de  un  metro  de  longitud,  en  las 
márgenes  del  río  San  Pedro.  Dos  gotas  de  sangre  señalaban 
sobre  el  maléolo  derecho,  la  entrada  de  cada  uno  de  los 
colmillos  de  la  serpiente.  Al  punto,  el  Dr.  Uribe  Ángel  hizo 
meter  el  pie  del  enfermo  en  agua  del  río,  lavó  con  sus  pro- 
pias manos  la  herida;  hizo  incisiones  en  cruz  sobre  las 
mordeduras,  con  un  bisturí  que  llevaba,    y  volvió  á  lavar 


DEL  CAUCA.  83 

la  heiiila;  la  cauterizó  ligorameiile  con  el  amoniaco  y  le 
propinó  al  paciente,  en  aguamiel,  ocho  gotas  de  álcali,  dosis 
que  repitió  momentos  después,  para  combatir  un  vértigo 
fugaz  y  el  estupor  que  se  apoderó  del  enfermo  al  verse  mor- 
dido por  el  reptil.  Salvo  la  ligera  hinchazón  del  pie,  no  hubo 
mayores  consecuencias,  y  el  peón  se  restableció  al  día 
siguiente. 

Observaremos  en  este  caso,  que  las  incisiones  y  los  grandes 
lavados  con  el  agua  corriente,  hechas  por  el  médico  en 
seguida  de  la  mordedura,  impidieron  que  el  veneno  pene- 
trase en  la  sangre.  El  veneno  de  los  ofidios  es  muy  soluble  en 
el  agua. 

La  curarina 

del  Sr.  D.  Juan  Salas  Nieto. 

Este  específico  ha  ganado  crédito  en  el  Cauca,  en  Panamá, 
en  Bolívar  y  en  otros  Departamentos  de  Colombia. 

Es  tintura  de  sabor  acre  y  acerbo,  tónica  y  estimulante  á 
la  dosis  de  una  cucharada  cada  media  hora,  en  los  casos  de 
mordedura  de  víboras.  Parece  ser  una  tintura  de  canelón  y 
de  otras  Piperáceas  mezcladas  con  hiél  de  víbora. 

Hubo  ocasión  propicia  para  experimentar  los  efectos  de  la 
curarina,  como  antídoto  del  veneno  de  las  serpientes,  en  la 
Exposición  de  Caracas  (1883),  cuando  el  acaso  ofreció  á  la 
vista  de  infinidad  de  circunstantes  un  caso  decisivo  en  su 
favor. 

u  Juan  Lobo,  joven  de  diez  y  ocho  años  de  edad,  fué  mor- 
dido en  el  Palacio  de  la  Exposición  el  6  de  Agosto  de  1883, 
por  dos  serpientes  muy  venenosas,  puestas  en  exhibición 
en  la  propia  vidriera  en  donde  estaban  colocados  los  frascos 
de  curarina. 

«  Por  descuido,  una  délas  serpientes  llamada  la  Yiejila, 
se  escapó  de  la  vidriera,  y  Lobo   acostumbrado  á  maneiar 


84  LOS  OFIDIOS  VENENOSOS 

culebras,  pero  siempre  con  las  manos  untadas  del  medica- 
mento, no  tuvo  tiempo  de  pensar  bien  en  lo  que  hacía^ 
pues  la  escena  pasaba  en  medio  del  inmenso  concurso  que 
visitaba  la  Exposición.  Se  lanz('>,  pues,  sobre  el  animal,  lo 
cogió  y  fué  mordido.  Lolio  no  hizo  caso  del  percance  y 
atraído  por  el  concurso  se  mantuvo  allí  liaciendo  alarde  de 
su  familiaridad  con  las  culebras.  Media  hora  más  tarde  fué 
mordido  por  una  macawei  exlremixá-dmenie  venenosa. 

))  Una  hora  había  trascurrido  desde  esta  última  mordida, 
cuando  Lobo,  sintiéndose  malo,  fué  á  su  posada  con  sínto- 
mas de  envenenamiento,  dolores  y  opresión  al  pecho,  palpi- 
taciones del  corazón,  pulso  irregular,  hemorragias  por  las 
mucosas,  vómitos,  sudores  fríos  y  postración  de  las  fuerzas. 

»  En  este  estado  le  fué  administrado  el  medicamento  eii 
inyecciones  hipodérmicas,  el  cual  hizo  cesar  los  síntomas, 
alarmantes  y  restablecer  la  salud  del  paciente.  » 

(Certificado  délos  Dres.  Gregorio  F.  Méndez,  M.M.  Ponte 
y  J.  Guedler,  médicos  de  la  Universidad  de  Caracas.) 

En  cierto  caso  de  envenenamiento  avanzado,  en  un  joven 
habitante  de  la  cordillera,  cerca  de  Cali,  mordido  en  el  pie 
por  un  botrops  de  talla  regular,  presenciamos  los  síntomas 
patentes  del  veheno  de  los  ofidios,  así  como  los  efectos  de 
la  curarina.  El  miembro  inferior  estaba  frío,  hinchado  en 
toda  su  extensión,  con  las  articulaciones  adoloridas.  Man- 
chas purpurinas  se  veían  sobre  la  piel ;  el  hígado  y  el  bazo 
estaban  enormemente  congestionados  y  sensibles  á  la  pre- 
sión; pulso  pequeño  y  lento,  no  batía  más  de  58  veces  por 
minuto.  Hubo  hemorragia  por  las  encías  y  por  las  narices, 
hematuria  abundante,  deposiciones  de  sangre,  postración  de 
las  fuerzas  y  terror  de  la  muerte. 

En  este  estado  ordenamos  le  dieran  la  curarina,  por 
cucharadas,  cada  dos  horas,  y  que  se  le  aplicaran  cataplas- 
mas de  piperonia  {cuarti/lito),  sobre  la  herida. 


DEL  CAUCA.  85 

Cuatro  días  después  el  enfermo  se  hallaba  fuera  de  peli- 
gro; pero  qued()  sufriendo  de  una  anemia  profunda.  Meses 
más  larde,  el  mismo  individuo  volvió  á  ser  mordido  por  una 
•equis  de  escasa  talla,  y  se  curó  con  el  citado  específico,  ya 
•conocido  por  él. 


Aplicaciones  locales. 

La  piedra  de  la  serpiente.  Entre  las  aplicaciones  sobre  las 
mordeduras  de  las  serpientes,  mencionaremos  la  piedra  de 
la  serpiente,  pasta  porosa  usada  por  los  indios  del  Cauca,  y 
compuesta  de  cascaras  de  huevo  molidas  y  mezcladas  con 
sangre.  En  la  India  usan,  con  el  nombre  de  Pamboo-Dalüo, 
una  masa  compuesta  según  Mr.  Faraday,  de  huesos  calcina- 
dos. Otra  pasta,  hecha  de  cuerno  de  ciervo  calcinado,  se 
usa  en  Méjico.  Esta  tiene  entre  los  lio  tentóles  el  nombre  de 
haba  del  caballero. 

La  piedra  se  adhiere,  según  la  tradición  de  los  indígenas, 
durante  algunos  minutos  al  sitio  de  la  mordedura,  absorbe  la 
sangre  y  el  veneno  inoculado,  y  cae  por  sí  sola  cuando  ha 
fenecido  el  peligro. 

Otra  práctica  del  África,  consiste  en  aplicar  sobre  la 
herida  las  carnes  palpitantes  de  alguna  ave  sacrificada  en  el 
momento  del  suceso.  Entre  nosotros,  creen  que  la  caña  de 
azúcar  descortezada  chupa  el  veneno  cuando  se  aplica  inme- 
diatamente sobre  la  herida. 

El  Sr.  Monzón,  en  sus  viajes  por  el  Chocó,  descubrió  uno 
de  los  medios  de  que  se  valían  los  juglares  para  hacer  ino- 
fensivas  las  víboras.  Consistía  en  obligarlas   á   morder  un 

o 

limón  momentos  antes   de  empezar  el  juego  de  manos  con 
esos  reptiles. 

Una  col ¡j adora  enfurecida  mordió  el  limón  que  se  le  pre- 


86  LOS  OFIDIOS  VENENOSOS  DEL  CAUCA. 

sentaba,  y  murió  pocos  momentos  después  del  experimento; 
pero  en  otros  casos  no  ha  sucedido  lo  mismo. 

El  zumo  de  limón  hace  más  \isibles  las  mordeduras 
cuando  el  edema  no  deja  percibirlas. 

Un  diario  de  San  Pedro  (Brasil),  refiere  lo  siguiente  : 

«  Un  agricultor  fué  mordido  en  la  pierna  por  una  víbora 
Cascabel  que  fué  muerta  inmediatamente. 

»  Sin  impresionarse  por  ese  hecho,  el  mordido  tomó 
un  limón  agrio,  llamado  vulgarmente  limón  gallego,  lo  corló 
en  dos  mitades,  á  las  que  adicionó  cierta  cantidad  de  sal  de 
cocina,  y  así  preparadas  las  puso  alternativamente  en  el 
fuego,  aplicándolas  cuando  hervían,  á  manera  de  cauterio 
en  las  heridas  profundas  dejadas  por  la  víbora.  Repitió  la 
operación  durante  algunos  instantes,  colocó  una  ligadura  en 
la  parte  superior  de  la  pierna,  y  sin  dar  ninguna  importancia 
al  caso,  prosiguió  su  trabajo  durante  todo  el  día. 

»  El  agricultor  manifestó  que  después  de  ser  mordido  por  la 
víbora,  apenas  sintió  un  leve  peso  en  la  cabeza,  el  que  desa- 
pareció en  seguida  de  la  operación  del  cauterio.  » 

[Del  Ferrocarril  de  Cali.) 


CAPÍTULO  VI, 


Reflexiones  acerca  de  los  métodos  empíricos  contra  mordeduras  de  serpien- 
tes. —  Empleo  de  unas  mismas  sustancias  en  diferentes  regiones  del 
globo  terrestre.  —  Los  métodos  vulgares  no  son  medios  infalibles  para  la 
curación  de  los  mordidos  de  serpientes. —  Antídotos  químicos  y  antídotos 
fisiológicos.  —  Importancia  de  los  agentes  estimulantes  como  remedios 
iocrálicos. 


Acabamos  de  pasar  en  revista  los  métodos  empíricos  em- 
pleados popularmente  contra  las  mordeduras  de  los  ofidios. 

Lo  más  importante  de  nuestro  trabajo  consiste  en  haber 
acumulado  los  conocimientos  sobre  plantas  y  sobre  sustan- 
cias activas  empleadas  por  los  curanderos :  tarea  difícil  de 
llenar,  si  se  atiende  al  misterio  de  que  éstos  rodean  sus 
prácticas,  movidos  por  el  deseo  de  transmitirlas  como  reme- 
dios secretos  de   familia. 

Una  vez  compilados  los  métodos  empíricos,  recogidas  las 
observaciones  dignas  de  crédito,  clasificadas  las  plantas  de 
que  se  hace  uso,  estudiada  la  acción  terapéutica  de  los 
zumos  activos  que  éstas  contienen,  y  conocidos  los  efectos  de 
los  medicamentos  que  se  usan  para  combatir  la  ponzoña  de 
los  ofidios,  tenemos  la  base  necesaria  para  saber  si  los  lilti- 
mos  deben  entrar  ó  no  en  la  corriente  científica  de  nuestra 
medicina  nacional. 

Vamos  á  exponer  algunas  reflexiones  que  nos  ha  sugerido 
el  estudio  de  los  consabidos  métodos. 

En  primer  lugar  merece  anotarse  la  semejanza  entre  los 
métodos  y  la  analogía  entre  las  plantas  y  las  sustancias  em- 


88  LOS  OFIDIOS   VENENOSOS 

pleadas  por  el  vulgo  en  regiones  lejanas  del  globo  terrestre. 

El  indígena  de  la  India  usa  de  las  plantas  pertenecientes  á 
la  familia  de  las  Aristoloquias,  lo  mismo  que  el  indio  de  la 
América  del  Norte  ó  el  negro  del  Brasil. 

En  nuestras  investigaciones  acerca  de  los  secretos  de  los 
curanderos  del  Cauca,  encontramos  que  el  cuartillito  y  el 
canelón  de  Telembí,  pertenecen  á  la  familia  de  las  Piperáceas^ 
en  tanto  que  los  viajeros  ingleses  señalan  la  pimienta  como 
sustancia  activa  empleada  en  los  brebajes  de  los  indios; 
aquí  como  allá  mezclan  los  zumos  de  las  plantas  con  bebidas 
alcobólicas. 

Algunos  médicos  franceses,  ea  sus  viajes  á  las  Antillas, 
refieren  que  los  habitantes  de  la  Martinica  emplean  los  pi- 
mientos como  contraveneno  de  los  ofidios,  y  hemos  visto  que 
en  el  Ecuador  se  valen  del  aji  con  el  mismo  objeto. 

La  pasta  formada  con  la  cascara  de  huevo  entre  los  indí- 
genas del  (>auca,  es  semejante  al  habn  del  caballero  entre  los 
hotentotes,  compuesta  de  cuerno  de  ciervo  carbonizado. 

Hay  una  tendencia  entre  los  pueblos  de  las  más  remotas 
regiones,  á  emplear  medicamentos  semejantes  contra  unos 
mismos  accidentes,  sin  que  existan  tradiciones  comunes  ni 
medios  de  comunicarse  entre  sí. 

Se  comprende  que  los  sabios  puedan  transmitirse  las  ideas, 
de  un  continente  á  otro,  por  medio  de  libros  y  periódicos 
escritos  en  diferentes  idiomas;  pero  no  hay  explicación  de 
cómo  los  aborígenes  del  Chocó,  hombres  salvajes,  sumidos 
en  ignorancia  profunda  con  relación  á  la  existencia  de  otras 
regiones  lejanas  del  globo,  puedan  recibir  por  tradición  los 
conocimientos  de  los  habitantes  de  la  India,  para  emplear 
las  hojas  y  zumos  de  plantas  de  una  misma  familia  contra 
accidentes  parecidos. 

Todo  esto  prueba  que  hay  un  instinto  curativo  análogo, 
en  el   estado  de  naturaleza  de  la  especie  humana  :  tenden- 


DEL  CAUCA.  89 

cia   universal   que   el    médico   debe    tener   en    cuenta   para 
inquirir  la  verdad. 

En  segundo  lu};ar,  la  observación  nos  demuestra  que  el 
veneno  de  los  ofidios  de  Colombia  es  bastante  activo  para 
producir  la  muerte  en  el  hombre.  No  será  más  activo  el 
líquido  de  la  cobra.,  cuyos  colmillos  están  surcados  por  canales 
abiertos,  que  el  de  la  e(pi¡s  que  instila  hasta  la  última  ^ota 
del  veneno  por  medio  de  colmillos  provistos  de  conducto 
cerrado  en  su  longitud,  pero  abierto  en  sus  extremidades. 
Los  efectos  horrorosos  del  veneno  de  los  botrops  del  Cauca, 
los  presenciamos  con  alguna  frecuencia  en  las  selvas,  para 
no  abrigar  la  más  pequeña  duda  acerca  de  sus  terribles  con- 
secuencias. 

Por  tanto,  aceptamos  los  métodos  vulgares  de  tratamiento 
como  recurso  precioso  para  combatir  los  accidentes  produ- 
cidos por  el  veneno  de  los  ofidios  ;  pero  no  en  el  sentido  de 
antídotos  infalibles,  como  los  preconizan  los  ciegos  admira- 
dores de  la  tradición  indígena.  Difícilmente  se  detendrá  á  la 
muerte  cuando  un  gran  botrops  de  nuestras  montañas  muerda 
á  un  niño  ó  á  una  persona  débil.  Reconocemos  de  grado  que 
en  ocasiones  bastarán  las  fuerzas  naturales  del  organismo 
para  resistir  por  sí  solas  el  envenenamiento  de  los  ofidios  y 
recuperarla  acción  normal  de  las  fuerzas  vitales;  pero  esos 
no  son  los  fenómenos  comunes  que  nos  enseña  la  experiencia. 

De  la  misma  manera,  en  los  casos  de  envenenamiento  por 
el  virus  ó  microbios  patógenos  del  tifo  amarillo  y  de  la 
disentería  ó  de  los  miasmas  de  la  malaria,  los  pacientes  pue- 
den tener  una  terminación  fatal,  no  obstante  los  recursos 
terapéuticos  del  sabio,  ó  al  contrario,  salvarse  con  el  auto- 
cratismo  natural  solamente,  sin  que  dejemos  de  reconocer 
el  poder  curativo  de  la  quinina,  de  la  ipecacuana  y  de  los 
otros  remedios  aconsejados  por  la  ciencia  para  combatir 
aquellas  enfermedades. 


90  LOS  OFIDIOS   VENENOSOS 

En  tercer  lugar,  no  creemos  que  las  sustancias  estimu- 
lantes de  que  hablamos,  neutralicen  el  veneno  de  los  ofidios, 
á  la  manera  de  los  antídotos  químicos.  Sabemos  que  la  clara 
de  huevo,  la  magnesia  y  el  hidrato  de  peróxido  de  hierro 
forman  con  el  arsénico  ingerido  en  el  estómago,  compues- 
tos insolubles,  y  de  esta  manera  impiden  la  absorción  del 
tósigo  que  ya  no  puede  obrar  libremente  en  la  circulación 


sanguínea. 


Pero  hay  también  antídotos  fisiológicos;  es  decir,  medi- 
camentos que  dan  al  organismo  fuerza  excitante  suficiente 
para  resistir  los  efectos  del  veneno  y  procurar  su  pronta  eli- 
minación. Las  sustancias  que  dominan  los  efectos  de  la  linfa 
de  los  ofidios,  conocidas  con  el  nombre  de  ¡acráticos^  deben 
considerarse  como  antídotos  fisiológicos,  tanto  más  si  los 
eventos  que  acabamos  de  relatar  demuestran  que  con  el 
empleo  de  ellos,  se  atajan  los  efectos  mortales  de  la  ponzoña, 

A  este  respecto,  nos  separamos  de  la  opinión  del  ilus- 
trado Profesor  Lacerda,  del  Brasil,  de  quien  hemos  tomado 
buena  parte  de  sus  trabajos  sobre  las  serpientes.  Para  el 
Profesor  Lacerda,  es  una  quimera  buscar  antídotos  fisioló- 
gicos capaces  de  neutralizar  la  acción  disolvente  del  veneno 
ofídico  sobre  el  glóbulo  sanguíneo.  Según  él,  no  hay  más  que 
el  antídoto  químico  que  desconponga  el  veneno  en  la  cápsula 
del  laboratorio. 

í^ero  la  observación  de  viajeros  naturalistas  y  de  médi- 
cos ilustrados,  demuestra  que  bajo  la  influencia  del  alcohol 
y  de  los  principios  estimulantes  que  se  encuentran  en  el 
zumo  de  las  Piperáceas  y  de  las  Aristoloquias,se  detienen  las- 
hemorragias,  se  vuelve  el  calor  al  cuerpo  frío,  se  opone  á  la 
acción  destructora  del  veneno  la  energía  de  las  fuerzas  vila- 
les  y  se  mantiene  la  vida  de  los  pacientes,  quienes,  sin  esos 
auxilios,  morirían.  Debemos,  pues,  convenir  en  que  existen 
sustancias  capaces  de  dar  fuerza  de  reacción  á  la  célula  viva 


DKL  CAUCA.  91 

para  resistir  el  ataque   del  veneno  perturbador,  oponerse  á 
sus  efectos  disolventes  y  eliminarlo  de  la  economía. 

No  dudamos  que  el  conocimiento  de  los  métodos  empíri- 
cos nos  conducirá  á  la  adopción  de  nuevos  métodos  racio- 
nales para  combatir  los  síntomas  alarmantes  del  envenena- 
miento por  mordeduras  de  reptiles. 


CAPÍTULO  YII 


Métodos  racionales  para  neutralizar  el  veneno  de  las  serpientes.  —  El  per- 
mangaualo  de  potasa.  —  El  ácido  crómico.  —  El  cloruro  de  oro  y  el  cloruro 
de  cal.  —  El  nitrato  de  estricnina. 


Hasta  aquí  hemos  recorrido  los  métodos  empíricos  emplea- 
dos popularmente  contra  las  mordeduras  de  los  ofidios  vene- 
nosos :  métodos  adquiridos  en  su  mayor  parte,  por  tradi- 
ción de  los  salvajes  indígenas  de  la  India  y  de  la  América, 
y  sin  otra  base  que  la  observación  y  la  experiencia,  guiadas 
por  el  instinto  de  conservar  la  vida. 

Los  métodos  racionales  tienen  por  base  el  conocimiento 
de  la  naturaleza  del  veneno  y  de  sus  efectos  fisiológicos  en  la 
economía  animal. 

Recordaremos  que  el  veneno  de  la  serpiente  es  un  líquido 
de  consistencia  gomosa,  muy  soluble  en  el  agua,  é  insoluble 
en  el  alcohol  y  en  el  éter;  que  puede  tragarse  impunemente, 
pero  que  inoculado  bajo  la  piel  produce  efectos  locales  en 
el  sitio  herido,  y  generales  en  toda  la  economía.  Sabemos 
que  á  la  excitación  nerviosa  momentánea  que  produce  el 
miedo  de  sentirse  mordido  por  una  serpiente,  sigue  la  de- 
presión, que  va  manifestándose  hasta  la  muerte  en  los  siste- 
mas arterial  y  nervioso.  Conocemos  los  efectos  de  la  pon- 
zoña sobre  el  glóbulo  sanguíneo,  al  que  deforma,  alarga  y 
diluye  sin  hacerle  perder  la  propiedad  de  oxidarse.  Igual- 
mente las  congestiones  de  los  órganos  y  las  hemorragias  de 
las  mucosas  y  de  la  piel. 


LOS  OFIDIOS  vkm:xosos  del  cauca.  93: 

Así,  pues,  el  espíritu  cioulííico  debe  tratar  primero  de  la 
descomposición  del  veneno  de  los  ofidios  en  su  estado  origi- 
nal, })or  medio  de  los  antídotos  químicos  y  de  impedir  que 
penetre  al  torrente  circulatorio.  Si  esto  no  se  consiguiere, 
vendrán  en  auxilio  de  las  fuerzas  vitales,  los  remedios  esti- 
mulantes ó  antídotos  fisiol(5gicos. 

Con  el  objeto  de  descomponer  el  veneno  de  los  ofidios, 
los  médicos  y  los  cirujanos  de  varias  regiones  del  globo, 
ban  ensayado  el  nitrato  de  plata,  el  percloruro  de  liierro,  el 
sublimado  corrosivo,  el  yodo,  el  ácido  fénico,  el  tanino,  el 
amoniaco,  el  alcohol,  etc.,  sin  haber  obtenido  resultados 
satisfactorios.  En  los  últimos  tiempos  se  han  ensayado  con 
algún  buen  suceso  los  compuestos  minerales,  que  se  separan 
engases,  como  el  oxígeno  y  el  cloro.  Estos  gases  atacan  las 
materias  orgánicas  y  pueden  descomponer  el  veneno  de 
los  ofidios. 

El  permanganato  de  potasa. 

í(  Este  agente  químico,  dotado  de  una  acción  oxidante 
muy  fuerte,  cuya  presencia  altera  casi  todas  las  sustancias 
orgánicas  y  detiene  el  curso  de  la  putrefacción,  podría  tal  vez 
cambiar  la  composición  molecular  del  veneno  y  obrar  como 
antídoto  químico.  » 

El  ilustrado  Profesor  del  I]rasil,  J.  B.  de  Lacerda,  em- 
prendió los  experimentos,  inyectando  soluciones  de  perman- 
ganato de  potasa  al  uno  por  ciento  de  agua  pura,  ya  sobre 
el  punto  previamente  inoculado  con  el  veneno  ofídico  en  los 
animales,  ya  en  las  venas  de  los  mismos  animales,  cuando 
las  perturbaciones  ocasionadas  por  el  veneno  eran  bien  ma- 
nifiestas. 

Sus  experimentos,  verificados  en  presencia  de  S.  M.  el 
Emperador  D.  Pedro  de  Alcántara,  del  cuerpo  diplomático, 


94  LOS  OFIDIOS  VENENOSOS 

de  los  senadores,  ministros,  médicos  y  jurisconsultos,  alcan- 
zaron resultados  brillantes,  que  fueron  presentados  por 
Quatrefages  á  la  Academia  de  ciencias  de  París  (1881). 

La  práctica  corroboró  en  muchos  casos  clínicos  los  expe- 
rimentos anteriores,  combatiendo  el  envenenamiento  produ- 
cido en  el  hombre  por  diferentes  especies  de  serpientes  pon- 
zoñosas del  Brasil,  tales  como  la  cascabel,  la  jararacusa,  la 
jararaca,  la  urutu  y  la  surucucu. 

Ninguno  pone  en  duda  la  energía  del  veneno  de  estas 
serpientes,  y  por  tanto,  los  resultados  por  medio  del  perman- 
ganato  de  potasa  han  sido  admirables. 

Cuando  la  aplicación  del  permanganato  de  potasa  se  hace 
inmediatamente  después  de  la  mordedura,  se  detiene  en  el 
acto  la  acción  local  del  veneno.  Cuando  se  ha  retardado 
algunas  horas  y  la  penetración  del  veneno  en  la  sangre  se 
manifiesta  por  síntomas  graves,  la  gravedad  disminuye 
con  prontitud  y  el  restablecimiento  se  opera  en  pocos  días. 
Casos  ha  habido,  en  los  cuales,  perdida  toda  esperanza  de 
salud,  se  ha  vuelto  á  la  vida  á  algunas  personas,  por  medio 
de  las  inyecciones  de  que  hablamos ;  de  tal  manera  que  han 
convencido  á  los  más  incrédulos. 

Pueden  acaecer  algunos  reveses  si  no  se  observan  las 
reglas  siguientes  : 

I''  Es  necesario  procurarse  permanganato  de  potasa  puro. 
La  solución  no  debe  prepararse  sino  en  el  momento  de  ser- 
virse de  ella. 

1"  Las  inyecciones  deben  ser  practicadas  en  el  punto 
mismo  de  la  herida,  siguiendo  en  cuanto  sea  posible  el  tra- 
yecto recorrido  en  los  órganos  por  el  colmillo  de  la  serpiente. 

3*  Las  inyecciones  deben  ser  repetidas,  ya  en  la  herida 
misma,  ya  en  diversas  partes  del  miembro  entumecido,  á 
intervalos  más  ó  menos  aproximados,  hasta  obtener  la 
atenuación  evidente  de  los  síntomas. 


DEL  CAUCA.  95 

4*  Las  inyecciones  (lel)en  ser  practicadas  lo  más  pronto 
posible,  después  de  la  mordedura. 

Cumplidas  estas  condiciones,  el  buen  suceso  es  casi 
infalible. 

Agregaremos  que  el  permanganato  de  potasa  es  desinfec- 
tante poderoso,  incompatible  con  todas  las  sustancias  orgá- 
nicas :  con  el  alcohol,  con  la  glicerina,  con  el  azúcar  y  con 
todas  las  infusiones  vegetales. 

Debe   disolverse  en  agua  destilada  ó  en  agua  muy  pura. 

Los  montañeses,  los  hacendados,  los  campesinos,  deben 
estar  provistos  de  un  estuche  qive  contenga  el  permanganato 
de  potasa  puro,  la  jeringuilla  de  inyección  hipodérmica  y  un 
frasco  muy  limpio  para  hacer  la  solución. 

En  el  Brasil,  el  país  de  la  América  en  donde  abundan  las 
cascabeles,  la  confianza  ha  ganado  los  espíritus  y  nadie  teme 
perder  la  vida  por  consecuencia  de  la  mordedura  de  los 
ofidios,  gracias  á  la  vulgarización  de  este  método. 

Ácido  crómico. 

La  Academia  de  Medicina  de  París  ha  concedido  el  pre- 
mio Orfila  al  Profesor  Kaufman  de  la  escuela  de  veterina- 
ria de  Alfort,  por  ima  solución  destinada  á  curar  las  mor- 
deduras de  las  víboras,  compuesta  de  una  parte  de  ácido 
crómico  disuelta  en  cien  partes  de  agua. 

Según  Mr.  Kaufman,  el  ácido  crómico  obra  tanto  sobre 
las  perturbaciones  locales  como  sobre  las  generales ;  atenúa 
unas  y  otras,  y  no  ofrece  inconvenientes  para  las  inyeccio- 
nes. La  solución  recomendada  es  de  uno  por  ciento  de  agua 
pura.  Es  preciso  inyectarla  en  el  punto  de  inoculación  del 
veneno.  Precipita  á  éste,  de  modo  que  su  acción  es  tanto 
más  fuerte,  cuanto  la  inyección  se  practica  con  mayor  rapi- 
dez después  de  la  mordedura. 


%  LOS  OFIDIOS   \  ENENOSOS 

El  ácido  crómico,  muy  soluble  en  el  agua,  es  incompati- 
ble con  el  alcohol  y  las  sustancias  orgánicas. 

El  cloruro  de  oro  y  el  cloruro  de  cal. 

El  Dr.  Albert  Calmette,  médico  Director  del  Instituto  Bacte- 
riológico de  Saígon,  ha  presentado  á  la  Academia  de  Medi- 
cina de  París  un  trabajo  intitulado  «  Estudio  experimenta [ 
del  veneno  de  ¡a  JSaja  tripudiano.  Cobra  capelo  ó  Culebra  de  ca- 
pucho y  exposición  de  un  método  para  neutralizar  este 
veneno  en  el  organismo.  »    • 

Mr.  Calmette  tuvo  la  fortuna  de  recibir  un  barril  que  con- 
tenía diez  y  siete  de  estos  peligrosos  reptiles,  de  los  cuales 
llegaron  catorce  vivos. 

Sacrificó  once  para  extraer  de  las  glándulas  el  veneno  que 
le  ha  servido  en  sus  experimentos. 

Todos  los  animales  inyectados  con  el  veneno  murieron. 

Después  de  varias  experiencias  llegó  á  esta  conclu- 
sión : 

«  Que  el  cloruro  de  oro,  introducido  en  suficiente  cantidad 
en  los  tejidos  de  un  animal  inoculado  con  una  dosis  mortal 
de  veneno  de  la  cobra,  aun  fuera  de  los  puntos  de  inocula- 
ción del  veneno,  impide  la  intoxicación  del  animal,  con  tal 
de  que  se  intervenga  antes  de  que  los  síntomas  de  asfixia 
bulbar  se  hayan  manifestado.  » 

La  solución  que  se  emplea  es  de  uno  de  cloruro  de  oro 
puro  por  ciento  de  agua. 

El  mismo  doctor  Calmette  ha  preconizado  con  experiencias 
posteriores  las  inyecciones  de  cloruro  de  cal  anhidro  como 
antídoto  del  veneno  de  las  serpientes.  Una  parte  de  cloruro 
de  cal  seco  en  peso  debe  disolverse  en  once  partes  de  agua 
hervida,  la  solución  química  se  hará  hasta  el  momento  en 
que  haya  de  emplearse,  y  las  inyecciones  subcutáneas  deben 


DEL  CAUCA.  97 

hacerse  en  la  proximidad  do  la  herida  y  tamhién  hajo  la  piel 
del  abdomen. 


El  nitrato  de  estricnina. 

* 

Señalamos  el  uso  de  la  estrimina  como  contraveneno  en 
las  mordeduras  de  las  serpientes. 

Solución  de  una  parte  de  estricnina  (nitrato)  en  doscien- 
tas cuarenta  partes  de  agua,  mezclada  con  un  poco  de  glice- 
rina,  ha  sido  empleada  con  buen  éxito  por  el  Dr.  Müeller 
de  Australia.  La  solución  se  infecta  hipodérmicamente,  á 
intervalos  de  10  á  20  minutos,  según  la  gravedad  del  caso. 
La  cantidad  empleada  en  cada  inyección  es  de  unas  veinte 
gotas.  Los  dos  venenos  parece  que  se  descomponen  mutua- 
mente, con  el  resultado  de  que  ambos  se  neutralizan.  Des- 
pués de  varias  inyecciones,  cuando  ya  todo  el  veneno  de  la 
culebra  está  neutralizado,  los  efectos  de  la  estricnina  em- 
piezan á  manifestarse  con  espasmos,  y  entonces  debe  sus- 
penderse el  tratamiento.  En  cien  casos,  de  mordedura  de 
culebra,  el  Dr.  Müeller  salvó  noventa  y  nueve  personas,  y 
una  murió  por  falta  de  cuidado.  (Del  Pensamienio  contem- 
poráneo de  New  York.) 

Este  método  tiene  el  defecto  de  exponer  el  paciente  á  un 
nuevo  envenenamiento  por  la  estricnina,  si  la  curación  no 
es  dirigida  por  manos  muy  hábiles. 


CAPITULO  VIH, 


Tratamiento  de  los  accidentes  producidos  por  mordedura  de  los  ofidios 
venenosos.  —  Medios  locales.  —  La  ligadura.  —  La  succión.  —  Las 
ventosas.  —  Las  incisiones  y  la  cauterización.  —  Medios  generales.  — 
Las  inyecciones  hipodérmicas  y  las  pociones  estimulantes. 


Conocidos  los  métodos  y  las  sustancias  que  pueden  em- 
plearse contra  mordeduras  de  víboras,  el  médico  puede  en 
un  caso  especial  establecer  su  sistema  de  curación  con  pro- 
babilidad de  buen  éxito,  sin  más  que  atender  a  las  indica- 
ciones  racionales,  segiin  los  accidentes  que  deba  combatir, 

1"  Debe  oponerse  á  la  absorción  del  veneno  en  el  torrente 
circulatorio. 

2"  Debe  combatir  los  efectos  del  veneno  absorbido. 

Para  esto,  dispone  de  medios  locales  y  de  medios  gene- 
rales, que  obrarán  segi'm  el  momento  en  que  tenga  que 
intervenir. 

Medios  locales. 

La  ligadura  tiene  por  objeto  impedir  la  absorción  del 
veneno  por  el  torrente  circulatorio.  Debe  hacerse  inmedia- 
tamente después  de  la  mordedura  y  lo  más  cerca  posible 
arriba  del  punto  herido.  Un  pañuelo,  una  corbata,  una  tira 
de  vestido,  un  cordón,  un  bejuco  flexible,  pueden  servirnos 
por  el  momento.  La  constricción  debe  ser  bastante  fuerte 
para  impedir  la  circulación  de  la  sangre  hacia  arriba  del 
miembro  ofendido,  pero  no  tan  estrecha  ni  tan  prolongada 


LOS  OFIDIOS  VENENOSOS  DEL  CAUCA.  99 

que  pueda  ocasionar  la  gangrena.  En  Popayán  sucedió  que 
un  individuo  mordido  por  una  víbora  se  lig()  tan  fuerte- 
mente la  pierna  que  cuando  llamaron  á  los  médicos,  ya 
estaba  aquélla  gangrenada  y  bubo  necesidad  de  ampu- 
tarla. 

Un  medio  de  bacer  una  ligadura  sin  peligro,  consiste  en 
atar  con  un  pañuelo  en  forma  de  vendaje,  y  sobre  éste  poner 
otra  ligadura  con  un  cordón.  Se  pasa  entre  el  cordón  y  el 
vendaje  un  bastoncito  que  se  llama  tormento,  al  cual  se  le 
hacen  dar  vueltas  para  apretar  el  cordón  con  la  fuerza  de 
constricción  conveniente. 

La  succión.  Se  ha  aconsejado  extraer  el  veneno  por  medio 
de  la  aspiración  con  la  boca.  El  recurso  es  peligroso,  porque 
si  hubiese  alguna  excoriación  en  la  lengua  ó  en  las  encías, 
tendríamos  dos  enfermos  en  vez  de  uno.  En  circunstancias 
excepcionales  puede  emplearse  con  buen  éxito. 

Las  ventosas  secas.  Es  mejor  cuando  se  pueda  hacer  el 
vacío  sobre  la  herida,  emplear  la  bomba  de  ventosas  para 
extraer  la  sangre,  y  por  ella  parte  del  veneno  inoculado,  ó 
el  todo.  Un  vaso  de  vidrio  ó  una  copa,  un  poco  de  algodón  ó 
de  alcohol  y  unas  cerillas,  bastan  para  proporcionarse  el 
.  aparato  de  las  ventosas  en  cualquiera  cabana. 

Las  liNCisioNES  de  los  tejidos  exigen  una  mano  hábil  para 
ser  aplicadas  con  exactitud,  según  la  región  del  cuerpo  en 
donde  se  hayan  introducido  los  colmillos  de  la  serpiente, 
los  que  á  veces  penetran  hasta  dos  ó  tres  centímetros  de 
profundidad,  y  entonces  al  practicar  la  incisión  se  corre  el 
riesgo  de  cortar  una  arteria,  una  vena,  un  nervio  ó  cual- 
quiera otro  órgano  importante  para  la  vida.  Las  incisiones 
deben  hacerse  en  el  sentido  de  la  penetración  de  los  col- 
millos, y  tan  profundamente  como  ellos  hayan  entrado. 

Las  incisiones  tienen  por  objeto  dar  amplia  salida  á  la 


100  LOS  OFIDIOS  VENENOSOS 

sangre  y  al  veneno,  y  poder  lavar  con  el  agua  las  superfi- 
cies ó  cauterizarlas  libremente. 

La  cauterización.  Como  no  hay  seguridad  de  la  expul- 
sión de  todo  el  veneno  después  de  las  incisiones  y  de  los 
grandes  lavados,  debe  procurarse  desorganizarlo  por  medio 
del  fuego. 

Siempre  que  sea  posible  aplicar  inmediatamente  sobre  la 
herida  abierta  en  el  trayecto  recorrido  por  el  colmillo  vene- 
noso un  metal  incandescente,  como  una  llave,  un  clavo,  un 
alambre  calentado  al  rojo,  debe  practicarse  la  cauterización 
para  desorganizar  el  veneno.  Esta  operación,  lo  mismo  que 
la  de  las  incisiones,  debe  hacerla  un  médico  ó  una  persona 
entendida,  para  evitar  lesión  en  órganos  importantes.  La 
pólvora,  el  lacre  y  el  carbón  encendido  no  garantizan  una 
cauterización  profunda. 

Medios  generales. 

Las  inyecciones  hipodérmicas  y  las  pociones  estimulantes 
de  que  hemos  tratado  en  los  métodos  empíricos  y  racionales, 
constituyen  los  medios  comunes  de  que  podemos  servirnos 
para  combatir  el  envenenamiento  por  mordeduras  de  ofidios. 

En  resumen  :  si  un  médico  ó  persona  inteligente  fuere 
llamado  en  el  acto  de  la  mordedura  de  un  ofidio,  debe  proce- 
der al  examen  de  la  herida,  para  ver  si  se  ha  quedado  en  los 
tejidos  el  colmillo  de  la  víbora,  como  sucede  en  ocasiones, 
y  extraerlo  con  unas  pinzas  ú  otro  instrumento  apropiado. 
Enseguida  ligará  ligeramente,  arriba  del  punto  herido,  y  sin 
pérdida  de  tiempo  hará  trasladar  al  paciente  á  la  casa  en 
donde  se  le  deba  asistir  con  más  recursos,  si  la  escena  pa- 
sare en  el  campo.  Caso  de  que  corra  cerca  algún  arroyo  y 
de  que  se  tenga  á  mano  un  bisturí  ó  cualquier  otro  instru- 
mento cortante,  adecuado,  se   harán  allí  mismo  inscisiones 


DEL  CAUCA.  101 

profundas  en  los  tejidos,  según  el  trayecto  recorrido  por  los 
colmillos  y  se  lavará  con  agua  corriente  y  repetidas  oca- 
siones la  herida  ;  de  modo  que  salga  disuelto  en  el  agua  todo 
el  veneno  inoculado,  ó  la  mayor  parte  de  él.  Si  la  ocasión 
fuere  propicia,  éste  será  el  momento  de  las  cauterizaciones 
con  el  zumo  de  limón  ó  con  el  hierro  candente. 

Cuando  el  médico  lleve  consigo  el  estuche  con  la  jeringa 
hipodérmica  y  el  permanganato  de  potasa,  el  ácido  crómico 
ó  el  cloruro  de  oro,  hará  la  disolución,  al  uno  por  ciento  en 
el  agua  pura  é  inyectará  sobre  la  herida  y  al  rededor  de  los 
tejidos  envenenados,  una  ó  más  jeringadas  de  las  jeringuillas 
de  Pravaz,  con  intervalos  de  diez  á  veinte  minutos,  según  los 
síntomas  que  observare. 

Simultáneamente  y  como  tratamiento  general,  debe  darse 
una  copa  de  tintura  de  cmielóii  de  Telembí,  ó  el  zumo  de 
piperomia^  ó  de  Zaragoza  en  aguardiente,  ó  la  curar'ina^  á 
intervalos  regulares. 

Pero  sucede  con  frecuencia  que  cuando  el  médico  ocurre 
aliado  del  enfermo,  ya  han  pasado  muchas  horas  después  del 
momento  de  la  inoculación.  Sin  embargo,  cuando  el  veneno 
no  se  introduce  directamente  en  una  vena,  basta  la  ligadura 
para  detener  los  efectos  de  la  absorción,  después  de  dos  ó 
más  horas. 

En  estos  casos  se  harán  las  inyecciones  hipodérmicas  con 
las  disoluciones  de  cloruro  de  oro,  de  ácido  crómico,  ó  de 
permanganato  de  potasa,  en  varios  puntos  del  miembro 
ofendido.  Se  propinarán  las  pociones  estimulantes  :  el 
canelón^  Xticurariiia^  \a  piperomia,  las  uiisloloquias,  el  brandy^ 
el  aguardiente^  el  amoníaco^  conforme  á  las  indicaciones 
hechas  en  el  estudio  de  cada  una  de  estas  sustancias. 

Deben  aplicarse  cataplasmas  compuestas  con  la  mismas 
plantas  ó  hierbas  aromáticas,  y  lociones  antipútridas,  con 
alcanfor,  ácido  bórico,  salol,  fenol,  etc. 


102  LOS  OFIDIOS  VENENOSOS  DEL  CAUCA. 

Cuando  se  haya  salvado  la  vida  de  los  accidentes  agudos 
del  envenenamiento,  el  médico  se  valdrá  de  la  terapéutica 
normal,  para  combatir  la  anemia  y  la  postración  consecu- 
tiva de  las  fuerzas.  Las  preparaciones  ferruginosas,  la  medi- 
cación tónica  y  reconstituyente  acabarán  el  tratamiento. 


FJN. 


DATE  DUE 

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HIGHSMITH  #4 

5230 

Prinled 
InUSA 

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